Cubana residente en EEUU organiza viajes a Cuba Foto © Imágenes cortesía de las entrevistadas

Proyecto con turistas norteamericanos en peligro por administración de Trump

Este artículo es de hace 3 años

Por tres años consecutivos, Maricel Lucero y Sara Bahrehmand han organizado viajes turísticos a Cuba con el objetivo de que ciudadanos estadounidenses conozcan la isla, su cultura y su gente, también para que visiten sitios de interés y, sobre todo, para que aprendan a bailar rumba, son y salsa en pareja y en rueda, al estilo de los nacidos en la mayor nación del Caribe.

Ellas confiesan ser «amigas salseras» y que esta iniciativa, además de acercarlas aún más, resulta ser un emprendimiento profesional de moda, en auge y con gran perspectiva de desarrollo futuro. Al menos así lo avizoraban hasta hace muy poco tiempo.

Cortesía de las entrevistadas

Sin embargo, a la luz de los nuevos cambios políticos que ha anunciado la administración de Donald Trump hacia Cuba, ahora ellas ven en peligro su joven proyecto, aunque insisten en que no dejarán de organizar estos viajes, no solo por el beneficio económico que les reporta y las perspectivas de desarrollo que tiene sino, y sobre todo, porque el baile es una pasión que se agradece y se vive con mayor intensidad cuando se hace entre amigos y en una tierra como Santiago de Cuba, dilecta entre los amantes de los ritmos movidos. Antes enfrentaron numerosos obstáculos, y hoy lo volverían a hacer de ser necesario, afirman.

“Estamos un poco preocupadas de cómo van a cambiar las leyes con el presidente Trump” asegura Maricel quien nació en Santiago de Cuba y hoy vive en Estados Unidos, y añade que “tenemos esperanza de que podamos seguir trayendo grupos de turistas, ya buscaremos la manera”.

Cortesía de las entrevistadas

“En el año 2001 comencé a traer agrupaciones al Festival de Coros de Santiago de Cuba, desde entonces he pasado por varios presidentes, algunos han sido más flexibles que otros.

Cortesía de las entrevistadas

"Geroge W. Bush fue el peor de todos, y en ese entonces tuve que asociarme con una iglesia y buscábamos una licencia religiosa para poder venir. Con Clinton recuerdo que las cosas culturales y educacionales se hacían sin muchos problemas. Obama fue el más fácil de todos pues por primera vez pudimos venir directamente, comprando los pasajes en Internet, no a través de una agencia, fue para nosotras una cosa muy nueva e increíble. Obama estableció licencias generales y no tuvimos que pedir una específica. Antes lo hacíamos a través de Canadá”, asegura Maricel.

En el año 2001 comencé a traer agrupaciones al Festival de Coros de Santiago de Cuba

“Parece que Trump quiere controlar todo a partir de agencias específicas de viajes autorizadas, entonces no podríamos nosotras mismas traer los grupos, tendríamos que ir a una de esas agencias y las actividades que podríamos hacer serían muy estrictas, yo espero que eso no sea verdad… estoy tratando de ser muy optimista porque serían muy difícil para nosotras”, acota.

Cortesía de las entrevistadas

La iniciativa que lideran este par de emprendedoras, y que en Facebook tiene un grupo llamado Salsa Gypsies International, es una idea que nació en 2015 y desde entonces les ha motivado a venir todos los años siempre en el mes de julio.

Cortesía de las entrevistadas

El amor por el baile les ha llevado a incentivar entre sus allegados las ganas de viajar a Cuba, en especial a la «tierra caliente», que consideran lugar ideal por su patrimonio sonoro. Sin saberlo, han hecho lo que a otros les ha sido imposible: buscar alternativas diferentes al destino «sol y playa» y usar la música como un atractivo turístico, pero de manera sistemática. Entre los sueños de estas dos mujeres está viajar a Santiago más de una vez al año, que es como lo hacen actualmente.

Cortesía de las entrevistadas

La primera vez, en 2015, decidieron hospedarse en el Hotel Casa Granda, sin embargo, ellas buscaban más el contacto con la gente, con los cubanos, un detalle que hoy escapa entre los principales organizadores de viajes a la isla. Por eso, a partir del segundo y también en el tercer viaje se alojaron en casas cuentapropistas de la calle Santa Rita. Los instructores de baile, además, son particulares igual que los acompañantes para salir en las noches a practicar lo aprendido. Este detalle es, sin dudas, un toque diferente en su propuesta.

Cortesía de las entrevistadas

“Los precios varían según el paquete, que pueden ser una semana o dos, y más ahora que estamos experimentando con viajes a La Habana además de que valoramos también que incluimos o no, según lo que les interese a las personas, pero el precio para venir a Cuba con nosotras está entre los dos mil y tres mil dólares. Los interesados pueden contactarnos a través de nuestros perfiles en Facebook (Maricel Lucero y Sara Bahrehmand) o formar parte de nuestro grupo en esta red social”, asegura Sara.

Cortesía de las entrevistadas

El programa de actividades, al traer a turistas a Santiago de Cuba incluye, entre otras, una fiesta final, que este 2017 la música estuvo a cargo del Septeto Típico Tivolí, un sonido emblemático de la urbe. En dependencia del nivel de los participantes en relación a los bailes cubanos, se organizan diferentes grupos, para ellos se contratan la cantidad de profesores y acompañantes necesarios. Las excursiones incluyen centros nocturnos de la ciudad, estatales y particulares, y viajes a sitios como El Cobre, el Morro o la Gran Piedra, sin embargo, los intereses de los turistas norteamericanos que hoy vienen incluyen la necesidad por conocer más de las religiones y del sincretismo, en especial de la santería, entre otros.

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“Lo más bonito del curso de baile es que trabajamos directamente con los cubanos”, acota Sara y añade que “tenemos los profesores y los acompañantes, que varían estos últimos según la cantidad de personas que vengan. Las clases son por la mañana, por la tarde hacemos excursiones y en la noche vamos a bailar. La idea nació de conversar con amigos que querían aprender los bailes cubanos y también conocer la cultura de este país. Le ofrecemos a los grupos venir una o dos semanas, la segunda incluye visitar a Baracoa, un lugar magnífico para descansar. Estamos valorando en el futuro ofrecer otras zonas como Trinidad y Viñales”.

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“Tenemos suerte de tener muchos amigos en Santiago de Cuba y entre ellos, algunos músicos que nos ayudan” añade Maricel y especifica que “hay cosas que podemos arreglar desde afuera, pero otras han sido gracias a nuestros amigos aquí. Ahora, a través de agencias, es mucho más fácil contratar el transporte, por ejemplo, años atrás era más difícil.

En Estados Unidos aprendemos la salsa al estilo puertorriqueño, aquí aprendemos la manera de bailar del cubano

“En Estados Unidos aprendemos la salsa al estilo puertorriqueño, aquí aprendemos la manera de bailar del cubano. Yo prefiero el estilo cubano porque me siento más alegre, se necesita sentir más la música dentro, el puertorriqueño es más de salón, con más vueltas. Los cubanos bailan más relajados y sienten con todo su cuerpo. En Estados Unidos se baila de forma más técnica y aquí es más expresivo. También aquí se mezcla todo: la rumba, el son… y eso es novedoso para nosotros. Aquí se baila con libertad, como se siente en ese momento la música”, comenta Sara.

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Santiago, para la música, es el mejor lugar de Cuba

“¿Por qué Santiago de Cuba? Yo tengo familia en La Habana, en Holguín… pero Santiago, para la música, es el mejor lugar de Cuba y más para lo que nosotras hacemos. Hay más música en vivo, es más fácil movernos en esta ciudad, y las personas son más amables. Nosotras nos sentimos muy felices bailando en Cuba, en Santiago, siempre es una gran fiesta”, sentencia Maricel.

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Este artículo es de hace 3 años

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.