En Maisí no queda nada, excepto muchas ganas de seguir viviendo y rehacer el poblado

Los ríos crecidos, las penetraciones del mar, las lluvias y los vientos, arrasaron varios poblados en el más oriental de los territorios cubanos.

Foto © Haydée León/Juventud Rebelde

Este artículo es de hace 4 años

A medida que pasan las horas, se contabilizan en su real magnitud los destrozos causados por el huracán Matthew a su paso por Guantánamo.

Ríos crecidos, puentes derrumbados, poblados barridos por los vientos y la penetración del mar. El panorama, es más que desolador.

A un territorio como Maisí, es imposible acceder desde la capital de la provincia. Matthew se llevó 3 puentes. Desde el poblado de La Llanada, hacia delante, el paso está interrumpido.

Muchos de los habitantes de esta zona se refugiaron en las montañas, específicamente en las cuevas del lugar, hacia donde, precavidos, llevaron hasta sus camas.

En esa zona, no hay corriente eléctrica. 

La carretera de Imías está llena de piedras que el mar, furioso, dejó allí como triste testimonio de lo que fue su paso por el sureño municipio guantanamero. Todos tratan de evitar el recuerdo y "echar para adelante". Tantos sus residentes, como las fuerzas envíadas por las FAR y linieros de todo el país, laboran para restablecer ambos servicios. El de transporte, y la electricidad. 

No hay casas. De estas solo quedan los cimientos. Si acaso algún pedazo de pared. Las puertas han desaparecido. También las ventanas. Y los techos.

A nadie le ha quedado nada; si acaso la buena voluntad de servir. De eso, los cubanos nos sentimos orgullosos. 

La gente trata de recuperar algo que pueda ser reutilizado. Una teja de fibrocemento, un palo, ladrillos... algunos buscan ropas atrapadas entre los arbustos quemados por la fuerza de los vientos, para ponerlas a secar al sol. 

Es duro vivir el momento. Es duro ponerse en la piel de quienes no tienen nada, pero se aferran a la vida, como el único milagro que Matthew, no pudo quitarles. 

De las cenizas, del polvo, volverán los vecinos de estos poblados guantanameros a rehacer sus vidas. Por lo pronto habilitar la carretera para que lleguen las ayudas es el primer paso. Tener fluído eléctrico es primordial también. 

Restablecidas ya las comunicaciones, una frase corre de boca en boca: Aquí, no quedo nada, pero nadie se murió.

Ni siquiera de miedo.

con información de Juventud Rebelde.

Este artículo es de hace 4 años

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