Yoenis Céspedes saca del apuro a los Mets, y enloquece al City Field

Este artículo es de hace 4 años

0-3. Séptimo inning. Más de 20 000 espectadores ven perder a su equipo, que solo tiene 4 hits y va de cabeza a la derrota. Yoenis Céspedes, lesionado, viene como emergente con dos en base.

Solo quien es fanático de un equipo de pelota sabe lo que vale un emergente. Las estadísticas, en cambio, no lo saben. Un emergente es alguien que viene a batear cuando casi todo está perdido. Es una emergencia, y como tal, ningún mánager en su sano juicio lo usaría en otro momento. Hasta ese minuto trágico nadie se ha acordado de él. También él se ha olvidado de sí mismo, consumido por las ganas de agarrar un bate, de caminar hasta home, de oír su nombre por los altavoces, y con suerte, la gritería de un público frustrado que lo ve como el último recurso.

Yoenis Céspedes no esperó el segundo lanzamiento. No podía hacerlo, porque llevaba tres días y siete innings esperando por culpa de una lesión en la pierna. Ve hombres en primera y tercera, un out en la pizarra, un zurdo intransitable tirando piedras para home. Pero no iba a esperar.

En el juego de este martes entre los Mets de Nueva York y los Rojos de Cincinnati, Céspedes le enganchó a Brandon Finnegan una recta de 93 millas y disparó un batazo que solo necesitó segundos para enloquecer al City Field. La pelota chocó contra la pared, unos centímetros por encima de la banda naranja que fija el límite del terreno, y entró otra vez.

Céspedes, que no la vio salir, fue el único en el estadio que no se dio cuenta de lo que había hecho. Regresó a primera base con la emoción pintada en el rostro, pero una emoción más bien amarga, por haber dado un hit larguísimo que ayudaba a su equipo, pero que no lo salvaba.

El cubano no solo empató el partido, sino que consiguió la expulsión de Finnegan. Su sustituto, Tony Cingrani, soportó a continuación un triple de Curtis Granderson y luego un hit de David Wright que completaría la remontada.

Fue este el sexto jonrón de Yoenis Céspedes en la actual campaña, su hit número 18, sus impulsadas 18, 19 y 20. Pero esos son solo números. Fue un batazo espectacular que salvó un partido moribundo y que le alegró la noche a un estadio entero.

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