Reportaje denuncia pésimas condiciones del “Combinado” de Guantánamo

Este artículo es de hace 4 años

Un reportaje del canal Palenque Visión ha llamado la atención sobre las condiciones en que viven los presos de la cárcel provincial de Guantánamo, conocida como Combinado.

Según testimonios de algunos ex-reos, las pésimas condiciones que padecen han llevado a muchos de ellos a autolesionarse o intentar suicidarse, para poner así  fin a una realidad que los supera. Inyecciones de petróleo, heridas con objetos cortantes, ingerir salfumán o ahorcarse son algunos de los desesperados intentos por salir dell calvario que relatan.

La enfermería, según comentan, carece igualmente de condiciones y recursos para dar una asistencia adecuada. Deficiente alimentación, corrupción, tráfico de drogas, venta de alcohol o intercambio por tabaco, son parte integrante de una cotidianidad que dificulta la convivencia e incide, inevitable y negativamente, en una correcta labor de rehabilitación de los prisioneros.

De acuerdo con el reportaje, en octubre del 2008 la institución penitenciara fue ampliada con un área especial de 24 celdas, considerada por muchos de los ex-convictos como un infierno, difícilmente identificable como espacio para la rehabilitación social.

La zona, conocida como Tiburón Blanco, se destina usualmente tanto para reclusos condenados a cadena perpetua, como para aquellos que hubieran rehusado acogerse a los programas de rehabilitación o hubieran cometido delitos de notable gravedad.

Las celdas, de acuerdo con el reportaje, no exceden los tres metros de largo por uno de ancho y las camas son de cemento empotradas en el suelo. El tiempo de permanencia -para aquellos que no hubieran sido condenados a cadena perpetua- suele ser, en palabras de los entrevistados, unos tres años.

Las condiciones climáticas de la zona, por su parte, acentúan lo infernal del recinto, pues la humedad y las altas temperaturas durante casi todo el año hacen aún más insoportable la vida en la institución que, según puede verse por los testimonios de quienes conocieron sus instalaciones, entorpece no solo la vida de los prisioneros y daña su salud mental sino que se aleja de las -ya para muchos cuestionables- funciones de corrección para ulterior reinserción social de un centro de esta naturaleza.

Este artículo es de hace 4 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.