Maduro y Raúl Castro Foto © Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Venezuela no es Cuba, decían

Este artículo es de hace 3 años

Así decían. Nos decían. Era una especie de mantra de cuatro palabras con el que todo diálogo terminaba. 

Venezuela no es Cuba. Un tufillo de arrogante tranquilidad, una sonrisita picarona.

Y nos recordaban que en las calles venezolanas sí había armas, que podían ser utilizadas por una insurgencia contra el gobierno en caso de que hiciera falta.

Pero más que todo nos recordaban que sus instituciones sí funcionaban. Era una losa difícil de mover en una discusión: los cubanos llevamos sesenta años sin saber a qué sabe una institución separada del gobierno. No entendemos si se come, se fuma, qué diablos es. 

Pero ellos sí, nos recordaban. Ellos habían salido ya de sus dictaduras y habían reconstruido un país a base de separar de poderes y enseñorear el voto electoral. Coño, el voto: eso que tampoco sabíamos los cubanos lo que era.  

Y Venezuela tampoco era Cuba, nos decían, porque los venezolanos no se iban. Ni en balsa ni en trenes ni con nacionalidades españolas. Y ahí tampoco podía uno ripostar demasiado: era verdad. La gran mayoría de los venezolanos estaba allí, en casa. Para bien o para mal.

El problema es, justamente, cuando todo empezó a ir mal.

Cuando pasaron tres, cinco, quince años de chavismo hasta desembocar hoy en este horror llamado madurismo, con los mismos personajes siniestros hundiendo el barco colectivo, con los mismos matones de barrio siendo un día vicepresidente y otro día parlamentario, siendo un día canciller y al siguiente presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente, siendo un día defensor del pueblo y al otro abusador del pueblo.

Cuando empezaron los problemas, entonces culparon a los cubanos.

Quemaron banderas. Pintaron carteles. Que se fueran los cubanos, decían entonces, como si con un trozo de tela quemada pudieran borrar las montañas de votos legales por los que ganó Hugo Chávez en cuanta elección debió validar su mandato.

Y ahí uno se queda con carita japonesa –que diría Senel Paz-, mudiperplejo, porque es como si de tanto recordarnos a los cubanos que ellos no eran nosotros, que no eran pendejos o amaestrados como nosotros, algún dios burlón terminara por enfrentarlos a la evidencia: no, Venezuela no es Cuba, pero quién sabe si es hasta peor.

Hoy ya no recitan el lema, quizás por pudor, quizás por dolor. No lo sacan de bajo la manga, ahora que Venezuela es más noticia que Cuba: padece más hambre, más escasez, y más violencia, que la que pudo instalar en la Isla el castrismo en sesenta años.

Dieciocho les ha bastado a los bastardos chavistas-maduristas. Algo me dice que son mejores en el arte de destruir que los propios castristas. Aunque suene hiperbólico y duro de creer.

¿Por qué han sido mejores? Digamos que porque Cuba ha sido toda la vida un país de café con leche y chicharrones, por citar a Estrada Palma. Cuba solo ha tenido sobradas reservas de nalgas de mulatas y de brazos bateadores de jonrones. Las reservas de Venezuela… qué coño, no voy ni a mencionarlas. 

Ahora que el chofer Nicolás ha desmantelado el único reducto de oposición institucional, desinflando a la Asamblea Nacional como si sus parlamentarios fueran fantoches de aire; ahora que la Fiscal General ha sido reemplazada por el joven cancerbero del madurismo; y ahora que tras meses de protestas y marchas y trancazos y bombas de mierda y violinistas con pómulos partidos, lo único, lo tristemente único que se puede sopesar como consecuencia real, fáctica, es un horrible cementerio de 120 cuerpos sacrificados, quizás valga la pena preguntarles a los desafiantes venezolanos si todavía sostienen que Venezuela no es Cuba.

Y no por el valor demostrado en sus calles. Más bien, por el horror que llevaron a Venezuela a través del voto. Que nadie se olvide de cómo empezó toda esta larga noche: 56% Hugo Chávez - 40% Henrique Salas Romer. Año 1998.

Ahora que los países de la región se miran espantados, alistándose ante la avalancha migratoria inevitable (370 mil venezolanos huyeron a Colombia solo en 2016); ahora que la polineuritis avitaminosa no es exclusividad del Período Especial cubano, y que las filas ingentes para comprar aceite o papel higiénico son más conocidas en el mundo por Venezuela que por Cuba; y sobre todo: ahora que Venezuela está aislada del planeta entero y sus pobres ciudadanos vivirán en lo adelante –nadie sabe por cuánto tiempo- en ese “estado de sitio” en el que hemos malvivido los cubanos todo este tiempo, ¿de verdad Venezuela no era Cuba? ¿Ni siquiera un poquito?

Cruel cucharada de humildad le embute el destino a los venezolanos: nadie está a salvo de dictaduras. Nadie. 
Burlarse de quien padece una dictadura diciendo que a otro perro con ese hueso, a otra isla con ese Robinson, equivale a reír de quien padece de cáncer solo porque hoy tu diagnóstico te permite respirar aliviado. 

Nunca sabes cuándo un cáncer decidirá podrir tus células. 

Nunca sabes cuándo una dictadura decidirá podrir tu país. 

Este artículo es de hace 3 años

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Ernesto Morales

Periodista de CiberCuba

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