Gimnasta cubana Lourdes Medina Foto © Youtube

Lourdes Medina: La reina de Indianápolis y Santiago de Cuba

Este artículo es de hace 4 años

Hasta el momento, los he invitado a conocer detalles de la vida de algunos atletas y entrenadores de nuestro deporte. Hoy les presento a una chica que levantó de sus asientos a millones de cubanos en los años 1987 y 1991, cuando, prácticamente, arrasaba en los X y XI Juegos Panamericanos.

A Lourdes Medina la conocí desde bien pequeñita, una niña, cuando entrenaba en un área deportiva del municipio de 10 de octubre, de donde saltó al conocido GLOBO, instalación ya perdida del Centro de Entrenamiento de Alto Rendimiento Cerro Pelado (ahora el seleccionado de gimnasia rítmica juvenil y de mayores entrena en la Escuela Nacional adjunta al Cerro Pelado).

Siempre impresionó por su fuerte carácter al emprender un ejercicio: “tan pequeña, tan delgadita y tan poderosa”, exclamaban algunas de sus profesoras, entre ellas la destacada Siomara Ameller.

Si les digo que la casualidad intervino en que la capitalina practicara gimnasia rítmica quizás no me lo crean.

“Estaba con mis hermanas y mi mamá en una parada de ómnibus y se nos acercó una muchacha que era profesora en una área de deportes del municipio 10 de octubre. Le llamamos la atención porque éramos delgaditas e incansables. Mi mamá nos llevó y ahí empecé en el centro deportivo Mariana Grajales. Allí estuve muy poquito tiempo, apenas dos meses, cuando hicieron pruebas para la Escuela Nacional de Gimnasia y las pasé.

Con ocho años empecé en la escuela. A los trece, ingresé en el equipo nacional. Apenas con catorce 14 años fui campeona nacional y un año después competí en mi primer Campeonato Mundial en Francia 83, donde logré clasificar para Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, a los que como recordarás no asistimos por solidaridad con el entonces campo socialista.

La grácil muchacha, lo mejor de la gimnasia rítmica cubana de todos los tiempos, intervino en tres campeonatos mundiales, ese primero en 1983; el segundo en el 87, después de los Panamericanos de Indianápolis, y el tercero en el 91, que tuvieron por sede a Atenas, Grecia, una vez concluidos los Panamericanos de La Habana. En los tres casos, Lourdes Medina logró sus respectivos boletos olímpicos.

La decisión del país impidió su presencia en los dos primeros pues el deporte cubano tampoco estuvo en Seúl 88, mientras para Barcelona 92, la dirección del INDER (Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación) consideró que Lourdes no podía ubicarse entre las seis primeras y fue excluida dolorosamente tras haber conseguido su clasificación para tres Juegos Olímpicos.

“Yo gané siempre mi clasificación olímpica en los tres Mundiales preolímpicos a los que asistí. Entre un total de 150 gimnastas de todo el planeta, yo me ubicaba entre las treinta primeras ¿Por qué excluirme de la cita catalana, sobre todo después de no asistir a Los Ángeles y Seúl? ¿Fatalismo Geográfico?”, se pregunta Lourdes.

Me he caracterizado siempre en toda mi carrera, que se extendió a lo largo de cuatro décadas, por estrechar relaciones con los deportistas cubanos. Lourdes Medina no fue la excepción y doy fe de su desilusión, pesar, dolor, incluso, indignación al serle negada aquella, su última oportunidad de saber lo que eran unos Juegos Olímpicos.

Otra historia fueron los Panamericanos: “Bueno, en los Panamericanos de Indianápolis yo no era la principal figura de la selección cubana; la primera figura en ese entonces era Thalia Fung, quien tenía mayor experiencia y era además la favorita. Para mí, Indianapolis fue una sorpresa, puesto que no había concebido la posibilidad de convertirme en la primera cubana campeona panamericana de gimnasia. Faltando el último evento en que competía, me di cuenta de que tenía todas las posibilidades de ganar. Si no fallaba podía lograrlo ¡Y así fue!

“Yo competí con mucha seguridad y con muchos deseos de estar en lo alto del podio, y de paso convertirme en la atleta, entre todos los deportes, en alcanzar la mayor cantidad de medallas de oro, como sucedió“.

Pasaron cuatro años y Cuba se enfrentó a la realización de los XI Juegos Panamericanos La Habana 91, y si eso fue un reto el de la Medina no fue menor.

”Cuatro años mayor (que en la gimnasia es muy significativo), las exigencias del código de puntuación en cuanto a flexibilidad y grados de dificultad en las ejecuciones que se habían incrementado, mis contrincantes habían sostenido un fuerte fogueo internacional mientras yo sólo había podido asistir a una sola competencia de preparación. Y, sumado a esto, el compromiso de no defraudar a mi pueblo, de ofrecerles un espectáculo que fuera inolvidable para todo.

“Eso fueron los Juegos del 91 para mí.

“Disfruté muchísimo mi actuación en Santiago de Cuba, subsede de los Juegos, fue una prueba de valor y un triunfo en lo personal a mi perseverancia como atleta y como persona.

“Claro que mucho tuvo que ver la presencia y la guía de Siomara Ameller, mi entrenadora por 10 años, sin la cual todo hubiese sido imposible. Creo que la mezcla de su sabiduría y mi perseverancia fue lo que nos unió en el propósito. Punto y aparte para el pueblo santiaguero que colmó la Sala Alejandro Urgellés y me apoyó como pocos públicos lo habían hecho con anterioridad.”

Los Panamericanos ponen cierre de oro a la capitalina, al negársele la oportunidad de asistir a Barcelona 92.

Entonces, comienza a trabajar como entrenadora de niñas pequeñas en la misma escuela nacional donde empezó, y su trabajo dio frutos. Todas sus alumnas pasaron al equipo nacional bajo su tutela. Con ellas estuvo hasta el año 2003 cuando regresó a la Escuelita de 10 de octubre para poder ocuparse de sus dos hijos ¿Su premio? La categoría escolar 9-11 años de Ciudad de La Habana , después de muchos años, se ubicó primera a nivel nacional, alegría que aún no puedo olvidar y que compartí con ella en ese momento.

“Actualmente la gimnasia rítmica, al igual que la artística, ha alcanzado niveles inimaginables en cuanto a la complejidad de las ejecuciones y la maestría en el desempeño con los instrumentos. El grado altísimo de flexibilidad que presentan la mayoría de las gimnastas y la complejidad en el manejo de clavas, aros, pelotas y cintas hacen de la gimnasia rítmica un deporte muy selectivo, donde la intensa preparación desde edades muy tempranas y la cualidades físicas y psíquicas son derminantes.

“Después de mi retiro, Yordania Corrales, otra de las grandes gimnastas con que ha contado la gimnasia cubana, elegante, con una habilidad bien notoria en el manejo de los instrumentos, logró mantener, bajo la tutela de Siomara Ameller también, la primacía panamericana de Cuba en los juegos de 1995 en Mar del Plata.

“Pero la gimnasia rítmica, como todos los demás deportes, requiere de una ardua preparación desde los mismísimos cimientos, requiere de recursos para la preparación de las gimnastas desde el inicio de las niñas en sus áreas deportivas, y este deporte no se ha escapado de la crisis económica que han atravesado todos los deportes desde hace años en nuestro país. Desde las pocas condiciones del área deportiva, hasta la participación en eventos internacionales con frecuencia han limitado la preparación y asistencia de Cuba en la arena internacional”.

Una sonrisa triste se vislumbra en el hermoso rostro de esta mujer que tantas glorias le dio al movimiento deportivo cubano. Lourdes en estos momentos vive en la ciudad estadounidense de Miami, junto a sus hijos, ya mayores y su compañero. 

“Desde el año 2006 vivo aquí, lo que no quiere decir que haya dejado de amar mi deporte y verlo conquistar cuántos lauros pueda. Me gustaría poder trabajar como entrenadora algún día, volver a mis raíces deportivas. En esta ciudad (Miami), la gimnasia rítmica no está consolidada como deporte. Hay un movimiento incipiente de otras modalidades pero a la rítmica le falta camino por andar.

“Tengo dos hijos maravillosos, Lourdes Anet de 18 años y Alex Daniel de 17. Tengo una muy linda relación amorosa con mi pareja sentimental, Orlando. Desde hace cuatro años compartimos una vida sencilla pero el encontrarnos todos los días al regresar a casa es lo mejor que me pueda pasar. Me encanta la música, toda la música, adoro bailar. El baile es más que música, es terapia para mí, es comunicación. Me encantan los perfumes, aunque uno definido, no. Quizás uno que ha estado a mi alcance es el Tresor, creo de Lancome, jajajajajaja…”

Así es, esta muchacha (siempre lo será) que ha recorrido junto a mí casi toda mi carrera periodística; recuerden que la conocí desde bien pequeña…Mis parabienes para esta chica que no envejece y cuya sinceridad y aplomo la siguen caracterizando.

Este artículo es de hace 4 años

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos