Joven con discapacidad en FCOM Foto © Unicef.org

Cuando las ganas de aprender son la única luz que se necesita

Este artículo es de hace 3 años

A sus 18 años, Reinier no solo estudia una carrera universitaria de las más completas, sino que se impone, desde el optimismo y el talento que lo caracterizan, al hecho de haber nacido totalmente ciego. 

Reinier protagoniza hoy un reportaje del programa de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) que arroja luz sobre el sistema de enseñanza cubano para niños y jóvenes con diferentes discapacidades.

"Yo nací ciego, así que para mí es normal no ver", dijo Reinier. "Para aquellos que pierden la visión a mi edad es mucho más difícil, por supuesto. He desarrollado a medida que crecía, con el apoyo de mi familia".

"Muchos de los maestros no tenían experiencia con estudiantes como yo, pero pronto comenzaron a mostrar interés, mejorando sus métodos, y me sentí como en casa".

Para el joven, insertarse en un aula fue un reto desde que matriculó en el preuniversitario Cristino Naranjo. “Todos los maestros y estudiantes eran nuevos para mí, yo era el único diferente con necesidades diferentes ", comentó. "Muchos de los maestros no tenían experiencia con estudiantes como yo, pero pronto comenzaron a mostrar interés, mejorando sus métodos, y me sentí como en casa".

Anteriormente, Reinier había cursado nueve años en la escuela especial Abel Santa María para ciegos y débiles visuales. En este tipo de instituciones estudian cerca de 10 mil niños con discapacidades. 

Como apunta la publicación, el carácter temporal de las escuelas especiales cubanas está diseñado para servir como una transición hacia la integración en la educación general. 

En la Abel Santamaría aprendió, por ejemplo, a usar un bastón, identificar colores, tocar la guitarra, tocar el piano y andar en bicicleta, así como asignaturas comunes de cada nivel de enseñanza: historia, matemática y geografía, entre otras.

A veces, dicta el reportaje, los maestros de estos centros en Cuba carecen de herramientas de capacitación e instrucción inclusivas y no pueden ofrecer el apoyo necesario para ayudar a estos niños a alcanzar sus objetivos educativos. 

Después de tres años, Reinier se graduó del “pre” con Diploma de Oro, su papel ocasional como locutor en diversas actividades escolares y su facilidad para la comunicación le dieron la idea de ser periodista. El pasado mes de septiembre, la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana lo admitió junto a 40 estudiantes más. 

Allí asiste cada día con extrema puntualidad y acompañado de su vieja máquina de escribir en braille, que pronto –según la publicación- espera reemplazar con una laptop.

"Antes me destacaba, yo era el único diferente", dijo. "Aquí tengo que trabajar muy duro, hay más participación, más competencia, más cultura. No soy el único. En la Universidad todos somos diferentes".

Este artículo es de hace 3 años

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