Antonio de la Guardia y Arnaldo Ochoa durante el juicio Foto © Código Abierto

Ileana de la Guardia: “Fidel Castro mandó a fusilar a mi padre; no lamento su muerte”

Este artículo es de hace 3 años

Se le conoce como la Causa 1 de 1989, con ese nombre lamentable pasó a la Historia de Cuba el asesinato por parte del Gobierno cubano de tres hombres que hasta poco tiempo antes habían sido considerados leales servidores, patriotas y hasta cómplices.

Lo cierto es que en aquel 1989, en el que tantas circunstancias adversas empezaban a acumularse en torno a la Isla, ese proceso judicial, trasmitido para toda la Nación cual si de un morboso reality se tratará, rompió las convicciones de muchos cubanos, que nunca pudieron rehacerse de semejante shock: el de una condena a muerte televisada, y el de tener que "festejar" la llegada a buen puerto de la supuesta Justicia Revolucionaria.

Por ello no es de extrañar que Ileana de la Guardia ―hija del coronel Toni de la Guardia― haya sentido un alivio tras conocer la noticia de la muerte de Fidel Castro, aunque tuviera un sabor agridulce para ella, pues fue una manera de revivir también el asesinato de su padre.

Así lo señala en una reseña que escribió para el diario frances "Le Nouvel Observateu" (el 1 de diciembre), y que luego reprodujo 14ymedio. En un texto profundamente íntimo y autobiográfico, Ileana de la Guardia no evadió el dolor de regresar a "horribles recuerdos: el del asesinato de mi padre, por supuesto, y el de tantos otros que pagaron con sus vidas la ceguera de un tirano".

En sus reflexiones, Ileana se lamenta al pensar que quien ella denomina como “el monstruo” haya muerto tranquilo, rodeado de alabanzas y honores, sin que haya sido juzgado ni cuestionado por sus crímenes.

Al recordar la muerte de Fidel, la hija del coronel cubano Toni de la Guardia relata cómo en 1989, fecha que coincide con el fin de la Guerra Fría y el florecimiento de la Perestroika y los carteles de la droga, su padre junto a otros hombres, como el general Ochoa, fueron juzgados y condenados por delitos de narcotráfico, en un proceso judicial que acabaría con durísimas sentencias contra todos.

Sin embargo, tal y como señala Ileana en el citado medio, el juicio a su padre y al resto de inculpados poco tuvo que ver con el hecho de haber cometido o no los delitos por los que se los juzgó. Muy por el contrario, el proceso judicial fue una demostración de poder de Castro, quizás para liberarse de algunas acusaciones, quizás para evitar que nadie les hiciese sombra.

“Todos esos hombres cayeron bajo la sospecha de sentir una cierta debilidad por la Perestroika de Gorbachov. Castro no tenía estrictamente ninguna prueba, solamente dudas, por comentarios de descontento hechos en alguna parte, en alguna reunión de oficiales, en encuentros familiares. Él debía dar un ejemplo. Impedir que esa ola se expandiera. Ser despiadado. Ejercer el terror para perpetuar su reino... Por siempre”, señala Ileana.

Él debía dar un ejemplo. Impedir que esa ola se expandiera. Ser despiadado. Ejercer el terror para perpetuar su reino

Siguiendo su relato, en aquella época la agencia contra la droga de Estados Unidos (DEA) sospechaba que el régimen de Fidel Castro cedía a altos precios las infraestructuras cubanas a narcotraficantes colombianos.

Castro decidió entonces, según de la Guardia, desviar las sospechas sobre su gobierno “convirtiendo en chivos expiatorios a algunos altos oficiales, bajo sospecha de simpatías por Gorbachov. Mi padre, como los otros, persuadido de que Fidel les demanda un nuevo sacrificio, y quizá protegiendo a su familia, acepta esta farsa sin imaginar que le costará la vida”.

Desde París, el lugar que hoy es su hogar y del que no destaca la belleza ni las oportunidades profesionales, sino la libertad de que disfruta, Ileana de la Guardia no duda en calificar el juicio hecho a su padre y a los demás acusados como “estalinista”.

Sobre el General Arnaldo Ochoa, comenta: “Al mismo tiempo que a mi padre, hizo fusilar a Arnaldo Ochoa. El gran general del Ejército cubano, El León de Etiopía como lo llamaban los africanos cuando cumplió misiones allí. Otros dos oficiales, Amado Padrón y Jorge Martínez, también fueron enviados al paredón de fusilamiento".

También alude al otro miembro de su familia implicado en el caso: “Mi tío, el general Patricio de la Guardia, hermano gemelo de mi padre, fue condenado a 30 años de prisión 'por no haber denunciado oportunamente a su hermano', tal como reza textualmente en el pedido de condena efectuado por el fiscal. Él está hoy en Cuba bajo residencia vigilada”.

Hoy, 27 años después de aquella condena, Ileana de la Guardia sentencia: “Castro les vendió una fábula perversa y criminal; por el bien del país, de la revolución, les pidió que se autoinculparan por faltas que no habían cometido. Un clásico en los regímenes estalinistas, donde los hijos denunciaban a sus propios padres”.

De algún modo, la muerte de Fidel Castro le ha servido a Ileana de la Guardia para rememorar no sólo a su padre, sino a todos aquellos que fueron represaliados por el Gobierno e incluso asesinados; y a todas las familias que, como ella, sufrieron por ese motivo.

“Sin odio, sin rencor, reclamo justicia para mi padre y para los demás, opositores políticos, poetas malditos, homosexuales, militares disidentes. Esta dinastía de acaparadores debe irse. Ellos me quitaron todo. No tengo ni siquiera el derecho de pisar la tierra de mi familia que me vio nacer. Yo no tengo propiedades, ni fortuna, pero poseo el más bello de todos los diamantes: la libertad”.

Esta dinastía de acaparadores debe irse. Ellos me quitaron todo. 

Pese a la inevitable alegría por la desaparición del que tanto daño hizo a su familia, la hija de Toni de la Guardia no cree, sin embargo, que su muerte sirva para llevar a Cuba la libertad".

"Hoy el déspota no es más que una urna con cenizas, pero su sistema no se derrumbó con él", sentencia.

Este artículo es de hace 3 años

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