Vuelve a temblar la tierra en el oriente de Cuba

Este artículo es de hace 4 años

Reporta desde Santiago de Cuba el periodista Cuscó Tarradell

Todo era imperceptible hasta hoy cuando la tierra quiso hacer eco de su liberación de energía, que hasta el día 26 de enero había sido más callada que anónima. El noticiero de hoy leerá su nota oficial y fría: "La red de estaciones del Servicio Sismológico Nacional Cubano registró un sismo perceptible a las 3:43 pm de este viernes 5 de febrero, localizado en las coordenadas 19.60 de latitud norte y los -75.56 de longitud oeste, a 54 kilómetros al sureste de Santiago de Cuba, con una profundidad de 32 kilómetros y una magnitud de 3.3 en la escala Richter. Hasta el momento de emitir este boletín informativo se han recibido reportes de perceptibilidad en las ciudades de Santiago de Cuba y Guantánamo".

Por eso prefiero aclarar los puntos del reporte oficial. El temblor tuvo su epicentro en la Zona de Baconao, lejos del enjambre de terremotos que comenzó el 17 de enero, cercano a Playa Mar Verde. La mar pasa ante la vista serena en esa localidad, inmutable ante poca vibración. Cerca de Caletón Blanco, Consejo Popular Mar Verde, se registraron hoy 12 temblores no percibidos por los pobladores. Los sismógrafos cuentan la verdad.

Dentro de los perceptibles del año en curso, este lleva el número 40 desde la mencionada fecha. En 2015 apenas se registraron 17 sismos sentidos por la población en toda Cuba.

Ahora vuelve la inquietante pregunta, la de todas las horas a cada paso de un santiaguero diligente: ¿ocurrirá un terremoto de gran intensidad? Nadie lo sabe, imposible descifrar qué pasa a más de 6 mil 500 metros de profundidad en el lecho marino. Cada año las placas tectónicas se estiran un 1 cm, al ritmo del crecimiento de una uña. Hace más de 84 primaveras, desde febrero de 1932, a Santiago no le toca un sismo superior a los 6.5 de magnitud. Multiplique esa cifra de años por un centímetro y sabrá entonces cuán copiosa es la deformación acumulada. La alarma sigue encendida. tantas estiradas podrían desatar la furia de la naturaleza. Los elásticos revientan; los hombres, deben saber las consecuencias de ese latigazo. Lo prudente es fortalecer la conciencia humana y alertar a los sentidos hacia los rincones de la preservación...

Cuscó Tarradell.

Este artículo es de hace 4 años

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