El egoísmo histórico de la “Revolución” por Eliécer Ávila

Este artículo es de hace 4 años

Después del papelazo de Raúl y de las clases magistrales que dio Obama en los distintos eventos que realizó durante su visita a Cuba, todo el aparato propagandístico del gobierno se ha empleado a fondo para borrar de la memoria de los cubanos lo que pudimos ver y escuchar.

A la movilización ideológica hoy se suma su arquitecto natural. El Fidel que estuvo callado durante estas semanas se despierta para apoyar moralmente a la tropa que ya está hace rato disparando balas de salva y bengalas demagógicas, más para hacer ruido que para intentar convencer.

Fidel recalca una idea que es absolutamente coherente con su particular escuela filosófica: La historia de Cuba es y será la historia de la Revolución, y la historia de la revolución es él. No hay forma alguna de que pueda habitar en su mente la concepción de que los cubanos escriban páginas nuevas, con otros hechos y protagonistas ajenos a su tiempo y su doctrina de pensamiento.

Cualquier vaga referencia al futuro se revela para él y para los suyos como la continuación, perfeccionamiento, o preservación de su propio proyecto original. Por más de 50 años todo lo que nuestros artistas, deportistas o científicos han logrado, se le ha atribuido a él por ser el que inauguró, pensó o vislumbró la escuela, el laboratorio o el terreno de entrenamiento donde se gestó el triunfo. Como si alguien más pudiera fundar, inaugurar o pensar algo.

Hoy, una cuarta generación de cubanos nacidos después del 59 desea, necesita y merece construir una sociedad acorde a sus tiempos.  Pero siguen siendo los de antes, los de siempre, los eternos, los que imponen su visión acerca de “cuando, cómo y bajo qué principios se irá construyendo esa sociedad”.

Para mantener ese dominio, han comprado cómplices, cortado lenguas y encerrado sueños. Estos métodos también se los debemos al gran arquitecto. El mismo que hoy nos dice que “no necesitamos nada del imperio” y que “somos capaces de producir alimentos suficientes”, parece que es él quien obvia la historia o no ha vivido la misma que nosotros. Y es que de los EEUU ha estado viviendo la familia cubana hace décadas y los alimentos (salvo cuando venían de la teta soviética) siempre han sido un problema.

Fidel sale en defensa de los que quieren seguir viviendo de los favores del estado y del Partido que a su vez son propiedades personales suyas y de su familia. Esos a los que se le paran los pelos si oyen hablar de esfuerzo propio y derechos individuales. Nada es mejor que aprovecharse del esfuerzo de todos.

Los medios han resaltado en estos días la personalidad de Fidel, sus discursos, sus capacidades retóricas y actorales. Esto responde a la necesidad urgente de cubrir el vacío y el mal sabor que dejó Raúl. No obstante es claro que existe una diferencia importante de visiones incluso entre ambos hermanos. Pareciera que Fidel regaña a Raúl con un: “viste compadre, te lo dije, ese acercamiento al imperio no nos iba a traer nada bueno”…

Lo cierto es que la posición de Fidel es predecible, la del Partido y de sus voceros también lo es. Lo que está por ver es si esa masa de emprendedores que quieren salir adelante y estandarizarse con el mundo moderno, así como los trabajadores, artistas, intelectuales, estudiantes etc.. van a expresarse claramente y a defender su legítimo derecho a dejar su propia huella en la historia de Cuba.

Eliécer Ávila

Presidente del Movimiento Somos+

Este artículo es de hace 4 años

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