Héctor Quintero nunca se arrepintió de hacer reír al pueblo

Este artículo es de hace 4 años

Con el testimonio directo tomado mediante larga entrevista, Héctor Quintero: un comediógrafo sin arrepentimientos, el libro de Carlos Espinosa, retrata de cuerpo entero a uno de los más populares autores y directores de teatro cubanos.

Según asegura el crítico teatral Omar Valiño, “con la lengua suelta y al final de su vida, el autor de Contigo pan y cebolla se vindica a sí mismo como dramaturgo y teatrista. No pocos salimos tocados por sus dardos, pero me alegra que Héctor defienda su coherencia hasta el final y tenga voz entre los libros de Ediciones Alarcos”.

Fallecido prematuramente, Héctor Quintero, en el nuevo libro que se le dedica, se defiende a sí mismo, o más bien su estética, convencido como estaba de que, al parecer, representaba el ejemplar único en tanto continuador del teatro cubano popular, musical y vernáculo.

Héctor alcanzó una intensa carrera en el teatro, la radio, la televisión y el cine, y trabajos como escritor, actor, director, productor, cantante, declamador, presentador de programas y narrador. En el libro que se le dedica, se alude, en líneas generales, al hecho de que logró insertarse en el florido relieve del teatro cubano con el estreno de Contigo pan y cebolla, en 1964. Y su más famosa obra fue seguida por otras también popularísimas, como El premio flaco (1966), la comedia musical Los siete pecados capitales (1968), para el Teatro Musical de La Habana, donde inició su carrera como director de escena. 

Su versión de Los cuentos del Decamerón (1969) lo llevó de regreso a Teatro Estudio con un exitazo de 300 representaciones. Luego, llegaron la comedia de tema contemporáneo Mambrú se fue a la guerra (1970), Si llueve te mojas como los demás (1972), y el espectáculo satírico-musical Algo muy serio (1976) que alcanzó la cifra récord de 52 mil espectadores en 112 representaciones.

Además, fueron titulares en el mundo teatral cubano, la comedia sentimental La última carta de la baraja (1978) y la versión musical de esta misma pieza, titulada El caballero de Pogollotti (1982), y el espectáculo musical Esto no tiene nombre (1980).

En cuanto al teatro dramático, su listado como autor-director se completa con el monólogo Sábado corto, escrito y estrenado en 1986; Te sigo esperando (1996) y El lugar ideal (1998).

La estudiosa del teatro cubano Rosa Ileana Boudet asegura en su blog (http://rosaile.blogspot.com)
que el libro Héctor Quintero: un comediógrafo sin arrepentimientos, presenta al entrevistado conversando sobre sus inicios, su concepto del teatro y las etapas de su trayectoria: «Al leerlo me parece escuchar su voz de locutor radial (esa que aparece tantas veces en el cine cubano). (…) Héctor está de cuerpo entero en su sentimentalismo y su verdad. “Me sentí un autor obsoleto”, dice con tristeza, ya que quien se sabía un “continuador de tradiciones”, vio la escena asaltada por tendencias a su juicio sectarias».

Así vivió y creó Héctor Quintero, ahora retratado en un libro imprescindible para entender el teatro cubano de los últimos cincuenta años.

Este artículo es de hace 4 años

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.