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A comienzos de la década de los 80, en plena efervescencia de la pelota cubana, irrumpió en el terreno del estadio “Capitán San Luis” un espigado joven del municipio San Juan y Martínez que sólo podía jugar allí, de home club, con su equipo Forestales, pues con quince años no podía faltar a las clases

¿Su nombre? Omar Linares Izquierdo, hijo del ex jardinero Fidel Linares, y hermano mayor de otro buen pelotero, Juan Carlos.


Bajo la égida de Juan “Charles” Díaz, el adolescente iniciaría una carrera de veinte años por Series Nacionales que, junto a sus éxitos internacionales, lo convertirían en el mejor pelotero de Cuba en la historia del deporte de la etapa revolucionaria.

“Aunque practiqué otros deportes, me incliné por la pelota y desde la categoría 11-12 años juego activamente en San Juan, dirigido por Carlos Quintana.”


Según palabras del propio “Charles” Díaz, el fenómeno Omar Linares era un talento de esos que nacen cada cien años, que si se hubiera inclinado por correr, jugar fútbol o básquet, seguramente hubiese sido una estrella también.

“Era un atleta en toda su configuración morfológica”, asegura Charles, uno de esos hombres nacidos para descubrir y desarrollar diamantes en bruto.

A sus 49 años Linares no olvida a aquellos que lo guiaron en sus primeros pasos. El Lele, el Toti, Cheo, Jorge Hernández y Quintana sembraron las simientes. Con posterioridad, “Charles” Díaz, José Miguel Pineda y Jorge Fuentes se encargaron de completar la obra.

El “Niño” Linares, en veinte Series Nacionales, promedia astronómico 368 de average ofensivo, con nada menos que 404 jonrones y mil 221 impulsadas.


Cinco títulos en Series Nacionales y tres Selectivas, 15 temporadas consecutivas bateando por encima de 300, y en siete de ellas por encima de 400 son una prueba fehaciente de la clase de pelotero de los spikes a la gorra que era el vueltabajero.

“Recuerdos tengo muchos pero aquel primer triunfo, dirigido por Jorge, para mí es inolvidable. Tampoco olvido cómo me dominaba Orlando el Duque Hernández, el pitcher que más difícil se me hacía”. A la pregunta de cuál era el más bateaba, el modesto jugador me respondió: “eso no se dice por ética”.

Yo que lo vi jugar durante toda su carrera puedo asegurar que al mismo que lo ponchaba, regresaba y le daba un jonrón.

“Recuerdo que había bateado 400 en la Serie Nacional del 90. Le dije a Román Suárez, entonces entrenador pinareño de pitcheo, en la Selectiva voy a repetir, pero no pudo ser: me quedé en 396". Imaginen ustedes la calidad de bateador de Omar.


“Una sola ocasión gané la triple corona (average, jonrones e impulsadas) y me es grato recordar la ocasión en que conecté cuatro cuadrangulares en un juego. Fue en la temporada de 1997, frente a Villa Clara en el 'Capitán San Luis'".

Aunque su gran destaque tanto nacional como internacionalmente fue en la tercera base, el muchacho de San Juan jugó todas las posiciones excepto pitcher y receptoría, y las que más le gustaban eran el campo corto y el jardín central.

Si extenso y destacado fue su paso por Series Nacionales y Selectivas, internacionalmente, su labor no queda detrás.

El “Niño” intervino en 23 eventos internacionales. Fue campeón olímpico en Barcelona 92 y Atlanta 96 así como plata en Sydney.


“Claro que lo recuerdo, ese juego final lanzado por Georgi Díaz frente a Taipei de China en la cita catalana que nos dio el cetro olímpico. Cuatro años más tarde en Atlanta frente a Japón por el oro cometo un error y luego vine y me desquité: tres jonrones por todas las bandas; y por último, en Sydney, los norteamericanos nos guardaron a un desconocido Ben Sheets que estuvo imbateable. Esos son mis mejores y el peor momento en mis tres Juegos Olímpicos.”

Además de las citas estivales, Omar ganó Campeonatos Mundiales, Copas Intercontinentales, Juegos Panamericanos y Centrocaribeños. En todos, sus averages ofensivos oscilaron entre los 369 y 468.

“En cuanto a los Mundiales, para mí el mejor, el más reñido, en el que tuvimos más competencia fue el de Parma 88, Italia, decidido por el batazo de Lázaro Vargas y que antes había igualado sensacionalmente Lourdes Gourriel. Vencer a ese elenco norteamericano cuajado de estrellas que luego brillaron en las Grandes Ligas con pitchers como Jim Abott y Ben McDonald, fue realmente asombroso.

“Otro de los grandes momentos fue en el Mundial de 2001, en Taipei de China, cuando ni Luis Ulacia, Antonio Pacheco, Orestes Kindelán, Germán Mesa ni yo, estábamos convocados inicialmente y después, unidos todos, jóvenes y veteranos, conquistamos el cetro, demostrando que aún podíamos jugar unos años más.


“En cuanto a los Panamericanos, el de Winnipeg 99 me reporta algo inolvidable, pues yo no había estado bien en el torneo y en el choque de semifinales frente al equipo local, Canadá, discutiendo el boleto olímpico, conecté un jonrón decisivo en el séptimo inning.”

La historia del béisbol cubano es muy rica. Integrar un conjunto Cuba de todos los tiempos es algo sumamente difícil. ¿Cuál es el de Omar Linares? por supuesto, sin contarse él en la nómina.

“Antonio Muñoz, en primera; Pacheco, segunda; Pedro José Cheíto Rodríguez, la antesala; Germán Mesa, campo corto; jardines: Luis Giraldo Casanova, Lourdes Gourriel y Víctor Mesa; receptor, Juan Castro. Designado, Orestes Kindelán; lanzadores derecho y zurdo, Braudilio Vinent y Jorge Luis Valdés y manager, Jorge Fuentes.”

Tras jubilarse en el 2002, por imperativo mandato de la comisión nacional de béisbol, Omar trabajó entre otras funciones: en Japón como entrenador de bateo, fundamentalmente de los jugadores latinos de los Dragones de Shinichi y en el 2016, junto a Germán Mesa, también como entrenador de bateo en el Rivas que ganó el campeonato nacional de Panamá.

Omar Linares es abuelo del pequeño Anthony, de tres años, que nació jugando béisbol y ha venido a romper la racha femenina de la familia de Omar, quien tiene cuatro hijas, la mayor Zamira (25 años), del primer matrimonio y mamá del futuro champion bate cubano; Samantha de 19; Melissa de 16, y Melanie de 10, hijas las tres de Yanelis, con quien lleva 21 años de casado.


“Que ¿qué le falta al béisbol cubano para recuperar la élite en la que por décadas estuvimos? Primero, que se acabe de decidir que todos puedan jugar, algo que no decidimos sólo nosotros; y segundo, cambiar la estructura de nuestras Series Nacionales y reducir a seis los equipos en competencia. Y sí, de autorizarlo la comisión nacional, claro que estoy de acuerdo en que los peloteros cubanos que jueguen en otras ligas, puedan integrar el Cuba”.



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