Tiempos duros de censura en Cuba, pero con Santiago Álvarez y Pánfilo en la TV

Ahora mismo, en Cuba, no se puede acceder a sitios que ejercen el periodismo independiente como 14 y Medio –y más reciente- Diario de Cuba y Cubanet, espacios que básicamente satisfacían para muchos cubanos la necesidad imperiosa de CONOCER sobre lo que ocurre dentro de su propio país, más allá de la versión rosa que ofrecen los medios militantes, autoproclamados defensores de la “Revolución”.

Censura en Cuba, Periodismo Cubano Foto © Prensa Libre

Este artículo es de hace 5 años

Por estos días la televisión cubana retransmite en su espacio dominical Arte Siete, capítulos del amplio y exquisito repertorio del Noticiero ICAIC, esa joya del periodismo audiovisual cubano llevada a la vida por el consagrado realizador Santiago Álvarez en la década de los 60.

La deficiencia agrícola, gastronómica y administrativa; el deplorable escenario de la vivienda en Cuba y los albergues que resolvían a medias; la plaga de los burócratas; el apocalíptico transporte público, la falta de hielo, las colas…por esa línea versaban las temáticas del Noticiero.

Se trataba de una crítica social desde un envidiable tratamiento cinematográfico y con matices humorísticos, que ofrecía al espectador la seguridad de que en la calle se estaba haciendo un periodismo muy propio, de denuncia, un periodismo activo que no temía ir hasta el fondo, apuntar dedos y proponer soluciones justas. 

Esta es también la misma cuerda –aunque mucho más sutil- por donde se mueve el show “Vivir del Cuento”, estelarizado por Pánfilo, un viejito cascarrabias que con chistes y frases aparentemente inofensivas pone el dedo en la llaga de las problemáticas de la isla tratadas como tabúes en la prensa oficial. Pero de Pánfilo hablaremos en otro momento.

Lo que nos concierne esta vez es la censura descarada que atropella hoy el derecho de los cubanos que habitamos la isla a acceder a la información que estimemos útil y acertada con nuestra realidad. 

Que nadie se engañe. La “apertura” de Cuba hacia el mundo es una falacia que ha repercutido exclusivamente en permisiones de corte turístico. La cuestión humana, de cuyo buen proceder dependen las verdaderas reformas políticas y sociales, sigue quedándose rezagada, incluso dentro del escenario moderno que involucra el importante tema del acceso a las tecnologías y la información.

Ahora mismo, en Cuba, no se puede acceder a sitios que ejercen el periodismo independiente como 14 y Medio –y más reciente- Diario de Cuba y Cubanet, espacios que básicamente satisfacían para muchos cubanos la necesidad imperiosa de CONOCER sobre lo que ocurre dentro de su propio país, más allá de la versión rosa que ofrecen los medios militantes, autoproclamados defensores de la “Revolución”.

Esos sitios y sus periodistas, muchas veces obligados a reportar desde la clandestinidad como terroristas o parias de la sociedad, presentaban (como Pánfilo y el Noticiero) la actualidad noticiosa que los medios “serios” por su compromiso declarado con el gobierno de la isla no pueden o no quieren tocar.

“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son Relaciones Públicas”, decía George Orwell y cuánta razón tenía. Sin ahondar en el tratamiento, digamos, contestatario en el que podrían incurrir algunos de estos medios a la hora de presentar una noticia, es cierto que sin ellos lo que nos queda ahora es pura propaganda, puro culto a la personalidad, en fin, Relaciones Públicas de la Revolución.

Todas las excusas para no proveernos de Internet las hemos creído o, más bien, tolerado: ¿que era un privilegio de países industrializados? nos lo hemos creído, ¿que una hora de acceso cuesta el 8% de nuestro salario? también lo aceptamos. Resignación es lo que sobra a en este país. 

Ahora bien, si las razones para que el pueblo cubano no acceda a Internet son meramente infraestructurales, si en ello no interviene la intención de prohibirles a los ciudadanos el acceso a la información (un derecho humano) entonces… ¿cómo se justifica el bloqueo deliberado de estos sitios? 

¿Por qué decirnos –sin decir nada- los sitios a los que debemos o no debemos entrar? ¿Por qué la intención “paternalista” de “protegernos” de lo que pueda ser subversivo? ¿Acaso la Revolución cubana no creó a un ciudadano con juicio capaz para diferenciar entre el bien y el mal? ¿Somos tan manipulables? 

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