Trump se debate entre retoques simbólicos o grandes cambios hacia Cuba

La política hacia la isla no parece prioritaria ni para la agenda política ni para los intereses geoestratégicos del presidente de Estados Unidos.

Twitter / Donald Trump
Donald Trump en un discurso presidencial hacia la nación estadounidense Foto © Twitter / Donald Trump

Este artículo es de hace 4 años

Washington, 4 jun (EFE).- Siguen apareciendo informaciones relacionas a los posibles cambios en la política de Estados Unidos hacia Cuba mientras continúa el silencio de la Casa Blanca al respecto.

En los últimos días se dijo que el dirigente norteamericano prepara modificaciones drásticas tal y como anunció durante su campaña electoral. Ahora falta ver si hará cambios de calado o preferirá llevar adelante retoques simbólicos para no entrometerse demasiado en la guerra de pasiones que genera el asunto.

Trump planea una aparición en la que anunciará sus conclusiones acerca de la revisión sobre la política de apertura a Cuba impuesta a partir de diciembre de 2014 por su predecesor, Barack Obama.

El Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, encargado de la revisión, ha confirmado que presentará pronto opciones al presidente para que decida, y se rumorea este podría anunciar su decisión en Miami, Florida.

Varias fuentes familiarizadas con el proceso aseguraron que la Casa Blanca analiza la posibilidad de prohibir que las empresas estadounidenses negocien con entidades que tengan lazos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, así como endurecer las restricciones a los viajes de norteamericanos a la Isla.

Pero nada es definitivo hasta que Trump, conocido por su carácter voluble, tome una decisión. Hasta el momento no parece prioritario ni para su agenda política ni para sus intereses geoestratégicos.

Trump dijo en una entrevista hace poco más de un año que no le importaría abrir un hotel en Cuba y durante las primarias republicanas se mostró favorable a la reapertura.

No obstante, Trump se fue alineando con la línea dura anticastrista a medida que buscaba votos en Florida el año pasado y prometió que "revocaría" las medidas de Obama " a menos que el régimen de los Castro" restaurara "las libertades".

La Casa Blanca prioriza los derechos humanos

La Casa Blanca ha asegurado que dará prioridad a los derechos humanos en su revisión de la política hacia Cuba y el pasado 20 de mayo Donald Trump se comprometió a respaldar una transición a un Gobierno cubano que "defienda los valores democráticos".

Por ahora nadie en la Casa Blanca parece plantearse una ruptura de las relaciones diplomáticas o de los acuerdos alcanzados en los últimos dos años en temas de interés común.

Pero la revisión de la política hacia Cuba ha generado una brecha entre los veteranos de agencias como el Departamento de Estado y el de Agricultura, que defienden el "statu quo" y los estrategas políticos de la Casa Blanca que quieren cumplir la promesa de campaña de Trump.

En ese debate han tenido una influencia clara dos legisladores republicanos de origen cubano, el senador Marco Rubio y el congresista Mario Díaz-Balart, quienes presionan desde hace meses para moldear los posibles cambios de política.

"Estoy seguro de que el presidente cumplirá su promesa y hará cambios selectivos, estratégicos y que ayuden a la libertad política y económica" en Cuba, declaró Rubio en un comunicado esta semana.

Las aerolíneas y las exportaciones como daños colaterales

Lo que conseguirían esos cambios "es disuadir a las compañías estadounidenses de exportar a Cuba o hacer negocios en Cuba" por miedo a exponerse a multas, indicó a Efe Robert Muse, un abogado experto en la legislación estadounidense.

Con él coincide Ted Piconne, un experto en Cuba en el centro de estudios Brookings, quien declaró que la medida disuadiría a empresas estadounidenses de invertir en "construcción, transporte público, hoteles, puertos o seguridad aeroportuaria" dado el "importante papel" del Ejército cubano en esos sectores.

Trump también podría entorpecer el negocio a las aerolíneas y cruceros que han empezado a programar trayectos regulares a Cuba, en caso de que decida endurecer las restricciones a los viajes de estadounidenses a la Isla, como pronostican algunas fuentes.

Los rumores sobre los posibles cambios han decepcionado a parte del los seguidores de Obama que temen ver diluirse otra pieza de su legado tras la retirada de Trump del Acuerdo de París sobre el clima.

"Parece que no entiendan que hay un apoyo mayoritario entre los estadounidenses a la apertura a Cuba. Están enfocando esto como si fuera 1996 y no se dan cuenta de que las cosas han cambiado", dijo a Efe el exasesor de Obama para Latinoamérica Mark Feierstein.

Pero todo está por decidir y algunos, como Muse, apuestan a que el próximo anuncio de Trump sobre Cuba no será el último, sino que el mandatario buscará hacer suyo el acercamiento mediante la búsqueda de un "gran acuerdo" con la Isla, como sugirió durante la campaña electoral.

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