Diez grandes actuaciones de Reynaldo Miravalles, es decir, del cine cubano

En orden cronológico, rememoramos aquí, diez de los papeles más influyentes, elaborados y complejos de un actor simpar en la Isla: Reynaldo Miravalles

Reynaldo Miravalles Daysi Granados Foto © www.habanafilmfestival.com

Este artículo es de hace 4 años

La trascendencia de Reynaldo Miravalles en el audiovisual cubano apenas radica en compendios que se dan por sentado en las caracterizaciones de todos los grandes intérpretes: versatilidad, fotogenia asociada a espontaneidad y naturalidad, amplio espectro de matices en la voz, imponente presencia escénica más allá de que se tratara de un papel de malvado, de héroe o cómico…

Su tremenda capacidad para lograr esa dimensión entrañable, que el público reserva solo para un grupo de elegidos, la conquistó el actor por saber expresar una cierta fibra de lo cubano, más allá de los clichés y los arquetipos. Miravalles interpretó al cubano universal, y por tanto tenía poco que ver con folclorismos y mulaterías oportunistas.

Repasemos a continuación diez de los más descomunales papeles de un actor sin el cual es imposible construir la historia del cine cubano:

1-    Para empezar, le dio vida a uno de los personajes más notorios, entre los varios, de Historias de la Revolución (1960), dirigido por Tomás Gutiérrez Alea y considerado el primer largometraje cubano en la etapa creativa que entonces se iniciaba.

2-    El segundo empeño de Gutiérrez Alea, Las doce sillas (1962) se enrumbaba más a la comedia satírica que a la épica, y también contó con Miravalles, que interpreta al dicharachero y pragmático chofer del burgués venido a menos, interpretado por Enrique Santiesteban en una pareja memorable.

3-    Gutiérrez Alea lo convierte en uno de sus actores preferidos al entregarle una tercera, aunque breve, oportunidad: Una pelea cubana contra los demonios (1971), lo coloca en posición de compartir cartel con otros “monstruos” de la actuación en Cuba como José Antonio Rodríguez y Raúl Pomares.

4-    Pero la consagración definitiva llegó con el malo de El Hombre de Maisinicú, dirigida por Manuel Pérez. Miravalles le robaba la película a todo el mundo con unas cuantas apariciones de su Cheíto León, el cabecilla contrarrevolucionario. El actor opacaba los desempeños de todos los demás gracias a su brillante naturalidad, su capacidad para sugestionar al público y hacer creíble, y humano, su personaje.

5-    En 1976, Sergio Giral le puso en las manos a otro malvado en Rancheador, que se ambientaba en la etapa esclavista, y su personaje era protagonista absoluto en tanto se trataba de Francisco Estévez, el más cruel perseguidor de esclavos fugitivos.

6-    La cuarta colaboración entre Gutiérrez Alea y Miravalles llega con la comedia negra titulada Los sobrevivientes, en la cual el actor se sale del cierto encasillamiento en los malvados casi endemoniados e interpreta a un burgués acomodado, amable, hipócrita y represivo. Mediocre y ordinario más que malvado.

7-    Los años ochenta fueron para Miravalles la etapa de la tremenda popularidad televisiva con el guajiro Melesio. Desde el cine, también bordó los matices cómicos de un chofer de guagua, medio machista, pero tierno y buena gente, en Los pájaros tirándole a la escopeta (1984, Rolando Díaz). Memorable fue su pareja romántica con Consuelo Vidal.

8-    Aunque más arriba se asegure que la genialidad del actor se vincula con papeles relacionados con la idiosincrasia cubana, en Tiempo de morir (1985) realizada en Colombia por Jorge Alí Triana, a partir de un guion de Gabriel García Márquez, Miravalles se roba el show con unos quince minutos en pantalla, interpretando a un pistolero veterano, postrado y con tendencias suicidas.

9-    Ese mismo año, 1985, se confirmó, ya bastante mayor, como el actor más popular de Cuba gracias al éxito de taquilla de la comedia guajira De tal Pedro tal astilla, dirigida por Luis Felipe Bernaza, en la cual repetía, con nuevo acento, el papel del guajiro, conservador e intolerante, pero de buen corazón.

10-    Aunque se quedan fuera varias actuaciones notables, el número diez, y último de eta selección, debe estar ocupado por Alicia en el pueblo de Maravillas (1991, Daniel Díaz Torres) comedia sardónica en la cual interpreta al administrador de un sanatorio, la principal institución en el pueblo delirante de Maravillas, donde se intenta sostener un estado de conformismo cenagoso e hipócrita. Los matices para comunicar la doble moral y la falsa comprensión del dirigente quizás hayan tenido mucha relación con la censura que padeció la película.  

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

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Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.