Ihosvany Hernández Foto © Falso9Sport

Ihosvany Hernández: "Soy y seré cubano" (ENTREVISTA)

Este artículo es de hace 3 años

Después del memorable bronce olímpico del seleccionado cubano en los Juegos Olímpicos de Montreal 76, el voleibol de la Mayor de las Antillas en su rama varonil subía y bajaba de la élite mundial hasta que a finales de la década de los 80, un grupo encabezado por Joel Despaigne, Raúl Diago, Abel Sarmiento, Manuel Torres y comandado por Orlando Samuels, se impuso en la Copa del Orbe que tuvo por sede a Japón en el año 1989.

En los 90, la escuadra antillana se mantuvo en predios cimeros, titulares de la liga mundial del 98, varias veces subcampeones fue el resultado de talentosos jugadores: Leonel Marchal junior, Pavel Pimienta, Ángel Denis, Alaín Roca Yasser Romero Mayeta e Ihosvany Hernández, un grupo de los cuales decidiera tomar otro rumbo jugando en el exterior.

Precisamente, nuestro entrevistado de hoy es el espigado Ihosvany Hernández, para mí uno de los mejores centrales de Cuba de todos los tiempos, aunque su modestia me asegura que hubo otros muy buenos jugadores que se desempeñaban en tan especial posición sobre la cancha.

¿Qué está haciendo ahora Ihosvany Hernández?

“Ay Julita, esa es una pregunta muy compleja y muy larga para responderte aunque trataré de simplificártela. Estoy viviendo en Miami, Estados Unidos, y trabajo como entrenador en una Escuela Privada que se llama Carralton School. Específicamente estoy como asistente del entrenador. También imparto clases a niños de doce, catorce y quince años en un Club de iniciación Deportiva en el voleibol que se llama Miami Select volleyball.

“Soy presidente de una compañía que organiza eventos deportivos cuyo nombre es Star International Volleyball junto con una amiga, Arelia Amaya, también cubana. Organizamos todo tipo de eventos para el voleibol y para el desarrollo de este deporte en edades tempranas.”

Resulta indiscutible que el central criollo no ha perdido tiempo y mira con optimismo el futuro, tras haber dedicado toda su vida a la actividad sobre el taraflex. Es así que tras separarse del equipo nacional, jugó once años en el Viejo Continente: siete en Italia, en su fortísima liga; uno en Turquía; dos en Polonia y uno en Rumanía. Además vivió, ya sin jugar, tres años en Alicante, España, y otros dos en Mar del Plata, Argentina. ¡Casi nada de ajetreada la vida del muchachón cubano!

“Adoro a mi familia. Tengo tres hijos, dos de mi primer matrimonio, una señorita que ya tiene 20 años, Ihosdalys; un adolescente de 17, Ihosvany Junior que sigue mis pasos, incluso juega la misma posición mía, central, y el pequeñito de 6 años, Ihosandres, que es el consentido de papá y de los hermanos mayores que aunque sea hijo de otra relación lo quieren mucho. Los mayores viven y estudian en Verona, Italia y el menor está viviendo en Holguín. Perdí a a mi mamá que era el sol de mi vida y para mí ha sido un dolor enorme en mi corazón, porque ella fue la que me daba las fuerzas para ser lo que he sido, mientras mi padre y hermana viven en Arroyo Naranjo, La Habana."

Desde niño, Ihosvany Hernández siempre fue mirado con muy buenos ojos por los entrenadores de baloncesto, balonmano y voleibol, que se lo disputaban por su estatura.

“El voleibol era mi segunda opción en la EIDE Mártires de Barbados del Cotorro. Me gustaban el béisbol, el atletismo, el básquet. Era un niño inquieto, vaya, no paraba la pata, como decimos los cubanos. Un día, regresando a la casa de la escuela, en la calle me encontró un entrenador que fue a hablar con mi mamá y le hizo varias preguntas sobre mí. Lo menos que yo esperaba es que ese día cambiaría mi vida.

"Fui al Plan LPV, cuando aquello una masiva invitación para hacer unas pruebas de eficiencias físicas en el Centro Deportivo José Martí en el Vedado y cuando yo aparecí en ese lugar vi a más de 100 niños y ahí mismo me puse tan nervioso que no sabía qué hacer. Fue entonces que mi madre se me encaró y me dijo: de aquí no nos vamos hasta que tú hagas realidad tus sueños y si lo tuyo es el deporte al menos hoy tienes la oportunidad de demostrarlo.

“Me apreté los tenis y me eché a correr y a terminar todas las pruebas que se exigían en las captaciones y, después de un mes, me llegó el telegrama para ingresar a la EIDE. Entonces yo tenía 12 años y como no tenía aún preferencia fui a ver un juego de básquet, categoría 15-16 años y vi mucha violencia, mucho roce y decidí que el básquet no era lo mío. Ahí mismo me incliné al voleibol, del que sólo conocía como el deporte de la malla alta. Tuve un super entrenador, Rolando Díaz que me convirtió en el mayor enamorado del voly en Cuba”.

Nacido en Marianao, La Habana, Ihosvany, pasó luego a las manos de Osvaldo González, “el Caballo, que aumentó aún más mi pasión por el voly, ya en edades juveniles. Me enseñó la mentalidad de liderazgo que siempre me acompañó, me puso a las puertas del seleccionado nacional de mayores con sólo 16 años.

“A esa edad fui el mejor jugador escolar de toda la Isla y en aquel tiempo el entrenador del equipo nacional, Orlando Samuels, en visita a la EIDE, me vio, inducido por mi maestro. Así, Samuells me invita a los entrenamientos con los grandes.”

“¿Quieres una anécdota? Unos de los muchachos me hizo un pase por encima de la net y yo salté y le pegué a la pelota como yo estaba acostumbrado en la escuela y la potencia del golpe fue tal que saqué el balón por un balcón que estaba encima de la cancha a más de 20 metros. Samuels me preguntó que qué comía, yo sólo me reí y así entré a la preselección en 1988. Un año muy duro pues me lesioné la columna y estuve casi tres meses si poder entrar a una cancha.

“Recuperado, al año siguiente me llevaron a una gira con el equipo nacional por Japón y Alemania y ahí fue cuando todos mis sueños empezaron a hacerse realidad.

“Estar con el equipo Grande con 17 años y saber que tenía posibilidades de ir a una Copa del Mundo y un Campamento Mundial de Mayores eso me dio más impulso para seguir entrenándome con mucha responsabilidad y tenacidad. Muchos me decían que porque era alto, dos metros dos centímetros a esa edad, era por lo que me llevaban, y eso me proporcionaba más energía para entrenar porque quería demostrar que no era así. Y quedó demostrado.”

El capitalino jugó catorce años en el seleccionado nacional, de ellos los últimos siete como capitán.

“Asistí a todos los eventos y campeonatos posibles en ese período y doy gracias a mis compañeros y mi cuerpo de dirección de los éxitos cosechados. Tomé parte en más de 450 partidos internacionales: 3 Juegos Olímpicos, 1 Campeonato Mundial Juvenil y 3 de Mayores; 3 Copas del Mundo, 10 Ligas Mundiales, 3 Campeonatos Panamericanos, 1 Centro americano y 3 Campeonatos de NORCECA, 2 Juegos Universitarios y diferentes Topes y Torneos en el Mundo.”

Aunque conquistó el cetro en prestigiosa Liga Mundial del 98 y varias medallas de plata en ese torneo, nunca pudo Ihosvany Hernández escalar el podio olímpico. En cuanto a su posición como central, no la ocupó desde sus inicios. Comenzó como atacador por las esquinas, saltaba bien y tenía la técnica para ello, “pero cuando me adueñé del centro, nadie me pudo mover de ahí. Eso era lo mío”.

“Mi especialidad era explotar balones con mi mano con la famosa chiquitica por la zona 3 e impresionar a los equipos rivales con la velocidad de movimiento de mi brazo; fui un bloqueador por encima de la net de los mejores del mundo.

“Tuve la oportunidad de jugar con grandes atletas como voleibolistas y como personas. Es muy difícil mantenerse en la élite mundial y nosotros siempre estábamos en ella. Con nosotros había que contar siempre. Yo estaré agradecido toda la vida de haber estado dentro de este equipo por casi 14 años.”

Cuando un atleta de alto rendimiento como Ihosvany Hernández hace un recuento de su vida deportiva siempre aparece el nombre del entrenador, y es que sin un buen entrenador por muy bueno que seas, no llegas a nada. Por eso para el gigantón habanero Osvaldo Gonzalez, Orlando Samuels, Justo Morales y Juan Díaz los menciona a la hora de hablar de su vida y sus éxitos.

Y, por supuesto, en esta conversación con Ihosvany Hernández no podía falta el momento más difícil de su vida, la decisión de abandonar el equipo cubano.

“Fue un momento muy duro porque estábamos abandonando no sólo al equipo sino a nuestros familiares, nuestros fanáticos, nuestras costumbres, nuestra comida, nuestro clima, nuestros hijos, nuestro barrio, tu casa, tu clima, tus olores, paisajes, lenguaje,tus playas, todo, en lo que te criaste. Cambiarlo todo por un sueño, el de poder medirse al más alto nivel y vivir como esos jugadores de alto nivel. El irnos seis a la vez no fue un acuerdo, salió y se hizo”.

Entonces, ¿sí lograste tu objetivo? ¿te consideras feliz?

“Esta es otra respuesta complicada pero como te dije anteriormente. Te la voy a responder como un profesional. ¿Si soy feliz? Bueno, la felicidad es una palabra que para mí tiene etapas. En el equipo nacional fui muy feliz, a pesar de todos los pro y los contras. En mi vida personal también lo soy: pude lograr lo que me propuse. En mi vida profesional, logré ser uno de los voleibolistas mejores de la Tierra y más longevos .

Me da mucha alegría y felicidad cada vez que alguien me para en la calle aquí en Miami y hablamos de esa etapa linda del equipo de voleibol.

“Soy feliz viendo a mis hijos que cada día se ponen más lindos, grandes, sanos, educados. Soy feliz porque tengo metas que aún no he cumplido en mi vida y sé que pronto las voy a lograr.

“Entonces, Julita, resumiendo, te puedo decir que aprendí a ser feliz en mi vida porque tengo muchas cosas que me dan felicidad y alegría.

“Y claro que extraño Cuba, allí nací, allí me hice el ser humano que soy, allí yacen mis seres queridos, allí tuve mi primer amor. Puedo estar en la Antártica o en Japón, en China o Australia, que todos los días de mi vida extraño a mi patria. Soy y seré cubano.”

¿Qué me dices del voleibol cubano actual?

“Creo que está pasando por una mala etapa, creo que se les ha ido la mano en cuanto a la mala organización y el mal manejo de la situación actual en el mundo. Si no cambiamos como lo han hecho todos los países corremos el riesgo de desaparecer del cuadro del nivel mundial.

“A la nueva generación hay que tratarla en forma diferente y creo que no han sabido darle una solución a este fenómeno. Los conceptos y valores con los que crecí yo, brillan por su ausencia. Sacrificio, sabiduría, talento, disciplina y también, ¿por qué no?, un poquito de lo que tú echabas en nuestros juegos, "Cascarilla" (Se ríe).

Este artículo es de hace 3 años

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos