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Osleidys Menéndez ¿la mejor atleta de Cuba?

Este artículo es de hace 3 años

¿Cuántas veces nos hemos preguntado sobre quiénes son los mejores deportistas cubanos, en uno y otro sexos, de por vida?

Claro, hay que distinguir entre deportes colectivos e individuales porque, por ejemplo, a Mireya Luis, la más espectacular de las morenas del Caribe, no hay quién le quite su mérito; pero, ¿en los individuales, específicamente entre las damas?

Sobresalen varios nombres: judocas como Driulis González e Idalys Ortíz, la martillista Yipsi Moreno, la corredora Ana Fidelia Quirot o la jabalinista María Caridad con su inédito e insuperable aval de ser la primera campeona olímpica de Iberoamérica.

Sin embargo, analizándolo con puntos y comas, yo me inclino por la también jabalinista Osleidys Menéndez, el Dardo Antillano, a quien en su niñez le encantaba lanzar pelotas como un pitcher.

Entrevistar a esta matancera nacida en el municipio de Cárdenas el 14 de noviembre de 1979 no es nada fácil. Seria, muy centrada en su quehacer diario, Osleidys nunca fue fácil de abordar.

Aún recuerdo cuando apenas una muchachita, en el Campeonato Mundial de Atletismo de Atenas 1997, me ayudó a introducirme en el hotel que servía de villa a los atletas cubanos, pues a la prensa le negaban la entrada, y yo iba como parte de la delegación pero los organizadores no lo entendían.

Y allí, la chica que nunca hablaba, organizó una “banda” con los integrantes del relevo corto masculino y la entrenadora Amarilis Hernández para ayudarme a subir por la escalera de incendio y poder “trepar” por una ventana.

Les cuento esto porque, realmente la cubana es, además de magnífica atleta, una gran persona.

Doble campeona mundial juvenil, doble monarca del orbe de mayores, titular olímpica en los Juegos de Atenas en el 2004 y en 2 ocasiones recordista del planeta, son méritos más que suficientes para respaldar mi aseveración.

“Aunque nací en Cárdenas, di mis primeros pasos en Martí, donde actualmente vivo y trabajo. A los 11 años comencé a entrenar con Olga Lidia Díaz y Pedro Menéndez, quien es el actual director de deportes del municipio.”

Pero, rápidamente, con apenas 15 abriles, la matancera llega a La Habana bajo la égida del ex jabalinista Dionisio Quintana quien la observaba desde hacía meses cuando la conducía en Matanzas el preparador Noel.

“Llegó aquí (La Habana) en septiembre de 1994. Comenzamos a hacer un trabajo técnico. Era una muchacha muy delgada, yo le puse la flaca. Se caracterizaba por ser muy exigente con ella misma. Trabajaba hasta los fines de semana y así empezó a mejorar paulatinamente”, nos dice Dionisio.

“Sus resultados se debieron siempre a su estricta disciplina y el tesón que le ponía todo lo que yo le indicaba en sus entrenamientos, con la mirada puesta en metas bien ambiciosas, que a la postre alcanzó.”

Osleidys también recuerda aquellos momentos de juventud: “es muy bonito recordar esos inicios con Dionisio. Llegué a La Habana lesionada en la rodilla derecha y él jamás me apresuró. Fuimos trabajando poco a poco. Muchas personas se le acercaron para decirle que yo era muy delgada, pero lo que desconocían era la potencia que yo tenía en mi brazo, y mira, el tiempo nos dio la razón.

“Por cierto, una de las personas que nos visitaba mucho y que sí nunca dudó de mí fue la mismísima campeona olímpica María Caridad Colón. Yo siempre me inspiré en ella y me decía 'yo supero los 68 metros de María Caridad en Moscú, yo voy a tirar más de 70 metros'. Echábamos competencias y siempre nos hacíamos bromas, que si ella ganaba o lo hacía yo. Eran momentos muy felices que nunca olvidaré”.

Por cierto, también tuve la oportunidad de conversar con María Caridad y sus palabras fueron tajantes: “ganó todos los títulos, para mí es la más grande del atletismo femenino cubano”.

Es difícil hablar establecer una cronología de los éxitos de Osleidys: Mundiales Juveniles, oro con 16 años en Sydney, Australia en 1996, y oro de nuevo en Annecy, Francia, dos años después, aquí con un respetable 68 metros 17 centímetros: la mejor marca mundial de esa temporada. Ya en certámenes de mayores fue cuarta en el Mundial de Sevilla 99 y tercera en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

En el 2001, el Dardo Antillano se cubriría de gloria. La helénica Creta la recibió con los brazos abiertos, poco antes del Mundial de Edmonton.

Dicen que hasta el mítico Minotauro salió de su laberinto para ver el descomunal envío de la cubana que estableció su primer primado planetario: 71 metros 54 centímetros.

“Era el primero de julio de 2001. Yo lanzaba con una jabalina NEMEC, hago el primer lanzamiento por encima de los 64 metros y no me satisfizo. Yo estaba bien. Y resulta que todas las competidoras le cayeron encima a mi jabalina, y eso un poco que me molestó. Decidí entonces coger otra cualquiera y ahí salió el récord del mundo: primera ocasión que una mujer quebraba la barrera de los 70 metros tras el cambio del centro de gravedad del implemento.”

Y también en el 2001, la ciudad de Edmonton, perteneciente al estado de Alberta en Canadá, acogía a la cubana como a una de sus protagonistas principales y la criolla no defraudó.

“Yo llegué allí con mucho nerviosismo. Estaba obligada a ganar después del récord, y en el primer disparo marqué 69, 53, plusmarca para el evento. Además del título sentí dos grandes alegrías; primero que mi compañera Sonia Bicet ocupara el podio como tercera y segundo, haberle ganado a la griega Mirela Magnani Selini, que me había quitado la plata en Sydney. Me arranqué la espinita.”

Tras un período de lesiones, la Menéndez vuelve con furia a la alta competición y nada menos que llega a los Juegos Olímpicos de Atenas en plenitud de forma. Allí estaba lo que más valía de la jabalina mundial, y de nuevo, en el primer intento hizo volar y volar aquel dardo que tal parecía no iba a caer nunca.

“Hasta yo me sorprendí. Aquellos 71 metros 53 centímetros me aseguraron el cetro que me faltaba, y el más valioso, el olímpico y con plusmarca para los Juegos. Para mí fue histórico. Grecia siempre me benefició.

“Yo creo que los dioses del Olimpo me daban energía, me empujaban la jabalina. El clima me favorecía, me sentía como en casa. Cuando llegué a la zona mixta y vi a todos aquellos periodistas detrás de mí. Aunque soy de pocas palabras estaba eufórica.”

Pero a la senda triunfal de Osleidys le quedaba un importante peldaño. La gélida y lluviosa Helsinki sería la sede para el segundo récord mundial de la cubana.

“Pues yo no creí en el mal tiempo y, otra vez en el primer lanzamiento clavé el dardo hasta los 71 metros 70 centímetros, y eso que estaba lesionada en mi pierna izquierda. Pero yo estaba tan bien que caminando lanzaba más de 65. ¿Rivales? Todas.

“Todas quieren luchar y entrenan para lo mismo, excelentes como la propia griega Mirela, o la germana Steffi Nerius, la finesa Trine Hattestad. Muchas y con clase. ¿Y qué decir de la actual recordista y campeona absoluta, la checa Barbora Špotáková? Una fuera de liga”

Y así, en plenitud de forma, el Dardo Antillano fue decayendo en su forma física, subió mucho de peso, su brazo no tenía la fuerza de antes. Así y todo fue finalista en los Juegos Olímpicos de Beijing donde. esa vez, solo una periodista la estaba esperando en la zona mixta, esta reportera, y juntas nos abrazamos y recordamos hazañas y triunfos, olvidando un tanto el pesar de tener que decir adiós a lo que se ama.

“Cuando pasé al retiro yo estaba confiada en que me llamarían a formar parte del equipo de entrenadores de jabalina de la pre selección nacional junto a Dionisio, Isbel Loaces. Pero nada. Me sentí tan sola, tan triste, tan abandonada, que decidí regresar a mi querido Martí, donde entreno a un grupo de niños que quieren ser como yo.”

¡Qué difícil es escuchar esto, ¿verdad? Es cierto que no todos los grandes atletas son grandes entrenadores, pero al menos al Dardo Antillano tenían que darle esa oportunidad y quién sabe si ya tuviésemos a otras Osleydis por el mundo haciendo de las suyas. Lo cierto es que ahí está su gloria, ahí está su historia, ahí están sus hazañas. ¡Eso no lo puedo olvidar nadie!

“Me gustaría ser recordada como un buen ser humano, una atleta ejemplar que todo lo que logró lo hizo con disciplina y muchísimo esfuerzo. Así me gustaría que mi pueblo, por el que todo lo di, me recuerde”.

Este artículo es de hace 3 años

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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