Improvisadas señales de tráfico conquistan La Habana

En muchas barriadas habaneras, ante la ausencia de señales que indiquen a los conductores la obligatoria de la marcha, los ciudadanos se han puesto a la tarea de sustituir las estandarizadas y oficiales señales de 'Pare' por otras de elaboración casera.


Este artículo es de hace 5 años

Según cifras oficiales, el pasado año 2015 cada 47 minutos ocurrió un accidente de tráfico en Cuba y, cada 11 horas, una persona perdió la vida a causa de un suceso en las carreteras cubanas.

Los factores son muchos y sobradamente conocidos aunque, tristemente, no óptima ni eficazmente atendidos: mal estado de las carreteras, problemas técnicos de los vehículos que circulan -muchos con varias décadas a su haber y pésimos mantenimiento y estado de conservación-, presencia de animales en arterias no urbanas, conducción bajo los efectos de drogas o alcohol, irrespeto a leyes y señales de tráfico y, en no pocas ocasiones, ausencia de ellas.

Sin embargo, ahí donde no llegan los recursos o los esfuerzos, y donde no funcionan las infraestructuras, en ocasiones, acuden los ciudadanos que, ante la ausencia de señales que indiquen a los conductores la obligatoriedad de detención de la marcha, se han puesto a la tarea de sustituir las estandarizadas y oficiales señales de 'Pare' por otras de elaboración casera.

Se asiste así a un fenómeno en algunas ciudades cubanas, en particular, en La Habana, de proliferación de señales del tránsito manufacturadas por los propios cubanos y colocadas en los sitios donde antes estaba una 'oficial' o, en ocasiones, donde los promotores locales de las iniciativas consideran debe haberla.

Dentro de las creativas y puntuales soluciones, las hay más respetuosas del diseño original en cuanto a forma, color, tipografía y hasta tamaño, que reutilizan objetos con otras funciones primigenias y las adaptan a las viales.

Las hay similares a las oficialmente aceptadas en cuanto al color, pero no en cuanto a la forma circular estandarizada.

Pero, en ocasiones, el único remedo de la señal original es la forma imperativa que alerta de la obligatoriedad de detención de la marcha; creando así un variopinto conjunto donde entran las cuadradas, rectangulares, con rótulos en rojo o en negro.

La solución, improvisada y -esperemos- temporal, pone una vez más en evidencia los serios problemas viales que padecen las peatones y choferes cubanos, que se manifiestan no solo en insuficiente, incorrecta o nula señalización, sino también en la ausencia de marcación de las líneas (continuas o discontinuas) o flechas de dirección en las calles, en el mal funcionamiento de semáforos y otros tantos que inciden en los altos índices de siniestralidad en Cuba.

El testimonio de estas nuevas formas de respuesta ciudadana si bien no debe tomarse como alegato en pro de la pertinencia de dejar que estos rústicos carteles coexistan o sustituyan a los oficiales, sí demuestra la urgencia de articular una solución permanente y eficaz ante la ausencia de señales, que ha impelido a conductores y viandantes a tomarse la señalización por su cuenta, en espera de que las autoridades competentes devuelvan los originales a los sitios de donde nunca debieron desaparecer, para continuar cumpliendo su cometido de evitar alguna que otra colisión y, en consecuencia, reducir las cifras de los heridos y de los fallecidos en las carreteras cubanas.

Este artículo es de hace 5 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.