Cubanos despiden a Fidel Foto © CiberCuba

Para el régimen los cubanos no merecen ni las cenizas de su líder

Este artículo es de hace 3 años

Que los cubanos han sido extranjeros en su propia tierra es una triste realidad de la cual sobran los ejemplos: no poder acceder zonas de ocio a donde sí lo hacía el visitante foráneo (o el cubano con privilegios), no poder comprar o adquirir productos y servicios de los que sí disfrutan los turistas o necesitar permisos para poder regresar al país de visita, son algunos de los muchos casos que evidencian que en más de un contexto los cubanos son ciudadanos de segunda en su propia casa.

Pero nada podía presagiar que cuando llegara la muerte del líder del proceso revolucionario cubano y presidente de Cuba por casi 50 años, Fidel Castro, la tan conocidas discriminación y exclusión volverían a ser protagónicas.

¿Cuántos de los que madrugaron, fueron a los puntos de recogida o se trasladaron por 'sus propios medios (miedos)' hasta el Memorial José Martí imaginaron que venerarían una foto del Fidel joven, junto a unas flores y montones de medallas? ¿Cuántos no deseaban ver si no ya al féretro -porque ya les había sido anunciado que el cuerpo sin vida sería incinerado- al menos sus cenizas?

Ni aquellos que pasasen por un proceso de duelo, real y genuino o falso e impuesto, pudieron disponer de algo tan necesario para superar la pérdida como el cuerpo o la constatación física y material de la muerte.

Los restos incinerados han quedado reservados exclusivamente para la cúpula revolucionaria (o, Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, Leopoldo Cintra-Frías, José Ramón Machado Ventura, Esteban Lazo); el circo, la pantomima, la expresión televisada de dolor sentido o fingido les corresponden al pueblo, ese que tantas consignas ha debido hacer suyas, que tanto ha aplaudido, vitoreado y que ahora ni tan siquiera puede decir un adiós en condiciones.

Ver desfilar a- por todos los espacios creados para rendir tributo al recientemente fallecido líder me es, personalmente, de las escenas más tristes que los acontecimientos post-mortem Fidel han dejado y se me antoja un más triste presagio de todo lo que les queda aún por representar y cuánto por más por soportar.

¿Acaso no merecen ni tan siquiera poder venerar -falsa o genuinamente- los restos reales del otrora presidente? Razones logísticas o prácticas no justifican tamaño desplante a los que 'han respondido', han acudido o se han dejado conducir (semi)obligados a mostrar su dolor, dejarse ver o simplemente curiosear.

Tantas décadas de entrega, de compromiso irrestricto, de lealtad pasada y de apuradas promesas de lealtad para el futuro -como esta que han tenido que hacer rubricando el solemne juramento de cumplir el concepto de Revolución- no le han valido al pueblo cubano más que un teatro montado para las cámaras nacionales e internacionales donde ellos, una vez más, son los protagonistas segundones y obedientes.

Otros seguirán disfrutando de los privilegios, hasta de poder decir adiós a las cenizas de Fidel y no a una foto replicada en todos los puntos donde se ha establecido un espacio de homenaje.

Este artículo es de hace 3 años

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.