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La Habana sin taxis: Boteros comienzan a cobrar a mitad de camino para “evitar escándalos”

Este artículo es de hace 3 años

Parar un taxi esta mañana rozaba con lo imposible. No importa en qué locación de La Habana intentaras hacerlo, los autobuses pasaban repletos de gente gritando y la circulación de almendrones se había reducido –me atrevería a decir- hasta la mitad.

Después de una hora en la intersección Avenida Boyeros y 19 de Mayo (parada que corresponde a la Terminal de Ómnibus), se me ocurrió la “genial” idea de probar suerte con los taxis de la piquera correspondiente a la terminal.  

Tramo Terminal de Ómnibus de La Habana

Siendo el pasaje normado de 10 pesos cubanos (ahora 5, según la nueva normativa del Ministerio del Transporte) en la piquera me dejaron bien claro que por menos de 5 CUC (120 pesos) nadie me llevaría a la Avenida del Puerto, a tan solo 5 kilómetros.

Luego de esperar media hora más entre la multitud que ya le daba lo mismo irse en el techo de una guagua o gastar 20 pesos en una tipología de auto que aquí llamamos “lata de sardinas”, logré atrapar –y no exagero cuando uso este verbo- a un almendrón que dejaba a sus pasajeros en la puerta de la terminal y al cual se le aproximaba una avalancha de personas que eran el vivo rostro de la desesperación.

El carro no había avanzado medio kilómetro cuando el chofer nos pidió-en muy mala forma- que le pagáramos. “Ellos hacen eso para que uno no arme escándalos en el Parque de la Fraternidad, donde hay policías”, me dice una señora que sacó un billete de 10 pesos y por el cual nunca esperó cambio.

“Yo no quiero formar líos porque ando con mi niño, pero aquí ya todo el mundo sabe que los pasajes están a 5 pesos y ellos (los boteros) hacen caso omiso a la ley. Pero como aquí nadie quiere buscarse problemas…”, acotó.

“Claro, aquí lo importante es resolver, llegar a la casa o al trabajo en tiempo porque de las guaguas no se puede depender”, agregó en voz baja otro pasajero.

Un muchacho muy joven con quien también compartía en auto, le comentó a este último pasajero: “¿Sabes lo que me dijo a mí uno el otro día? Que él no sabía qué hacían los demás (boteros), pero la gente estaba loca si creían que él iba a cobrar “esa mierda de 5 pesos” por el recorrido”.

Las personas dentro del auto asintieron con la cabeza. Era raro, sí, que un botero pidiera el dinero del pasaje cuando faltaba tanto para llegar al destino final. Por otra parte, el mismo Parque de la Fraternidad –como había predicho la señora- se encontraba lleno de policías, varios de ellos revisando los documentos de algunos boteros que allí parqueaban esperando clientela.

Policías inspeccionando documentos de los boteros
Este artículo es de hace 3 años

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