Amalia Simoni Ignacio Agramonte Foto © www.cadenaagramonte.cu

Restaurado piano de la artista y patriota camagüeyana Amalia Simoni

Este artículo es de hace 4 años

Construido en el siglo XIX en Europa, y con la prestigiosa marca Playel, el piano de media cola ostenta considerable valor histórico, y por ello fue restaurado para engalanar el acervo patrimonial camagüeyano. Al artístico mueble lo atacó la carcoma y el teclado permanecía rígido.

La restauración del piano que solía tocar en sus tertulias la esposa de Ignacio Agramonte, la realizó Eduardo Suárez, miembro de la Asociación de Artesanos Artistas en Sancti Spíritus. Tras la reparación, el teclado del piano quedó listo para ser utilizado otra vez, tal y como lo hacía la joven Amalia, muy aficionada a la música de Chopin.

El Museo Casa Natal de Ignacio Agramonte, donde ahora se sitúa el piano, iniciará actividades artísticas que incluyen el uso de ese instrumento musical para conciertos, fundamentalmente con obras del repertorio de Amalia Simoni, una de las jóvenes más bellas y cultas de Puerto Príncipe, y que contrajo matrimonio con el patriota independentista el 1 de agosto de 1868, y cuatro meses después acompañó a su esposo a la manigua mambisa.

En mayo de 1870 Amalia es hecha prisionera por las tropas españolas, en la Sierra de Cubitas, junto a su hijo, de apenas un año de edad, y embarazada de la segunda hija del matrimonio. Indoblegable, ella mantiene total entereza de principios patrióticos y fidelidad sin límites a los ideales de emancipación social que compartía la pareja. Es célebre su frase: “General, primero me corta usted la mano, antes que escriba a mi esposo que sea traidor…”

Lejos de Cuba, primero emigrada en México y luego en Nueva York, la noticia de la muerte de su idolatrado Ignacio, el 11 de mayo de 1873, sorprende a Amalia en la ciudad de Mérida. Apenas 11 días antes, en carta fechada en abril, Amalia le exige más prudencia en el combate, en una carta que jamás llegó a las manos de Ignacio Agramonte. De México, Amalia se traslada a Nueva York, en los Estados Unidos, donde continúa su lucha por una Cuba libre.

Al concluir la Guerra de los Diez Años, Amalia regresa a su Puerto Príncipe natal; pero en 1895 estalla la nueva contienda, organizada por José Martí, y el gobierno colonial español, prácticamente la obliga a la emigración otra vez. Le temen a su ejemplo y a su patriotismo, tal como temieron a la bandera que podía constituir para los cubanos, el cadáver de Ignacio Agramonte y Loynaz.

Al finalizar la Guerra de 1895, Amalia se opone a la intervención yanqui y a la Enmienda Platt; el gobierno de entonces le ofrece ayuda económica por ser la viuda de El Mayor; pero ella la rechaza: “Mi esposo no peleó para dejarme una pensión, sino por la libertad de Cuba”.

Cuentan las crónicas, que una multitud emocionada acudió el 24 de febrero de 1912 a la ceremonia de develamiento de la estatua ecuestre del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, en la Plaza de Armas, de la ciudad de Camagüey. Amalia Simoni fue aficionada al piano y buena intérprete de este instrumento.

Este artículo es de hace 4 años

Archivado en:

Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

Comentarios

Playlist de videos en CiberCuba



¿Tienes algo que reportar? escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

 +34621383985

Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.