“Santiago desde el aire”: primer audiovisual con imágenes de dron

Como productora audiovisual y con tecnología única, ha trabajado con artistas de Suecia y Estados Unidos, y nacionales como Haila María Mompié, con PMM, Gente de Zona, el Maestro Ricardo Leyva y Sur Caribe, con Silvio Rodríguez, Cándido Fabré, también con el ICAIC

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Foto © CiberCuba/José Roberto Loo Vázquez

Este artículo es de hace 4 años

El santiaguero Ray Milá Vega, junto a su productora audiovisual «Milatrón», posteó un video que en pocas horas tuvo más de 30 mil reproducciones en Facebook. ¿La novedad? Se trataba de las primeras imágenes filmadas con un dron en Santiago de Cuba y presentadas en internet en forma de material artístico. A los pocos días, tenía más de 54 mil reproducciones y se había compartido más de dos mil veces.

“En 2016, cuando anunciaron que el huracán Matthew podía afectar la ciudad, rápidamente decidí que había que tomar esas imágenes aéreas, especialmente después de lo mucho que se había recuperado tras el paso del ciclón Sandy en 2012. Esos clips iban a tener un tremendo valor documental si Matthew realmente pasaba por aquí, y quedarían para la historia”, asegura Ray Milá Vega, director de la productora audiovisual «Milatrón».

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Y el éxito del video «Santiago desde el aire» en Facebook no fue casual. Básicamente, y sin saberlo, él bien podría ser el último descubridor de esta urbe de más de 500 años pues hizo lo que nunca antes se había logrado hacer: mostrar la antigua villa colonial desde la visión de un dron y presentarlo con el sello de un realizador audiovisual. Realmente las visuales son únicas, espectaculares e impresionan hasta el santiaguero más rellollo.

Pero llegar a este «jonrón», le exigió a este santiaguero inventiva, resistencia y talento. En Cuba mantener una productora audiovisual es un ejercicio constante de supervivencia, de búsqueda desesperada de un modelo de negocio sostenible, con esquemas que escapan a la imaginación y a los estándares de emprendimientos similares en otras latitudes, incluso ahora que el país se ha puesto de moda y este mercado se expande, mientras que territorios como Santiago poco a poco se ponen en la mira de los artistas que buscan locaciones menos «quemadas» en sus obras.

Y tan interesante es el uso del dron –aún una rareza en Cuba tenerlo y usarlo–, como la propia historia de «Milatrón» pues es un ejemplo vivo de voluntad por mejorar el nivel vida en Cuba y de realización profesional y personal.

“Empieza con mi papá en 1990 cuando creó un equipo que era una cajita electrónica a la cual se enchufan entre 5 y 7 flashes, que se disparaban todos a la misma vez cuando se accionaba una cámara fotográfica Zenit. Le bautizó como «Milatrón», por «Milá», su apellido, y «trón», de electrónica. Se puso a funcionar en el estudio «Lídice». Fue bastante conocido entre los fotógrafos de Santiago. Estuvo durante años trabajando pues el Estado no tenía más recursos que un simple flash”.

“Me formé como fotógrafo en el ejército y con mi padre que también lo es. Un día la «Milatrón» estuvo rota. La reparé, pero ya era algo obsoleto. La vendí, no debí hacerlo, pero me ofrecieron un buen dinero, y gracias a eso completé y comencé a modernizar mis equipos. Sacrifiqué la historia por un equipo moderno. Primero adquirí una cámara Yashica, luego una Minolta, después una Nikon. Llegó el momento de las computadoras, tuve que sacrificar mi motocicleta para poder tener una, si no lo hacía, me quedaba atrás. En este mundo, incluso en Cuba, quedarse atrás es un pecado”.

En esa carrera por incorporar tecnología, Ray Milá Vega creó lo que es un hito dentro del desarrollo del audiovisual en Santiago de Cuba, en el oriente y en su carrera profesional, una proeza en la más amplia extensión de la palabra. Se trata de una «cabeza caliente» o grúa de grabación, de unos 9 metros de largo, con un peso de 700 libras, movido por motores electrónicos y sujetado por 132 tornillos, un dispositivo que se emplea en la televisión o en el cine y permite desplazar la cámara a todas las direcciones, siempre por encima de la grabación, y así imprime numerosos recursos expresivos propios de ese arte. En el mundo, tiene un valor aproximado de 30 mil dólares.

“Empecé en 2003 y me tomó 4 años hacerla porque los materiales estaban desaparecidos, enseguida la puse en función de la televisión provincial y de la realización de videos clips con varias productoras audiovisuales privadas de Santiago de Cuba, entre ellas Lía Videos y LCA” asegura Milá y añade que “la «cabeza caliente» marcó un antes y un después en «Milatrón» pues permitió hacer trabajos más competitivos, e incursionar en otros géneros como los dramatizados, además de comerciales, publicidad, videos clips, documentales, todos con mejor factura”.

“Con mi productora he seguido esa línea de crear equipos. También fabriqué un «dolly» de 10 metros, que permite la filmación en movimiento, y un «mini jib», porque una «cabeza caliente» es muy grande y si vas a hacer un trabajo en un espacio pequeño no te sirve y este aparato sí, tiene un metro de altura y puede soportar cualquier tipo de cámara”, asegura.

«Milatrón», como productora audiovisual y con tecnología única, ha trabajado con artistas de Suecia y Estados Unidos, y nacionales como Haila María Mompié, con PMM, Gente de Zona, el Maestro Ricardo Leyva y Sur Caribe, con Silvio Rodríguez, Cándido Fabré, también con el ICAIC, aunque reconoce que “nunca he podido utilizar la «cabeza caliente» en ningún desfile por el Primero de Mayo, siempre he tenido las puertas cerradas en la televisión de aquí de Santiago de Cuba, estuve marginado pero yo soy fuerte, quizás por tener este tipo de tecnología que no la tenía nadie o por la frescura de hacer un equipo tan caro, y soy el único en el oriente de Cuba que tiene una grúa de grabación. Eduardo Feria, en Holguín, antes tenía una, y fue quien me enseñó a hacerla, pero se mudó para La Habana”.

Aunque Milá reconoce tener una pasión desbordada por la construcción de equipos relacionados con la realización audiovisual, y asegura que es un mercado virgen, no puede satisfacer sus deseos de dedicarse a esto porque “se sufre mucho, para hacerlo no solamente hay que tener la idea y los conocimientos, sino hay que tener la tecnología o acceso a ella, y es muy específica y precisa. Los huecos que hay que hacer a la estructura, por ejemplo, no se hacen con cualquier taladro, sino con uno vertical, para que el orificio quede centrado… es la única manera de garantizar precisión, limpieza y calidad en las imágenes que se consigan. Y todo eso es difícil de lograr. Ahora estoy buscando los recursos para hacer un «dolly circular» y un «mini jib» específico para filmar video clips”.

La apertura en Cuba a la actividad privada le ofreció a Milá la oportunidad de trabajar con este sector emergente en la realización de publicidad que luego se colocaba en el «paquete». Esta nueva arista se sumó a los videos de quince, de cumpleaños, de boda, documentales, spots, series dramatizadas que hacía desde antes, “aunque lo que prefiero son los video clips y los recitales musicales, económicamente no dejan mucho, porque uno hace un video clip y llega a hacer un dinero, pero pasa mucho tiempo hasta hacer otro porque en esta ciudad la realización de esos materiales no es tan seguido. Ese puente entre uno y otro yo lo busco con el alquiler de los equipos”.

Trasladar equipos costosos, pesados, que requieren personal especializado en su uso, encarece los costos de cualquier producción. Y justo esa brecha es donde Ray Milá junto a «Milatrón» se han convertido en un negocio exitoso.

En el 2016 llegó a sus manos la última adquisición. Se trata de un dron Phantom 3, de la gama profesional, y así se convirtió en el primer realizador audiovisual santiaguero en tener un equipo de este tipo, “antes de que otros lo tuviesen, como sucede en la actualidad, me decidí a hacer «Santiago desde el aire», para eso estudié los lugares específicos y la hora en que quería hacerlo

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"Yo no lo hice con la idea de venderlo, porque soy un artista, pero no obstante a la belleza de la ciudad, después del impresionante trabajo de recuperación tras el paso de Sandy, a la delegación provincial de turismo no le interesó comprar el material, y eso me dolió muchísimo. Ahí se ejemplifican los 33 lugares emblemáticos de Santiago de Cuba. Al Primer Secretario del Partido, a Lázaro Expósito, sí le encantó y él me habló de dárselo a la televisión, y bueno así lo hice y se regaron las imágenes. «Santiago en el aire» quedará para la historia porque con los años la ciudad cambiará”.

Aunque el material económicamente nada aportó a Ray Milá y a «Milatrón», sí mostró lo que podía hacer en materia de realización, y de cierta forma –aunque está entre las productoras audiovisuales más antiguas del oriente de Cuba– las ubicó en el mapa como una de las que mejor tecnología tiene, al menos en la parte más alejada de la capital.

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“Con el dron he trabajado recientemente con Edesio Alejandro, en Bayamo, en la filmación de una película, y también lo puse a disposición de la filmación que se le hizo a Haila en Santiago”, asegura.

“También, con el dron me han pasado muchas cosas curiosas. He chocado dos veces, gente de las FAR me han regañado varias veces, con el tiempo he tenido que aprender que ese tipo de dron no vuela en los aeropuertos ni en corredores aéreos. El morro es un corredor aéreo, ¿cómo logré filmarlo entonces? Fácil. Antes volé bajito en la zona de La Estrella y el dron sincronizó esa área, cuando lo volví a encender en el Morro, aún sincronizó la zona anterior y por eso me permitió volar. Lo hice lo más rápido posible. Cuando ya había terminado me llamaron de las FAR al móvil, y me advirtieron que no podía hacerlo ahí pues podía poner en riesgo la seguridad de los vuelos. Enseguida me contactaron porque en Santiago de Cuba solamente hay dos drones. Esa es una ventaja porque saben cuál es nuestro trabajo y nos hemos ganado un respeto porque saben que nunca estamos haciendo nada malo”.

He chocado dos veces, gente de las FAR me han regañado varias veces, con el tiempo he tenido que aprender que ese tipo de dron no vuela en los aeropuertos ni en corredores aéreos

«Milatrón» en la actualidad se encuentra en negociaciones con realizadores de otros países que quieren venir a filmar a la ciudad de Santiago de Cuba, una urbe que tiene escenarios, lugares, personas… recursos valiosos para construir una historia audiovisual, “quiero que vengan, no solo por cuestiones económicas, sino para demostrar que «el habanero» no es el único capaz de hacer un buen audiovisual en el país, y aquí hay locaciones espectaculares, y yo las conozco muy bien”.

“Mi mayor satisfacción o logro personal es la «cabeza caliente», porque la construí con mis propias manos y puso a «Milatrón» en un plano superior, a la vez me dio una gran insatisfacción y es que a la televisión local nunca le interesó, no así los realizadores de otras provincias o países sí valoran ese trabajo y la calidad de mi creación. Cuando ellos se enteran que no lo compré, sino que lo construí, me respetan más, y doble respeto cuando ven la calidad de las imágenes que se logran con él. Por eso la «cabeza caliente» está en el logo de mi productora audiovisual”, resalta Milá.

En Cuba no es difícil tener una productora, mantenerla es donde está el problema”, sentencia.

Uno de los ejercicios intelectuales más difícil que puede hacerse en Cuba es comprender las dinámicas internas de un negocio privado. Primero crear, y luego hacer exitoso y sostenible un emprendimiento, es casi un suspiro de vida profundo, una bocanada de aire que se repite con el frenético ritmo de un asmático para no ahogarse.

«Milatrón», con Ray Milá Vega, ha sabido encontrar una fórmula bastante efectiva en estos predios marcados, históricamente, por los designios del fatalismo geográfico: talento, mucha voluntad, decisión de sacrificar cualquier cosa, e inteligencia, primero para ver las oportunidades y cogerlas bien fuerte con ambas manos; y segundo, para ver las coyunturas que posibilitan los cambios y transformaciones de la Cuba actual.

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.