La labor de los médicos cubanos que combatieron el Ébola no se olvida

Este artículo es de hace 4 años

Resurge el Ébola en Liberia y con él la huella que dejaron cientos de médicos cubanos en su batalla contra este mal en África, a dicha experiencia se refirió el doctor que dirigió la mayor brigada cubana en ese continente, en entrevista al diario europeo Público.

Cuando la ONU solicitó la ayuda de Cuba y de otros Estados “yo dirigí una brigada de 165 colaboradores en Sierra Leona. El promedio de edad era de 47 años y muchos ya tenían experiencias anteriores, por lo que la asumimos sabiendo que era un riesgo”, recordó Jorge Delgado, veterano cooperante internacional en Nicaragua, Zimbaue, Sudáfrica, Guatemala, Honduras, Haití, Angola y otros países,

“Nosotros éramos conscientes de que si moríamos nuestros restos estarían cinco años sin poder regresar a Cuba. Todos firmamos ese acuerdo antes de partir y fue totalmente voluntario; el que no quiso ir a esta misión pudo rechazarla y seguir en lo que estaba, incluso yendo para otra misión. Tuvimos miles de voluntarios para cubrir las 256 plazas”.

El médico afirmó que no faltaba el sentimiento de altruismo, pues los galenos que voluntariamente se ofrecieron a combatir el ébola no cobraron un salario por ello.

“Lo hicimos por altruismo, nosotros solo recibíamos un estipendio pero no había salario. Nuestro ministro dijo en la reunión con la ONU que esta sería una misión solidaria en la que Cuba solo recibiría un estipendio para cubrir alojamiento y alimentación”.

Asimismo, se refirió a las pérdidas de profesionales de la salud en el continente africano, tal fue el caso de  “Jorge Juan Guerra, economista, quien adquirió una malaria cerebral que lo mató en tres días; y Reinaldo Villafranca, enfermero, que también hizo una malaria fulminante. Fue muy triste y doloroso”, confesó.

El otro caso fue el de Félix Báez, quien contrajo el virus del ébola por sobreexceder la atención a sus pacientes. Báez, al parecer, estuvo dos horas seguidas ayudando a los enfermos y se fue debilitando.

“Cuando usted se pone todo el equipo de protección, la escafandra, es para trabajar máximo una hora y, en ese tiempo, pierde un litro de líquido corporal. Había una temperatura de 32 o 34 grados. Trabajábamos una hora y descansábamos un rato”, explicó Delgado.

“En las zonas rojas entrabamos siempre dos o tres cubanos juntos para poder sacar a quien se sintiese mal. Al ponerse el equipo había que tener cuidado de no dejar hendija por donde el virus pueda pasar, pero lo más difícil era quitarse todo eso después de estar tocando a los pacientes, manejando, bañando, alimentando, atendiendo, limpiando sus excretas y su sangre. Había que ser muy meticuloso para sacarse el equipo. Primero te bañaban en cloro y después se va quitando todo muy despacio. Llevábamos tres pares de guantes, estábamos forrados. Uno de nosotros miraba e iba recordándote cada paso, aunque lo hubieras hecho cincuenta veces”.

Tras varios meses de trabajo en África, la brigada médica cubana logró salvar la vida de 381 personas contagiadas por el virus del ébola y miles más murieron siendo atendidos como seres humanos. Junto a varias ONG de Europa y EEUU, los cubanos lograron frenar la propagación de la epidemia, apuntó el Público.

Este artículo es de hace 4 años

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