Giancarlo Stanton Foto © Wikimedia Commons

Giancarlo siendo Stanton

Este artículo es de hace 3 años

Con la estatura de Michael Jordan, la esplendente juventud de los 27 años y el poder destructivo de una bomba atómica, Giancarlo Stanton es, con seguridad, el toletero más temido a día de hoy en todo el béisbol.

Decir “tiene 43 jonrones a mediados de agosto” podría dar una idea de cuán acelerado anda el de los Marlins, pero siento que hay frases mucho más elocuentes para describir lo que está haciendo el grandote de Panorama, California.

Por ejemplo, se puede parafrasear lo que dijera alguien en un tweet: “Stanton tiene 22 jonrones desde el cinco de julio. Los Gigantes de San Francisco tienen 21 jonrones desde el cinco de julio”.

O advertir: “A este paso podría superar a Alex Rodríguez”. Total, no habría espacio a las burlas, pues su arribo a 250 jonrones se produjo en 941 juegos de pelota, una cifra que A-Rod alcanzó con la misma edad que él, pero en 334 compromisos más.

Sencillamente, el hombre está on fire. Su despegue empezó justo después del Independence Day, y de entonces al lunes pasado ha descrito una secuencia alucinante de .328/.440/.928, con los referidos 22 cuadrangulares, nueve dobles, 43 carreras empujadas, 37 anotadas y 21 boletos. En ese lapso más de las tres cuartas partes de sus hits son extrabases, y su OPS de .1368 parece más alguna fecha histórica que una estadística de béisbol.

Ahora mismo, lanzarle es un alarde de estulticia. Había largado 21 bambinazos en 81 encuentros, se comentaba que vivía una temporada (para él) grisácea, y de pronto sacó las turbinas: 34 desafíos más tarde, ya es el líder de todas las Mayores. Ha vencido las cercas en nueve de sus últimas once salidas, y va por cinco juegos sucesivos consiguiéndolo.

En Stanton se conjugan, ya se sabe, las dos características hermanas del slugger: el batazo que sale del estadio con esa fuerza más, y el ponche. Todavía persigue la slider como un gatito dócil, casi del mismo modo en que lo hacía al debutar en 2010 bajo otro de sus nombres, Mike. Pero a un hombre que pega un jonrón cada 13,6 estancias en la caja de bateo (la cuarta mejor frecuencia de la historia tras McGwire, Ruth y Bonds) hay que admitirle pecadillos como ese.

Está en un año grande. Ya estableció un record personal en bambinazos y ahora persigue su tope de impulsadas (suma 93, a doce de las que empujó en 2014). Será también, casi seguro, su campaña de cabecera en hits, tubeyes y anotadas. Es el número uno de todas las Mayores en slugging con .640, y su OPS excede los mil puntos. ¿A qué más?

Muerto José Fernández, si alguien lleva fanáticos al Marlins Park es él. La gente paga sus butacas para ver más de cerca esos swines formidables que mandan la Rawlings a unos 500 pies, o más difícil aún, la despiden de línea por la banda contraria. Sin quererlo, es el showman del estadio.

A Aaron Judge, el novato más grande en mucho tiempo, lo nombraron el juez. Si esto es verdad, Stanton es fiscal y verdugo en una pieza.

Este artículo es de hace 3 años

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Michel Contreras

Periodista de CiberCuba, especializado en béisbol, fútbol y ajedrez.

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