Caso de asesinato y suicidio termina con la vida de tres niños y dos adultos en Pennsilvania



 © Familia Short
Foto © Familia Short

Vídeos relacionados:

Este artículo es de hace 9 años

Una pareja residente en Pennsylvania estaría atravesando serias dificultades económicas para obtener medicamentos para su hija menor, a quien desde muy pequeña le habían trasplantado el corazón, y uno de los dos decidió asesinarla de un disparo, junto a sus otros dos hermanitos, y asesinar a su pareja luego, y terminar con su vida ya al final, en lo que es un trágico caso de asesinato-suicidio.

Hasta hace unas horas, la policia de Pennsylvania no tenía idea de quien de los dos padres había cometido la matanza, pues los cinco estaban juntos. Incluso pudiera darse el caso que fuera algo que planearon entre los dos. 

Lo único que aclaró el Fiscal de distrito John Adams, es que una nota escrita a mano se había encontrado, pero desconocían quien la habría redactado. La policía no aportó pistas. El arma de fuego encontrada, yacía cerca de uno de los adultos, pero no han podido aclarar quien fue el que apretó el gatillo. 

Mike Short y su familia. Facebook

La policía acudió a la casa, tras una llamada efectuada por uno de los parientes de la mujer, Megan Short.

Al llegar a la casa encontraron una escena dantesca. Tanto Mark Short, el esposo de Megan, como ella, y sus tres niños, Lianna, Marcos Jr. y Willow, estaban muertos en la sala de estar. El perro de la familia, también murió de un disparo, y yacía cerca de los cuerpos.

Consta, en records, que la madre de Willow, la niña a la cual le habían hecho el trasplante, había ofrecido testimonios a The Reading Eagle en 2014 y al The New York Times el año pasado, acerca de su condición y las dificultades que estaban enfrentado para conseguir medicamentos "anti-rechazo" para la menor.

Megan Short también dejó grabado un testimonio hablando acerca del estrés post-traumático, que sufría por el trastorno de su hija. Confesó que tenía pesadillas, y ansiedad, provocada por olores, ruidos en los pasillos o incluso el pitido de un teléfono. También dijo que experimentaba el llamado 'culpa del sobreviviente' al ver los casos de otros niños que sí habían sobrepasado el trasplante sin problemas. 

 

COMENTAR

Archivado en: