Foto © Cubadebate / Ladyrene Pérez

Víctor Mesa ya tiene sustituto como director de Matanzas para la próxima Serie Nacional de Béisbol

Este artículo es de hace 3 años

Llegó a su fin la etapa de Víctor Mesa con Matanzas. El estelar expelotero, quien renunció a la dirección del equipo días atrás, ya tiene sustituto para la campaña 57 de la pelota cubana.

La Dirección de Béisbol de la provincia anunció que el nuevo mánager de Matanzas será Víctor Figueroa, quien dirigía la Academia Provincial de Béisbol y quien ha sido entrenador durante varios años en Cuba y en otros países en torneos profesionales.

El nuevo mánager matancero tendrá respaldo como asistentes en dos expeloteros, Juan Manrique y Alexis Garro.

Entre los logros de Víctor Mesa como mánager de Matanzas, se incluye haber sacado del sótano a uno de los territorios fundadores del béisbol en Cuba, y haber ganado 6 medallas en igual número de años, 2 de ellas de plata. Además, durante su etapa el equipo fue el más ganador de la pelota cubana, en cuanto a partidos se refiere.

Consiguió levantar la confianza del conjunto, conformándoles a los jugadores una mentalidad ganadora. Con una combinación de talentos locales desarrollados por él y de peloteros importados de otros territorios, creó el equipo más difícil de vencer en los últimos años.

Sin embargo, Víctor no fue capaz de ganar ningún campeonato, lo cual es la gran mancha de su currículo matancero, lo mismo que le ocurrió cuando dirigió durante ocho años a Villa Clara.

Con un sistema de juego chiquito muy eficiente para ganar partidos durante la temporada regular, Víctor nunca pudo implementar un juego eficaz y ganador en postemporada.

Durante la campaña regular, Víctor forzaba a sus peloteros a rendir al máximo, implementando el sistema de sentar al que no produjera, al que cometiera errores y al que no se entregara en cuerpo y alma al terreno. Así logró ganar más que nadie.

Sin embargo, en postemporada, cuando todos los conjuntos finalistas hacen lo mismo, la ventaja del juego eficaz y de máximo esfuerzo dejaba de ser exclusiva del equipo de Víctor Mesa, que perdía su principal arma y se volvía vulnerable al ímpetu contrario.

Tras su partida, el mítico pelotero 32 deja asimismo tras sí una estela de incidentes desagradables, exabruptos en los terrenos, malos tratos a jugadores, árbitros y periodistas que terminaron siendo un precio demasiado alto a pagar a cambio de ganar muchos partidos de temporada regular y pocos en Play Off.

Este artículo es de hace 3 años

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