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Algunas filtraciones sugieren que el propio equipo de Trump está alarmado con su conducta

Este artículo es de hace 3 años

El próximo viernes 10 de febrero se cumplen apenas tres semanas de mandato del presidente norteamericano, Donald Trump, al frente de la Casa Blanca.

Nadie duda que han sido tres semanas intensas, agitadas y polémicas, en que Trump ha dado grandes pasos hacia el cumplimiento de las que fueron algunas de sus promesas electorales a sus votantes republicanos.

Pero, ¿qué está sucediendo realmente de puertas adentro en la Casa Blanca?

El diario norteamericano The Huffington Post se hace eco de filtraciones que indicarían que miembros del propio equipo de Gobierno de Trump, y también empleados de todo tipo, están alarmados por su conducta ante algunos temas y también por su desconocimiento sobre ciertas áreas.

Una filtración concreta relata que ante una duda económica Trump llamó a su consejero de Seguridad Nacional, el teniente general Mike Flynn, para preguntarle.

Flynn tiene un largo historial en contrainteligencia, pero no en macroeconomía, y le respondió a Trump que no sabía, que no era su área de experiencia, y que tal vez, debería preguntarle a un economista.

La respuesta a la llamada en cuestión, que habría sido hecha a las 3 de la madrugada, no gustó mucho a Trump, que gusta ver satisfechos sus requerimientos en el acto, según relata el citado medio.

The Huffington Post revela que los norteamericanos no están preparados para ver convertido al magnate competente y decisivo de sus reality shows televisivos (como “Apprentice”), en un jefe ejecutivo “más preocupado por la adulación de la nación que por los detalles que implican sus propias políticas”. Y eso sí, “rápido para asignar la culpa cuando las cosas no van a su manera”, destaca.

Aunque es normal que, de cara a la galería, los miembros de su Gabinete Presidencial hagan piña en torno a su presidente, algunas fugas y filtraciones empiezan a denotar que hay nervios, y sobre todo, que algunos empleados no están satisfechos.

El comportamiento volátil del nuevo presidente estaría poniendo a prueba a los más templados y moderados de su Gabinete, pero principalmente a empleados menores.

"He estado en este 'pueblo' durante 26 años. Nunca he visto algo como esto", ha manifestado Eliot Cohen, un alto funcionario del Departamento de Estado bajo el presidente George W. Bush, y miembro de su Consejo de Seguridad Nacional. 

Y añadió: "Realmente no creo que este es un presidente mentalmente saludable."

Una de las filtraciones alude a que al nuevo presidente no le gusta leer materiales informativos que sean demasiado largos.

Un ayudante de la Casa Blanca (bajo anonimato) ha declarado que Trump aboga por la simplificación extrema, y que no le gusta leer memorandos que tengan más de una página de extensión.

Otro tema alude a sus mudanzas de carácter: “Las cosas pequeñas pueden proporcionarle una gran alegría o generar una intensa irritación”. 

Ha llegado a quejarse sobre las toallas de mano a bordo de Air Force One, dijo el Asesor de la Casa Blanca, porque no son lo suficientemente suaves.

Ha estado particularmente obsesionado con el desempeño de sus ayudantes en la televisión por cable, y no se pierde los informes diarios de su Secretario de Prensa, Sean Spicer, con los periodistas.

Obviamente, muchas de las informaciones obtenidas por The Huffington Post han llegado a través del anonimato de empleados de la Casa Blanca, que temen perder sus trabajos.

Richard Nephew, un experto del Departamento de Estado bajo la Administración Obama, ha dicho que algunas de las filtraciones que están llegando de inconformidad y preocupación desde el interior de la Casa Blanca, suponen, probablemente, un esfuerzo para hacer saber al pueblo norteamericano que "el consejo ha sido dado", aunque no ha sido escuchado por el presidente; ello en caso de que algo malo suceda en el camino. 

"Esto, creo, sirve para aclarar que estas personas han tratado de hacer lo correcto y que no hay mucho que puedan hacer con una administración hostil", dijo Nephew.

Por su parte Elizabeth Rosenberg, una experta en contraterrorismo del Departamento del Tesoro en tiempos de Obama, ha dicho sobre estas filtraciones, destiladas gota a gota desde el interior de la Casa Blanca: "Creo que es un grito de ayuda"

Considera que muchos empleados que aún trabajan en las Agencias de Seguridad Nacional bajo Trump ven lo que está sucediendo y están impulsados ​​por un simple motivo: "Incredulidad y la necesidad de compartirlo".

La Casa Blanca ha negado muchas de las filtraciones y otros creen que son normales en una administración jovencísima, que no lleva ni un mes en activo.

"La comunidad de inteligencia está buscando desesperadamente una forma de obtener alguna influencia para alterar políticas peligrosas lejos de un vector catastrófico", ha dicho Rick Wilson, exfuncionario del Pentágono familiarizado con asuntos de inteligencia, que se ha convertido en un crítico de Trump.

Algunos piensan que en cierto momento la Casa Blanca tendrá que tomar en serio las filtraciones dañinas, si quiere controlar su mensaje.

Sin embargo, para Eliot Cohen ―que ahora enseña en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins― el problema no son las filtraciones.

Para Cohen el problema es el propio presidente. En su opinión, dentro de la Casa Blanca, Trump no ha mostrado verdadero afecto o respeto por nadie fuera de su familia inmediata, y por tanto, no puede esperar fidelidad de su personal. 

Y sentencia:

"Esto es lo que sucede cuando uno tiene un narcisista como presidente".

Este artículo es de hace 3 años

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