Paco Luna: la mirada de un español en La Habana



Publicado el Lunes, 6 Junio, 2016 - 12:02 (GMT-5)


Muchos son los turistas que diariamente caminan por las calles de La Habana cámara en mano, haciendo fotos a una ciudad que se desnuda ante el objetivo mostrándose a veces exótica, otras veces resignada. 

Desde CiberCuba nos adentramos en la experiencia de un español, un turista que se ha llevado en su cámara réflex una parte de La Habana a su Valencia natal y ha decidido mostrar su visión de la capital cubana a través de unas personales fotos. Pase y conozca usted mismo a Paco Luna, la mirada de un español en La Habana. 

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¿Quién es Paco Luna? ¿A qué te dedicas?

Bueno, eso es una pregunta que yo me hago cada día. Soy una lucha interna constante que suelo acabar perdiendo. Soy lo que queda después de la erosión, me gustaría decir que lo tengo claro, soy un cúmulo de energía sin demasiado control.

Tengo talento para varias cosas, cada cual que juzgue la medida, pero me falta dirección, constancia, enfoque y esa es mi lucha. Lucho contra la pereza constantemente, contra la dejadez o el conformismo. Me cuesta mucho acabar, finalizar y cada vez que me acerco a un objetivo me pongo más y más trabas para alcanzarlo. Aún así, si miro hacia atrás son pocas las cosas que cambiaría y realmente muchas las cosas que he hecho.

Me dedico sólo a lo que me mueve, a lo que me arrastra. La música, cantar, ha sido y es una gran parte de mi vida. Escribir era una asignatura pendiente. Mi primer y de momento único libro ha sido para mi algo muy reconfortante. No es una literatura pretenciosa, es tan solo entretenimiento, pero la respuesta del público al leerlo me ha dejado bastante satisfecho. El hecho no solo de escribirlo, si no de finalizarlo como proyecto en sí, me ha dado mucha confianza en mi mismo. Lo editaron y en tan solo tres meses vendí los suficientes ejemplares como para pagarme un viaje fotográfico a Cuba de dos meses. 

¿Cuándo y de dónde nació tu afición a la fotografía? 

Empecé hace unos 4 años y medio, antes sólo hacía alguna que otra fotografía en los viajes, o alguna familiar sin fijarme mucho en la foto en sí. Me descargué la aplicación de Instagram y mi primera foto, como no, fue a un filete de carne que me estaba comiendo. Era la cena de antes de un concierto. Poco a poco empecé a colgar más cosas y cuando me di cuenta estaba enganchadísimo. Cada día buscaba alguna cosa que fotografiar, lo primero fue mi entorno, mis gatos, todo muy típico de Instagram. 

Dos años después me regalaron mi primera cámara, fue un paso difícil, es muy distinto al móvil, pero con la ayuda de algunos amigos aprendí a manejarme y las posibilidades que se abrían. Esta obsesión me llevo a aprender a mirar las cosas, las grandes y las pequeñas y a darme cuenta de que siempre hay otro punto de vista. Jugando poco a poco descubrí una pasión, tanto fue así que me convertí en un adicto a las fotos. Así sigo, cuelgo la cámara en el perchero cuando entro a casa y la llevo a la calle conmigo como si fuese el tabaco o las llaves, ya es parte de mi. 

¿Cómo es tu proceso de producción de una foto? ¿Partes de una idea previa de lo que quieres retratar o prefieres permanecer "ojo avizor" a tu alrededor hasta que llega el momento de disparar?

Normalmente disparo a lo que veo, otras veces intento recrear algo que he visto. Con el tiempo he aprendido a esperar las fotos, a verlas venir, aunque no siempre acierto. En la fotografía las cosas que te rodean, en un simple grupo de gente que se mueve, hay un momento determinado en el que se sitúan armónicamente, de alguna forma. A menudo me sorprendo andando por la calle y dando un paso atrás o aun lado para mirar, para descubrir esa armonía y en ocasiones allí está. 

En tu estilo fotográfico se observa un uso importante del retoque de color digital, ¿hay alguna influencia clara o más bien vas retocando lo que te pide el cuerpo y la propia foto? 

La verdad, para mi editar es la mitad de la foto, lo disfruto tanto o más que el disparo. Si no tengo nada que editar, hago cualquier foto y la edito, es como un pasatiempo, un juego. No he estudiado historia de la fotografía, no tengo la influencia clara de ningún fotógrafo en particular, pero si en ocasiones me llama la atención alguna fotografía intento observar como la han hecho, o la luz que han aprovechado o creado para hacerla.
La gente me dice que tengo un estilo que me define, una manera de hacerlo, pero a mí concretamente no me gusta anclarme en nada en particular. Me gusta conocer programas nuevos de edición, aprender cosas y editar las fotos de manera muy distinta. Puede que ahora lo haga de una manera y dentro de un tiempo tenga más abanico de posibilidades. Desde luego no soy un purista, soy de momento bastante sensacionalista con los efectos, muy extremo quizás. 
Negarse a probar o conocer técnicas o posibilidades de edición es sin duda amputarse. Al final lo que cuenta es la fotografía, si al autor le parece que expresa más editada de una manera u otra ha de ser libre de cualquier tipo de prejuicios.

Ahora vamos a Cuba, ¿por qué elegiste Cuba para hacer este reportaje?¿Qué fue lo qué motivó esta decisión? 

Cuba se plantó delante de mis narices. Hacía ya tiempo que tenía la necesidad de hacer un viaje fotográfico. En una interminable cola para sacar dinero en una entidad bancaria me puse a leer unos folletos de viajes a Cuba. Después empezó a aparecer por televisión Obama, el final del bloqueo y todo tipo de especulaciones y conversaciones a mi alrededor de como iba a cambiar Cuba. Eso me hizo pensar que habría un antes y un después, y perderse fotografiar Cuba tal y como está ahora era un pecado. Desde ese momento parece que todo se enfocara hacia ese viaje, era un destino amable, hay mucha seguridad, hablamos la misma lengua, parecía un primer paso fácil y con muchas posibilidades fotográficas. 

Una vez allí, ¿qué fue lo que encontraste que no te esperabas?¿Era tal cual habías imaginado? 

Cuando viajas a Cuba, al menos a La Habana que es lo que yo conocí, tu piensas que haces un viaje al extranjero, pero en realidad estas viajando a otro planeta. Entras en una comunidad que en vez de en la Tierra podría estar en la Luna perfectamente. Han estado aislados durante mucho tiempo y es algo que les da una identidad propia como mundo. El primer golpe, la primera diferencia fue la pérdida de intimidad. Aquí en Valencia uno va haciendo fotos y es libre, puede que alguien se fije en ti o te pille haciéndole una robada, pero andas por la calle como una persona más. Allí en La Habana no, por un lado eres un “yuma”, un extranjero que ya de por sí te hace digno de atención y si llevas una cámara encima eres un “yuma” que les va a hacer una foto.

Supongo que estarán ya más que cansados de que todo el mundo se pasee por allí como si aquello fuese un zoo fotografiándoles mientras compran el pan. También la sensación con  respecto a las cámaras es distinta. Han tenido cámaras encima vigilando su actitud y sus hechos durante mucho tiempo y es muy evidente la sensación de tener un ojo encima constantemente, desde que entras en una calle con una cámara encima, las miradas te persiguen, todo el mundo en la calle sabe que tu estas allí con esa cámara, dispuesto a fotografiarlo y a subir es foto en Internet. 
Me costó mucho al principio empezar a disparar, era como agredir, pero había ido allí a eso, a traerme La Habana y había que hacerlo. Después pierdes el miedo y te das cuenta de que a pesar de que en un principio resulta algo violento luego la gente no reacciona mal. La gente es amable, en los dos meses que estuve allí no tuve ningún problema con nadie por hacer una fotografía, y dispare “a pululu.”

¿Cuáles son las fotos qué más te gusta hacer?¿Cuáles son tus preferidas de Cuba? 

Me gusta fotografiar lo que hay, mucho más que crear una foto. Me gusta la calle y la gente, fotografiar una mirada viva que encierra un pensamiento. Mis preferidas de Cuba son esas, las fotos urbanas.

De toda tu experiencia, ¿con qué te quedas de Cuba?¿Qué parte de Cuba te llevas a casa y qué parte de Paco Luna se queda en Cuba? 

Me quedo, lo primero con una negra flaca, después la vida, la gente. La Habana es caliente, nadie pierde el tiempo y no puedes andar “mareao”. Hay gente que lo pasa mal, todos tienen algún negocio entre manos, pero cuando lo pasan bien, lo pasan bien. 
Me quedo con la música, la primera vez que entre en el café teatro Bertolt Brecht había un concierto del grupo Interativo. Yo soy más del rock, pero desde la primera canción, el nivel de instrumentistas y la trasmisión de todos fue espectacular. Prácticamente el 80% de los instrumentistas cantaban, ¡y como cantaban! Luego salieron los cantantes, cuando ya tenía los pelos de punta mire a mi alrededor y era como si estuviese en Dirty Dancing, todo el público se movía y gozaba sin medida, la gente bailaba, se rozaban, sonreían, algo intenso y puro. ¡Hasta yo bailé!
Me he traído muchos recuerdos, una barbaridad de fotos, dos pares de zapatillas con agujeros en las suelas, una experiencia vital. Me deje allí casi 15 kilos andando por La Habana, pero ya los he recuperado. Me corté el pelo a lo cubano y perdí mi inocencia. Al salir de mi zona de comodidad deje de ser Paco Luna y me convertí en un Paco. Me reinicié y eso te hace ver la vida de otra manera.

¿Dónde puede la gente ver todo tu material fotográfico?

Pienso hacer una exposición cuando acabe la selección de fotos del viaje pero aún no lo tengo definido, os avisaré sin duda. De momento podéis echar un vistazo en mi Facebook y en Instagram.


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