¿Por qué Ciego de Ávila no logra ganar en la Serie del Caribe?

Este artículo es de hace 4 años

Ciego de Ávila sufrió su tercera derrota consecutiva, esta vez 1-3 con los Tigres de Aragua, y sin ninguna victoria de su lado, ya tienen medio cuerpo afuera de la semifinal de la Serie del Caribe.

Aunque los cubanos volvieron a batear poco, jugaron como principiantes a la defensa y volvió a fallar el picheo abridor, fue este el juego en el que más cerca han estado de la victoria, gracias al trabajo del relevista Livan Moinello, que logró contener a los venezolanos.

En general el picheo estuvo mejor que en las dos jornadas anteriores, en las que soportó 21 carreras y regaló 16 boletos, trabajo desastroso que ha estado muy por debajo de lo que pueden hacer nuestros lanzadores y de su calidad.

También por debajo de sus posibilidades estuvo otra vez el bateo, así como la defensa, por lo que la asignatura pendiente de la pelota cubana sigue colocándose en un terreno extradeportivo.

Tiene que ver, como ha pasado ya tantas veces, con los nerviosismos y las presiones con que llegan los jugadores a los torneos internacionales, luego de que son abanderados por funcionarios triunfalistas, atormentados con metas burocráticas de retener medallas de oro y apremiados por sus propios deseos de lucir bien ante los ojos de los cazatalentos y ante esos mismos funcionarios que conforman los equipos internacionales, sobre la base de actuaciones precedentes en el exterior.

Y lo más grave es que la presión y el nerviosismo limitan no solo a los peloteros, sino que empobrecen el trabajo de la direcciones de los equipos, que pretenden ganar los juegos, o al menos amortiguar los desbalances de carreraje, con cambios frenéticos e injustificados de lanzadores y bateadores, buscando el batazo mágico o el brazo heroico que contrarreste el pésimo accionar de peloteros de probada calidad.

En un buen equipo de pelota, cuando todos lo hacen mal, o la mayoría, el problema no está en los jugadores. Se les puede cambiar por otros mejores o iguales y el resultado será el mismo.

Los cubanos que juegan con Venezuela o con México no son mejores que los que juegan con Ciego de Ávila, y sin embargo lo hacen bien. Entonces, el problema no está en los jugadores, sino en la cabeza de los jugadores.

Y el mejor ejemplo de eso ocurrió el año pasado. Pinar del Río, como Villa Clara en 2014 y Ciego ahora, comenzó jugando mal y perdiendo sus primeros partidos. Solo lograron una victoria en la clasificatoria. Sin embargo, Pinar pudo ganar, incluso con relativa facilidad, en la semifinal y la final, pues hombre por hombre, tenían un mejor equipo que los restantes conjuntos.

Esta vez no es diferente. Incluso este Ciego es mejor que aquel Pinar, y sus derrotas han sido más abultadas, y su juego peor, sin que los contrarios sean mejores que el año pasado.

Lo triste de esto es que Ciego puede ganar mañana contra República Dominicana, clasificar sin saber cómo para la semifinal y ganar la Serie del Caribe, como mismo pasó el año pasado.

Y seguiremos sin poder explicarnos bien por qué nuestros peloteros se desploman al principio y ganan al final.

Mucho peor será si Ciego pierde mañana y no clasifica, pues entonces culparemos a nuestra Serie Nacional, la cambiaremos por enésima vez, y el año que viene seremos de nuevo representados por un campeón nacional que llegará amedrentado y presionado a la Serie del Caribe, con jugadores iguales o mejores, nos harán sufrir mientras los vemos perder los primeros juegos, clasificarán sin saber cómo a la semifinal y ganarán el torneo, o no clasificarán y cambiaremos de nuevo la Serie Nacional, para ver si por una vez nuestro pobre torneo casero se porta a la altura de nuestro espíritu triunfalista y de nuestras ganas ciegas de ganar cualquier torneo internacional.

Este artículo es de hace 4 años

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