Punta Alegre Foto © Flickriver

Cubanos se ayudan ante la llegada de Irma como si todos fueran una gran familia

Este artículo es de hace 3 años

Punta Alegre (Cuba), 8 sep (EFE).- "En tiempo de ciclones a mi casa es bienvenido el que lo necesite", asegura Anolan, una matriarca de la comunidad costera de Punta Alegre (Ciego de Ávila), pueblito de pescadores que en unas horas resistirá el embate del peligroso huracán Irma.

Con más de 50 años viviendo en esta comunidad del norte cubano, por donde se espera pase próximo el ojo de la tormenta, Anolan recuerda muy bien al huracán Kate (1985) que dejó sin techo la misma vivienda bajo la que ahora se resguardan una decena de personas, a escasos metros del agua.

En la isla caribeña, azotada frecuentemente por fenómenos meteorológicos, la hospitalidad se extiende en tiempo de huracanes, cuando miles de personas reciben a familiares y vecinos en sus casas, convertidas en refugios improvisados junto a los centros de evacuación estatales en los que ya han ingresado miles de personas.

"Ahora tengo techo de placa (cemento) y ya hemos recibido a varios vecinos desde ayer. Aquí puede venir todo el que quiera, para nosotros nadie es extraño. Ya tengo aquí un familión", dijo a Efe mientras señalaba a sus nietas y bisnietos desde el portal de su casa, "humilde, pero segura".

Curtida por "la cantidad de ciclones que han pasado por Cuba" y con una tranquilidad que muchos de sus vecinos no comparten, Anolan ya tiene preparados el café -que no puede faltar en un hogar cubano-, la comida, el agua y "alguna que otra bebida para hacer más pasajero el huracán".

A pesar de la calma, no se descansa en la pequeña comunidad costera, situada peligrosamente cerca del radio de acción de los vientos más fuertes del categoría 4 Irma, considerado el huracán más intenso formado en el Caribe en más de 80 años.

Los pobladores de Punta Alegre aseguran sus ventanas y puertas con maderas y las tejas de los techos con redes de pescar, una costumbre "que se usa desde hace muchos años, porque es lo que tenemos a mano, el instrumento de trabajo", explica Victor Carillo, un pescador de la zona, mientras asegura un amarre.

Carrillo dejará todo listo antes que comiencen los vientos más fuertes y cerrará su casa, en la misma línea de la costa, para trasladarse a casa de unos vecinos "donde es más seguro y está todo el mundo".

Cecilia, otra habitante de Punta Alegre, confiesa estar "preocupada porque es muy grande lo que viene, pero espera que la casa resista y que el agua no llegue a subir tanto".

Irma se desplaza hoy sobre la costa norte cubana hacia el oeste con una velocidad de traslación de 22 kilómetros por hora, con vientos máximos sostenidos de 250 km/h y rachas más fuertes que están dejando a su paso lluvias intensas y fuertes inundaciones costeras en las provincias orientales de Guantánamo, Holguín y Las Tunas.

El Instituto cubano de Meteorología estima que este mediodía el centro del huracán se situaba en 21.9 grados de latitud Norte y 75.3 grados de longitud Oeste, a unos 190 kilómetros al este-noreste de Nuevitas (Camagüey) y a unos 300 kilómetros al este-sureste de Cayo Coco (Ciego de Ávila).

En la ciudad de Morón, en el norte de Ciego de Ávila, las autoridades apuran preparativos ante la llegada de Irma y trasladan a zonas seguras a los últimos residentes de territorios con mayores probabilidades de inundarse ante el paso del meteoro.

Una escuela primaria en la localidad moronense de Turiguanó sirve de albergue a cientos de personas de comunidades cercanas, entre ellas la veinteañera Dayana Ricardo, madre de un bebé de 20 días junto al que "ha recibido todos los cuidados".

"Yo ya tengo experiencia. Soy de la zona oriental y cuando mi primera hija tenía cuatro meses también tuve que evacuarme. Es algo que no es cómodo, pero a lo que uno tiene que resignarse, porque lo primero es la seguridad", sostiene mientras señala al aula convertida en cuarto improvisado donde dormirá esta noche con su bebé, hija y esposo.

En las demás aulas se reúnen cuatro o cinco familias, por lazos sanguíneos o afinidades y aunque las condiciones son básicas, el "alimento y la atención médica está garantizada", comenta la directora de la escuela, María del Carmen Jiménez, que asegura que están preparados para recibir hasta 500 personas si es necesario.

A lo largo del circuito norte de las provincias de Ciego, la vecina Sancti Spiritus y Villa Clara, todas en "fase de Alarma", los habitantes de los pequeños pueblos suben sacos de arena a los techos y clausuran las ventanas y puertas.

Otros, como Damaris Jiménez, del caserío Coralia, tuestan café "para más tarde", porque "no se puede llegar a casa de quien te acoge en un huracán con las manos vacías", sonríe. 

Este artículo es de hace 3 años

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