El dolor de ser y ya no ser

Esta noticia es de hace 4 años

Francys Romero. 9 de febrero, 2016

LA HABANA. La noche que Peyton Manning ganó su segundo anillo, los hermanos Gourriel cambiaron la ilusión por la realidad. Ellos fueron directamente hacia donde ya nadie confiaba que irían. Los hijos del héroe de Parma, por ahora, serán los anti-héroes de la historia, y si en algún momento, papa Gourriel los convenció de desistir ahora no pudo. Nadie puede detener las olas, solo puedes surfear sobre ellas.

El sueño postergado de la generación del padre no podía ser el sueño postergado de la generación de los hijos. Ahora la quimera viene multiplicada en dos apellidos.

La emigración sigue lloviendo para Cuba y nuestro equipo/estrellas/prospectos ahora ya no pueden esperar a que dos países concuerden en sus políticas deportivas y económicas.

“Cada cual tiene su pensamiento y es capaz de pensar y tomar decisiones cuando lo desea. A lo mejor esto nunca pasó por sus cabezas y todo fue de un mes para acá. Aquí todo sabemos cómo está el nivel del béisbol en Cuba y cada día va decayendo pero por posibilidades económicas no es” me dijo un pelotero de Industriales que compartía vestuario con ambos.

Algunos habrán quedado sordos, atónitos, incrédulos y rencorosos. Otros pensarán que los Gourriel son desagradecidos. Que quedaron en deuda ante las oportunidades que recibieron. Aquí da igual como se interpreten las perspectivas. Si algo se puede sacar de todo este espejismo que ahora mismo supera a la Federación Cubana de Béisbol (FCB), INDER y movimiento deportivo cubano, es que el ser humano tiene derecho a trascender y buscar sus sueños pues la vida precisamente es finita y no infinita.

Infinitos son los astros, el cosmos y las estrellas. Esas que brillan después de muertas.

Aquí se puso de manifiesto la máxima que un día expresara Gandhi: “Vive como si fueras a morir mañana y aprende como si fueras a vivir siempre”. Yulieski Gourriel no podía esperar a Godot eternamente.

El viaje sentimental de Sancti Spíritus-Habana-MLB fue aumentando cada vez más el dolor del fan, mientras arribaban cada puerto y superaban cada destino. “A qué pelotero no le gustaría jugar en la Gran Carpa” me dijo Lourdes Jr. en octubre cuando lo entrevisté para Progreso Semanal.

Uno es el talento más grande listo para llegar a la MLB. Otro es el mejor talento aún no listo para llegar a MLB. Ambos nunca ganaron con sus equipos en Series Nacionales. Los fantasmas siderales aún persiguen a Yulieski aquella tarde-noche del último out en Juegos Olímpicos.

Que nadie se sienta dolido. Ya existieron dolores antaño. Orlando Hernández, Jose Ariel Contreras (nuestro Maceo), Kendrys Morales, Alexei Ramírez o Antonio Pacheco. Son balas con pólvoras de dolor que uno piensa puede esquivar y finalmente terminan rozándote. Es un dolor que todos callan porque la bala siempre fue más rápida que la flecha.

Estoy seguro que existirá una época en el béisbol cubano luego de este 8 de febrero. Una etapa en el calendario post-Gourriel. Desde lo deportivo, es la pérdida de los íconos y las gigantografías. Desde lo político puede tratarse de una tragedia pues se ha degenerado nuestro emblema de la victoria. El símbolo del héroe de Parma saltando a través de la primera base cuando derrotábamos a los americanos en voz de Héctor Rodriguez.

En un final imperfecto, los Gourriel cumplieron con el país y el país con ellos. Pero no todas las cuentas están claras. En este momento, unos saldrán más remunerados (los agentes del presente) y otros menos (los entrenadores del pasado). En un guión realista y serio, sí se sabe cuál es la parte más dañada.

En la biblioteca de la emigración desde 1959 hasta la fecha, tal vez, no se encuentre un ejemplo más doloroso de ruptura entre un beisbolista y el béisbol cubano. Hay dolores que el tiempo no cura, en la era de los cheques millonarios.

En la nostalgia de lo que pudo haber sido, se incluye el sueño de lo que ya será.

Foto de portada: Julio Batista.

Tomado de Progreso Semanal

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