Foto © Juventud Rebelde

Un implante sexual casero pone en riesgo la salud de jóvenes cubanos

Este artículo es de hace 3 años

Una canica de acrílico y pocos minutos de cirugía doméstica es lo único que se necesita para lograr un peligroso implante sexual masculino que ha terminado por ponerse de moda en Cuba.

Según recoge un reportaje de IPS, la “perla” es una prenda muy popular en residencias estudiantiles, cuarteles del servicio militar, cárceles y otros espacios donde conviven grandes cantidades de jóvenes cubanos varones. 

Este invento consiste en una o más bolas que se introducen en el pene después de una pequeña incisión y son colocadas a presión debajo del prepucio o el escroto. En algunos círculos de la marginalidad urbana se le considera todo “un talismán” sexual.

“Muchos jóvenes lo hacen por moda y por el mito de que hace sentir más cosas (placer) a las mujeres”, comentó Carmen Rodríguez, profesora universitaria de 24 años.  “Es cierto que puede tener algún efecto porque es un cuerpo extraño, pero tener relaciones sexuales satisfactorias depende de muchos factores personales, emocionales y físicos”, acotó.

El historiador Enmanuel George, coordinador de proyectos de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (RIAM), explica que esta inventiva adjudicada a la cultura cubaniche no procede técnicamente de la isla caribeña.

“Vi cómo se colocaban alrededor de seis u ocho perlas. Usaban acrílico de ventana para hacer las bolas y las pulían en el piso. A veces usaban anestesia, otras no”

“Falta más investigación, pero todo indica que este fenómeno fue traído por marineros que visitaron países de Asia, como Filipinas y Japón”, aclaró el especialista. “Lo que sí es muy particular de Cuba que exista todavía esta tendencia extendida en el presente, y se realice de una forma muy rústica”, alertó.

De acuerdo con George, el fenómeno aparece tanto en comunidades rurales como urbanas pero sobre todo en espacios donde socializan grandes grupos de hombres, siendo los trabajadores sexuales el grupo que más lo usa.

Dentro de los factores de impacto negativo, se encuentra el uso de esta prenda en edades muy tempranas, “casi en la iniciación sexual, sin la necesaria comunicación con sus familias sobre sexualidad ni conocimiento sobre los riesgos para la salud”.

Además del peligro que yace en la colocación de la perla sin las condiciones de higiene adecuadas, el analista apunta que la educación sexista prevaleciente en la sociedad cubana inculca que “el hombre tiene que ser un Kama Sutra viviente, un experto en sexualidad por naturaleza y satisfacer a las mujeres a toda costa”.

“Vi cómo se colocaban alrededor de seis u ocho perlas. Usaban acrílico de ventana para hacer las bolas y las pulían en el piso. A veces usaban anestesia, otras no”, relató Goerge.

“Vi infecciones, peligro de amputación y supe de casos de amputaciones de parte del miembro. Todas estas situaciones se empeoraban porque los muchachos demoraban en acudir al médico por vergüenza”, agregó.

Este artículo es de hace 3 años

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