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Silvio Rodríguez: "Soy un hombre de centro"

Este artículo es de hace 3 años

“Soy un hombre de centro”, así ha titulado el cantautor cubano Silvio Rodríguez un texto publicado ayer, 9 de febrero, en su blog Segunda Cita.

El título sorprende y provoca viniendo de Silvio Rodríguez, pero una vez que se lee, se entiende la mueca de burla a los mal pensados, el bluff, la falsa jugada que mueven las palabras...porque todos sabemos que Silvio se ha colocado desde hace décadas a la izquierda del Padre, y allí reposa bajo su manto protector.

Sin embargo, allá en el fondo, Silvio de vez en cuando alza la voz, y escribe canciones en las que, tímidamente, parece asomar cierto inconformismo.

En el pasado mes de noviembre sorprendió con el texto de su canción “Para no botar el sofá”, en la que se leen líneas como "La juventud se fuga en masa y ellos se alteran porque una boca no es de raza o de su acera".

Rebelde con causa en su juventud, domesticado luego, lo cierto es que Silvio Rodríguez ha nacido para colocarse en el "centro" del odio y del amor de millones que lo detestan o lo admiran con idéntica pasión.

Denostado y amado a partes iguales, no parece inspirar medias tintas este hombre que declara, con 70 años cumplidos: "Al centro de la muerte he sobrevivido a mis propias miserias. Y si adelante hay algún centro allí estaré, en la neblina fantasmal de millones de nombres que continúan en el centro de todo, aprendiendo a nacer".

A continuación, reproducimos el texto publicado por Silvio Rodríguez... acertijo, memoria de vida y testamento.

                                                                             Soy un hombre de centro

Soy un hombre de centro. Empecé por nacer, sin darme cuenta, para verme en el centro de la vida. Todavía era un niño cuando me arranqué de mi familia para lanzarme al centro de la noche, con la yesca de una cartilla y un manual. No mucho después llegué al centro de mí mismo, con un arma en la mano, defendiendo un país que llegaba a su centro. Había llegado al centro de la conciencia colectiva y aún no conocía el centro de la existencia humana. Ese centro supremo me esperaba en las intimidades de una joven. Y fue el centro del mundo, del goce y el dolor, de la dicha y la muerte, relámpagos, diluvios. Del desierto anterior y esa humedad llegué al centro de mis palabras. Al centro de espasmos le di vida a inocentes. Al centro de la amistad hice un credo y desafié montañas. Al centro de la muerte he sobrevivido a mis propias miserias. Y si adelante hay algún centro allí estaré, en la neblina fantasmal de millones de nombres que continúan en el centro de todo, aprendiendo a nacer.

Este artículo es de hace 3 años

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