El pueblo de Cojímar se recupera de los destrozos de Irma

Irma arrancó techos, portales, puertas y dejó escombros, pero no manos ociosas.

Foto © Cubadebate/IrenePérez

Este artículo es de hace 3 años

Cojímar (Cuba), 15 sep (EFE).- A los habitantes de Cojímar, el pueblo de pescadores tan querido por Ernest Hemingway, los sorprendieron olas de más siete metros y la fuerza de los vientos del huracán Irma, que definen como un "monstruo que parecía que iba a tragárselo todo".

Irma cambió la imagen de este rincón costero al este de La Habana que inspiró al Premio Nobel para escribir "El viejo y el mar" (1952) y donde el voraz ciclón arrancó techos, portales, puertas y dejó escombros, pero no manos ociosas.

"Yo llevo viviendo casi 40 años en Cojímar y nunca vi algo parecido. Esto fue duro, y lo que viene será también duro, pero no hay de otra, hay que poner cara brava porque lo importante es que quedamos", dijo a Efe Julio Fernández, a quien el ciclón casi le "parte la casita en dos".

Fernández contó que ya recuperaron la electricidad y el agua, y que ahora todo el mundo "ya se ha puesto a recuperar lo poco que tienen", porque muchos electrodomésticos como refrigeradores y televisores "se perdieron porque el mar los arrastró un par de cuadras" y los encontraron al día siguiente, inservibles.

Con el hogar de Manuel y Belkis el huracán se ensañó particularmente.

Ubicado en una antigua fábrica de caramelos, en la primera línea de costa, las olas "se tragaron la tapia y el portal" y "nada más dejó las dos puertas de la terraza, sin las paredes.

"Todo eso se fue y nada, aquí estoy, preparándome para la próxima", suspiró Manuel mientras movía los escombros traídos por el mar.

Desde estas costas de Cojímar con las que se ensañó Irma solía zarpar en su yate "Pilar" el autor de "Por quién doblan las campanas", quien pasaba largas temporadas en la residencia que tenía en la capital cubana, la finca "La Vigía", hoy convertida en museo.

Irma golpeó a la isla entre el viernes y el sábado pasados, y dejó tras su paso 10 muertos, afectaciones serias a la red eléctrica nacional y miles de viviendas derruidas total y parcialmente en varias provincias del país.

En La Habana inundó las zonas más bajas del litoral hasta 300 metros tierra adentro, y la costera Cojímar, a unos 7 kilómetros al este de la ciudad, no fue la excepción.

"Estoy arreglando el muelle que se desbarató. El barco mío estaba aquí y lo puso unos metros más para allá (...). Estoy resolviendo ahora, para después con calma hacerlo bien. Si no hago esto aunque sea, no lo puedo atracar", explica Javier, un pescador de la base "Ernest Hemingway".

La mayoría de las más de 180 embarcaciones privadas que fondean en el lugar sufrieron daños, "unos mayores, otros menores", porque el mar "entró y se llevó los barrotes de cemento, movió los barcos de donde estaban", narró por su parte Yuniesky.

"Esto fue criminal. Pocos ciclones han hecho lo que hizo este aquí", aseguró.

Aunque en Cojímar se restableció el servicio de agua, algunos todavía no tienen dónde almacenarla porque el mar contaminó las cisternas.

En las calles se vende comida y cerca de la costa, donde el destrozo fue mayor, se nota el ajetreo de gente, algunos con martillos, palas y azadas, otros cargando maderas y piedras con las manos.

Un poco más lejos de la línea del mar el panorama es diferente y solo los árboles caídos y apilados a la orilla del camino recuerdan el azote del huracán.

"Estamos vivos, que es lo importante", insistió Julio Fernández desde su mecedora. 

Este artículo es de hace 3 años

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