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“El número de la bestia”, comentan algunos a modo de sorna insidiosa.

Bien se sabe que los cubanos somos la superstición personificada. Nada es fortuito, todo tiene su causa en una suerte de predisposición que ya el destino tejió para nosotros. Quizá por eso nos refugiamos en las religiones, las tradiciones y mitos que heredamos de viejas costumbres familiares,  que van cobrando más fuerza a medida de que envejecemos. 

De ahí que la simbología adquiera suma importancia para los isleños, los colores, los números, las fechas, los animales, el clima, el tronar de los huesos, el canto de los pájaros, la hora, y un sinnúmero de elementos más que devienen señales a ser decodificadas por ese “sexto sentido” que todos admitimos tener.

No nos sorprendimos entonces cuando en las redes comenzó a orquestarse una especie de “reflexión” grupal, en la que se le atribuyeron ciertos valores numéricos –nada halagadores- a la figura del recién fallecido expresidente de Cuba, Fidel Castro , una figura siempre vista desde los extremos más apasionados de la admiración y el odio.

Resulta que a alguien se le ocurrió atar cabos en torno a las fechas más sonantes en la vida del “Comandante”: el año de su nacimiento (1926), el año en que se ve obligado a dejar el poder de la isla (2006) y en el que fallece (2016). A ello, le añadimos el año en que arribó a la presidencia formal del país (1976) y ya vemos que el polémico número 6 es recurrente.

Foto tomada de Facebook

“El número de la bestia”, comentan algunos a modo de sorna insidiosa, mientras otros advierten que también debemos notar la repetición del 26, con lo cual recuerdan la fecha del asalto al cuartel Moncada (26 de julio de 1953), acción que lo lanzó la vista pública internacional como figura de la lucha armada por la libertad del pueblo cubano.

Según datos recogidos por varias bibliografías, el 26 es un número que suele despertar “animadversiones”. En el año 1600, la población indoeuropea conocida como los hititas consideraban a este número como “nefasto” para la guerra, por lo cual nunca dejaban que 26 soldados conformaran una brigada (debía ser uno menos o uno más). 

Esta superstición era compartida por los egipcios, para los cuales el 26 era una cifra “hostil”, ya que marcaba la fecha en  que combatieron los dioses Horus y Seth, triunfando este último, que era considerado como el más perverso.

Para los adeptos de Pitágoras, el 26 remite a una forma de igualdad, tal vez porque 2+6=8, o porque es el único número que se sitúa entre un cuadrado perfecto, 25, y un cubo perfecto, 27; pero se trata de una “igualdad inestable”, por no ser divisible por los números primos.

En la tabla numerológica de los sueños, el 26 es símbolo de pareja bailando, pera, pala y cruz. Para la tabla cabalística de las figuras romanas, el 26 es un racimo de uvas.

Mientras tanto en la Charada -que se juega religiosamente por muchos en Cuba, bajo el nombre de “la bolita”-  el número 26 es anguila, calle, médico, brillante, y nube de oro. El número 6, por otro lado, es jicotea, carta, reverbero, botella, y luna.

Y no se queda ahí. Según la Biblia, el 6 es el número más perfecto de los imperfectos, ya que le falta 1 para llegar a 7, considerado el número de Dios. De igual forma, su repetición remite “a un ser humano relacionado con la Bestia”, una criatura que hace una breve aparición en el último tercio del capítulo Apocalipsis. 

Generalmente, los cubanos nos dejamos picar por ese bichito que le imputa cada suceso a “algo mágico”. Lo cierto es que, a veces, la realidad se nos viene arriba demasiado sobria y necesitamos leerla, desmontarla y recontarla añadiéndole un poco de ese misticismo que nos caracteriza. 

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.


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