Foto © Granma / Ricardo López Hevia

Alfredo Despaigne: “En Cuba es donde único se preocupan por el sobrepeso”

Este artículo es de hace 3 años

Luego de haber brillado en su última temporada en el béisbol japonés, la segunda mejor liga del mundo detrás de las Mayores de Estados Unidos, Alfredo Despaigne regresó a la Serie Nacional cubana más fuerte y ancho que nunca, con unas libras y una musculatura de héroe griego o de superhéroe de Marvel.

Sin embargo, su volumen corporal ha sido cuestionado en Cuba, donde es difícil concebir que el ancho de la figura y la calidad deportiva sean cosas que vayan juntas.

Los cuestionamientos a la gordura suelen venir de los tres poderes que mandan en el béisbol cubano: los dirigentes institucionales, los entrenadores y la prensa oficial.

“En Cuba es donde único se preocupan por el sobrepeso corporal”, dijo Despaigne en conferencia de prensa.

Añadió que en otras ligas lo importante no es ser más grueso o más delgado, sino rendir. “Hacer el trabajo” es lo verdaderamente importante en otras ligas de béisbol y de nada sirve descender en el peso, si con ello también disminuye la capacidad para realizar conexiones de envergadura”, acotó.

“Ahora mismo estoy entre los 110 y los 111 kilogramos y no me afecta porque puedo rendir al máximo de esta manera”, dijo Despaine, quien está sufriendo la discriminación del gordo, algo por lo que han pasado y que han padecido otros peloteros en Cuba, cuyas carreras han sido incluso destruidas “desde arriba”, a pesar de su calidad, por haber cometido el pecado del sobrepeso.

Pongo dos ejemplos. Quién no recuerda al gran Romelio Martínez, aquel tanque habanero que conectaba jonrones con mejor frecuencia que nadie en Cuba. Romelio casi no pudo conformar la selección nacional, a pesar de que calidad tenía para disputarle el puesto de cuarto bate al gran Orestes Kindelán. ¿Y por qué no lo llevaban al Cuba? Porque era gordo.

El pinareño Yosvani Peraza no solo es uno de los grandes jonroneros que han pasado por las Series Nacionales: había que ver cómo ese hombre se fajaba con las pelotas en el home. Aquel gordo (le llamaban el Gordo Peraza) no esperaba pesadamente a que llegara al home la bola buena: para él, casi cualquier bola era buena para sonar un jonrón. Su swing no era el de un gordo, era un swing ligero, audaz, velocísimo, con aquellos brazos gruesos que se movían con la suavidad del viento. ¿Cuántas veces fue llevado Peraza al equipo Cuba? Pocas, y cuando tuvo la suerte de que lo llevaran, ¿cuántas veces jugó de regular? Con suerte era traído en un momento malo para que diera un jonronazo que salvara de la derrota a los flacos de su equipo con su fuerza de gordo, como en el Clásico Mundial.

Ahora nadie va a prescindir de Despaigne. Pero no porque sea un gran bateador o porque haya triunfado en Japón o por el prestigio como jonronero que eso le da. Despaigne tiene la suerte de haber llegado en otra época, donde el prejuicio contra la gordura no puede darse el lujo de suprimir a jugadores como él, porque los jonroneros flacos ya se fueron a jugar a otra parte, y porque los que quedan, gordos o no, no son ni remotamente tan buenos como él.

Este artículo es de hace 3 años

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