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Un año sin el "Divo de Juárez"

Este artículo es de hace 3 años

Este lunes todo México se volcará en homenajes a Juan Gabriel, ese ídolo de la canción romántica que supo vencer los prejuicios y levantarse en más de ocasión frente a los difíciles obstáculos de la vida, para retratar los sentimientos y las esperanzas de los mexicanos y en general de todos los latinos.

Juan Gabriel o Juanga, como lo conocían sus admiradores, se fue exactamente hace un año, el pasado 28 de agosto, y México lo lloró desconsolado como si con su muerte se hubiera ido también de golpe un pedazo de la historia del país.

El cantante, hijo de campesinos, conoció desde temprano las penurias y las heridas de la pobreza. En los primeros años de su juventud fue a parar tras las rejas por un delito que nunca cometió, se ganó la vida en las calles como vendedor de comida rápida y luego llegó a Ciudad México con la idea de acariciar el triunfo como cantante.

En la búsqueda del éxito conoció la felicidad y la tristeza, las miradas desdeñosas, la negación rotunda de las disqueras cuando le tocó las puertas; todo eso hasta que un día le sonrió la suerte y logró grabar su primer disco a los 21 años.

En ese álbum había grabado sin saberlo el tema con el que empezó su ascenso a la inmortalidad del alma, los corazones y la lágrima fácil de los latinos. "No tengo dinero" fue ese éxito total con el que dejó atrás la vida de penurias y alcanzó el sueño de convertirse en estrella de México. El cantante consolidó su leyenda con obras como "Querida", "Abrázame fuerte" y "Hasta que te conocí", que los latinoamericanos incorporaron entre las insustituibles en su memoria afectiva.

Cuentan que en México, hasta los hombres más recios caen ante los temas del llamado "Divo de Juárez" y dejan escapar un suspiro o una lágrima por alguno de esos amores extraviados que Juanga se hizo experto en recordar.

Al mexicano no le hacían falta las luces, el exceso de tecnología o el despliegue de los recursos del mundo del espectáculo. Él era en sí mismo un show cuando subía al escenario. Con sus camisas rosadas, sus pantalones de encaje y su típico maquillaje, devenía en un objeto de admiración cuando interpretaba esas canciones que los mexicanos y el resto de los latinos no han dejado de escuchar durante décadas.

No han sido pocos los cubanos que han hecho de Juanga un ídolo. Tanto en la Mayor de las Antillas como en cualquier país del mundo, los cubanos escuchan a este cantante mexicano como si de alguna manera también les recordará su vida en la isla o algún retazo de sus afectos o infortunios.

Como todo mito, su muerte no pudo escapar de las miserias humanas. Sus hijos, a un año de su partida, aún se disputan el testamento y los bienes del "Divo de Juárez", eso sin mencionar el engaño que promovieron al llevarse en secreto el cuerpo para incinerarlo mientras México salía a las calles para despedirlo al paso de la caravana fúnebre con el supuesto cadáver del cantante.

Hoy todo México volverá a ser ese escenario dispuesto para que Juan Gabriel vuelva a brillar con las canciones con las que logró atrapar, como nadie, el desencanto por los amores sufridos y los melodramas más encarnizados del alma latina.

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