Descubrimiento de Cuba Foto © www.aldeacotidiana.blogspot.com

“La tierra más bella…” lo sigue siendo, 514 años después

Este artículo es de hace 3 años

La expedición marítima capitaneada por Cristóbal Colón, al servicio de los Reyes Católicos, había partido de Palos de Moger el 3 de agosto del 1492, en tres embarcaciones: las carabelas Pinta, Niña y Santa María. Según la versión de Bartolomé de las Casas, aceptada mayoritariamente por los historiadores, las naves llegaron a Cuba, de acuerdo con el concepto que se tenga de "llegar" entre el 27 y el 28 de octubre de 1492.

En el Diario de a bordo del navegante descubridor, versionado por Fray Bartolomé de las Casas con el nombre de El primer viaje a las Indias, se escribe que el 26 de octubre “partió para Cuba, porque por las señas que los indios le daban de la grandeza y del oro y perlas de ella, pensaba que era ella, conviene a saber: Cipango”.

El sábado 27 de octubre “levantó las anclas salido el sol, de aquellas islas, que llamó las islas de Arena por el poco fondo que tenían de la parte del Sur hasta seis leguas. Anduvo ocho millas por hora hasta la una del día al Sursudoeste, y habrían andado cuarenta millas, y hasta la noche andarían veintiocho millas al mismo camino; y antes de noche vieron tierra”.

Según el Diario de a bordo, antes citado, los descubridores entraron “en un río muy hermoso y muy sin peligro de bajas ni otros inconvenientes; y toda la costa que anduvo por allí era muy hondo y muy limpio hasta tierra (…) Dice el Almirante que nunca tan hermosa cosa vio, lleno de árboles, todo cercado el río, hermosos y verdes y diversos de los nuestros, con flores y con su fruto, cada uno de su manera”.

Se detuvo el Almirante a describir el sorprendente paisaje, nunca antes visto por europeo alguno: “Aves muchas y pajaritos que cantaban muy dulcemente; había gran cantidad de palmas de otra manera que las de Guinea y de las nuestras (…) y las hojas muy grandes, con las cuales cobijan las casas; la tierra muy llana (…) Tornóse a la barca y anduvo por el río arriba un buen rato, y dice que era gran placer ver aquellas verduras y arboledas, y de las aves que no podía dejarlas para se volver. Dice que es aquella isla la más hermosa que ojos hayan visto, llena de muy buenos puertos y ríos hondos”.

También se deja cuenta del miedo de los aborígenes ante la llegada de personas tan distintas a las que ellos conocían: “Saltó el Almirante en la barca y fue a tierra, y llegó a dos casas que creyó ser de pescadores y que con temor se huyeron, en una de las cuales halló un perro que nunca ladró; y en ambas casas halló redes de hilo de palma y cordeles y anzuelo de cuerno y fisgas de hueso y otros aparejos de pescar y muchos fuegos dentro, y creyó que en cada una casa se juntan muchas personas. Mandó que no se tocase en cosa de todo ello, y así se hizo”.

Más adelante, deja cuenta de lo apacible del mar, de la hermosura de las montañas no muy grandes, y de la abundancia de agua dulce. “Cuando iba a tierra con los navíos salieron dos almadías o canoas, y como vieron que los marineros entraban en la barca y remaban para ir a ver el fondo del río para saber dónde habían de surgir, huyeron las canoas. Decían los indios que en aquella isla había minas de oro y perlas, y vio el Almirante lugar apto para ellas y almejas, que es señal de ellas, y entendía el Almirante que allí venían naos del Gran Can, y grandes, y que de allí a tierra firme había jornada de diez días. Llamó el Almirante aquel río y puerto de San Salvador.

El lugar que Colón nombró puerto de San Salvador se nombró, y todavía se nombra, Bariay. Está al norte de la actual provincia de Holguín, en el municipio Rafael Freyre, aproximadamente a 37 km de la cabecera provincial. El nombre de Bariay para la bahía por donde entraron las naves colombinas se debe a un vocablo indígena que repetían constantemente los habitantes de la zona. En vano fue el intento de llamarla San Salvador, y también el empeño del Almirante por llamar Isla Juana al futuro país conocido con el nombre de Cuba.

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.