Obama & Pánfilo

Este artículo es de hace 4 años

La visita del Presidente de los Estados Unidos Barack Obama a la casa de Pánfilo, le ha dejado a los cubanos una triste y sana lección. La parte más triste, golpearía el corazón de los más puros, y estaría vinculada a un hecho ya perdido en la memoria de muchos de los cubanos: los primeros años “del proceso” cuando los barbudos y el pueblo se fundieron brevemente en abrazos interminables, con los pies, todos, puestos en la Tierra, en la necesidad imperiosa de construir una Cuba mejor. Juegos de pelota, presencia en los estadios, visitas a escuelas en el campo y partidos de baloncesto, comparecencias en la televisión. Así sucedió en los inicios. Luego, todo, se volvió humo. Nos perdimos. Llegó la oscuridad a los hogares y a las almas cubanas. 

Pero dejemos a un lado la tristeza y la nostalgia de los tiempos pasados y reflexionemos mirando el futuro. Pensemos… ¿qué sucedió en Cuba que los dirigentes se encartonaron, se volvieron casi que intocables, y comenzaron a mirar a los demás por encima del hombro? ¿Fue todo una estrategia? ¿Fue útil? ¿Nos funcionó? ¡En lo absoluto! Pero esa no ha sido la peor parte.  La peor parte del asunto, llegó esta mañana en forma de mensaje a mi buzón de correo.

Hace unos días me cuestionaba yo ¿por qué tenía que venir un Presidente extranjero a nuestra casa a “recuperarnos”, por la fuerza, lo que nosotros mismos nos habíamos dejado arrebatar? En esencia, este era el mensaje: ¿necesitamos que venga un extranjero a restregarnos a nosotros, los cubanos, la necesidad de un humor político? Hoy la persona aludida, una chica de apenas 20 y tantos años, periodista, me respondió.

“Creo que eso no entra dentro de nuestro patrones culturales, no de nuestros políticos, sino también de nuestra sociedad. Crecimos con una idea totalmente diferente de lo qué es la política y del papel que tiene el humor dentro de ella.”

¿En serio? ¿Cuándo fue que ocurrió esto? ¿Crecimos? ¿Crecimos quienes? ¿Cuál generación? 

Obama, “al prestarse para la broma” con Pánfilo, no sólo nos ha hecho reír (al que hizo reír) sino que además de devolvernos a nuestra historia de hace cincuenta y tantos años, ha puesto en evidencia  la falta de seriedad de un proceso que, queriendo ser serio en extremo, terminó ahogando en susceptibilidades a ingeniosos y poderosos guerrilleros, al frente de los departamentos, organismos y ministerios de la naciente revolución, cuyo clímax de intolerancia llegó la noche en que “obscuros personajes” que hasta la fecha no han sido aún identificados, dejaron a Héctor Zumbado, el látigo del humorismo en aquel entonces, en estado vegetativo. 

Obama nunca será digerido por algunos. Algunos le criticarán todo. Incluso, que hasta se haya metido en casa de Pánfilo. Hasta eso. No les bastará con que nos haya frotado en la cara un millón de deficiencias políticas y sociales. También le reprocharán haberse prestado para la guasanga, él, @Potus, el hombre más poderoso del mundo. 

Y ello preocupa. Preocupa por su sana compostura, por habernos torturado con su simpatía y con su terrenal “tabla” para permitirse una ola en el Latino, estrechar un poco de manos en la calle y comerse un plato de ropa vieja con tostones. Todo, absolutamente todo de Obama nos molesta. Hasta el humor dejado en casa de Pánfilo. Su charming busca jodernos, no ayudarnos.  Debemos decirle a él, que ha enderezado el rumbo de una nación que iba al abismo, que los jefes de estados no tienen ese carisma, ni pueden permitirse que cómicos – por muy pegados que estén en el rating – hagan burlas de su imagen y su política. No, porque no; porque en Cuba ya no es así, y nosotros SIEMPRE tenemos la razón. Porque somos lo que decía Jovanotti: l´ombelico dil mondo.

No es que haya que imitarlo. Ni a él ni al modelo que él representa. No se trata de eso. Se trata de no sacralizar tanto un uniforme verde olivo, o a un chino rozando los 70 años. Que una imagen como esta nos provoque imaginarnos a un dizque casi Dios aventándose un pedo en el Turquino, no demerita en nada a nadie. Los Cinco Héroes, Los Cinco Espías, o como usted desee llamarlos, se masturban, discuten, hacen bromas y se huelen las uñas del pie cuando se las recortan. Y hacen caca. 

Eso debe saberlo la muchacha que me escribió, ya que desconoce la existencia de un Arquimides Pous en el panteón del humor cubano. O que existió una Revista en la colonia llamada El Moro Muza, o que existió Zigzag, o que ahora existe – de nuevo - El Lumpen. El Bobo de Abela, muchacha(os) fue más fuerte en nuestra sociedad del siglo XX que diez petardos en el cine América. El Bobo no mató a nadie. Nadie se suicidó con El Bobo. Lo único que sucedió, que yo recuerdo, es que fuimos mejores cada día, y a cada día creímos con fiereza que era necesario un cambio en nuestro país. 

Del mensaje recibido, lo único que me preocupa es la peligrosa creencia de que algo no existió y que tampoco nos es propio. Nuestro y único.

El choteo, la política cómica son tan cubanos como el cha-cha-chá y el danzón. Espero que en el 2060 nadie me los quite, y que no tenga que venir un sucesor de Obama a enseñarme a bailarlos.

Este artículo es de hace 4 años

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