|


“No importa donde esté, mi corazón no me lo quita nadie. Todos los jugadores cubanos en Grandes Ligas siempre hablamos del orgullo de ser cubano y representar a la Isla en el mejor béisbol del mundo. Ojalá nos dejen jugar algún día en ese evento”.

A las puertas del Clásico Mundial, al jardinero villaclareño Leonys Martín se le sale la nostalgia: “No importa donde esté, mi corazón no me lo quita nadie. Todos los jugadores cubanos en Grandes Ligas siempre hablamos del orgullo de ser cubano y representar a la Isla en el mejor béisbol del mundo. Ojalá nos dejen jugar algún día en ese evento”.

Así dijo el ahora integrante de los Marineros de Seattle –quien asistió por Cuba al Clásico de 2009- en entrevista exclusiva al sitio Cuban-Play, al que le confesó mantenerse al tanto de la actividad extrafronteras de nuestra pelota, pero no de lo que acontece en la Serie Nacional.

Según Martín, el cambio que lo llevó de Texas a Seattle era algo que le había pedido “a Dios desde que se acabó la temporada 2015”. Y no solo por su conocida predilección por el Safeco Field, estadio que siempre le fue favorable, sino porque “ya no me sentía cómodo en la organización (de los Rangers). Tuvimos muchos inconvenientes y se hicieron cosas malas”.

En otro momento de la charla con Cuban-Play, Martín afirmó que durante los entrenamientos primaverales haría hincapié en la mejoría del contacto, habida cuenta de que en la última campaña promedió un ponche cada cuatro visitas al home plate. “Hay que hacer ajustes, cada año se hace más difícil batear”, dijo, para luego señalar que se siente bien en cualquier turno ofensivo. “Lo único que busco es ver mi nombre en el line up todos los días. Mi pasión es jugar”.

Más adelante reveló que se siente muy a gusto robando bases (de por vida ha logrado 108 estafas en 140 intentos) y al campo. “Jugar corto es algo que me ha dado mucha confianza de retarme yo mismo y mejorar constantemente”, aseguró.

Al referirse a su promedio histórico en la MLB (un discreto .252), Martín recordó que cuando jugaba en la Isla había unos diez lanzadores que tiraban por encima de 92 millas por hora, y que en las Mayores cada plantilla dispone de unos nueve hombres capaces de superar las 95 en el radar. “Esa es una de las grandes diferencias entre Cuba y las Grandes Ligas”, apuntó.

Finalmente, interrogado por lo que más extraña del béisbol cubano, no escondió los deseos de jugar en el terreno donde se hizo pelotero. “En esos estadios –añadió- donde los fanáticos sienten y te apoyan con cosas que no tienen comparación. Extraño ir por la calle y que donde quiera la gente te conozca y te hable de pelota”.



CiberCuba no modera los comentarios, utilizamos herramienta de Facebook que permite a cualquier usuario denunciar con facilidad comentarios ofensivos, violentos, etc. Esperamos que nuestros usuarios sean activos moderadores de los comentarios utilizando esta sencilla herramienta.


Te puede interesar