Los verdaderos responsables de la crisis de cubanos en Centroamérica

Este artículo es de hace 4 años

El pasado viernes el gobierno costarricense decidió otorgar una visa excepcional de tránsito a los cerca de dos mil cubanos que se habían quedado detenidos en su frontera, en espera de poder continuar camino a los Estados Unidos.

La medida, que les conferió estatus para permanecer legalmente en el país centroamericano durante siete días, devino detonante de una situación tensa entre Costa Rica y Nicaragua por el control de las fronteras y ha venido a poner bajo la lupa las condiciones de la migración cubana y la desesperación de cientos de sus ciudadanos que, sin importarles riesgos ni consecuencias, se lanzan a la deriva para dejar atrás un vida en la Isla de desesperanza y asfixia.

La situación, agravada y mucho más visible por la gran cantidad de cubanos implicados en esta ocasión, no es ni nueva ni mucho menos inesperada, ni de causas tan simples y externas a la realidad cubana como los medios oficiales cubanos -que hasta ayer habían permanecido callados- quieren hacer ver, al culpabilizar exclusivamente a los Estados Unidos con su ley pies secos/pies mojados.

Las causas, en cambio, son mucho más complejas: por una parte, están, en efecto, las facilidades que confiere Ecuador para entrar a su territorio, pues desde el año 2014 derogó el requisito de la carta de invitación para que los cubanos reciban visado. Esto ha convertido en este país en una cómoda y legal puerta de entrada en América de los muchos cubanos que quieren abandonar la Isla. Por otro, están los tan repetidos temores en la comunidad cubana a la pérdida de beneficios migratorios que poseen en Estados Unidos, motivados no solo por el restablecimiento de las relaciones entre el país del norte y su vecino caribeño, sino por los anuncios por parte de algunos congresistas de que querer derogar la Ley de Ajuste Cubano, implantada desde 1966.

Sin embargo, lo más importante y a lo que no refieren los medios cubanos, es la propia situación interna en Cuba que motiva que cada vez sean más los cubanos que, con independencia casi de su edad, procedencia, ingresos o creencias, se lancen a inseguras travesías, por medios muchas veces no legalmente establecidos y paguen los altos costes -monetarios y vitales- para conseguir el sueño de reemprender una vida en territorio norteamericano (pero no solo).

La nota oficial del Minrex sobre esta crisis casi humanitaria y migratoria, si bien sorprende por lo inusual de este tipo de noticias en la prensa oficial, no deja de ser una inevitable respuesta ante la gran acogida de los sucesos por medios internacionales y un -como siempre- tímido y burlesco acercamiento a un problema que separa familias, divide la sociedad y acaba con la vida de cientos de cubanos.

El ofrecimiento de reacogida para aquellos que hubieran salido legalmente del país, bondadoso ante ojos foráneos pero indolente e irrespetuoso para los locales y los propios implicados, se desentiende una vez más de los verdaderos causantes de situaciones como estas, que tristemente no cesarán si los anunciados barcos trasladan al destino a los cerca de dos mil cubanos varados en Centroamérica, ni si se deroga la ley de Ajuste Cubano.

Aparecerán nuevas rutas, se asumirán nuevos riesgos, se pagarán nuevos costes, se seguirán perdiendo vidas y se seguirá escindiendo la familia cubana porque, mientras los cubanos en la isla no sientan su tierra como el sitio idóneo para construir una vida estable y con condiciones de confort decorosas, mientras no sientan esperanza y confianza en el futuro si deciden quedarse a vivir en ella, noticias como estas no cesarán.

(Imagen tomada de Internet)

Este artículo es de hace 4 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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