Foto © Boxing Scene

 “King Kong” vs. Deontay Wilder, un regreso a las pantallas en HD

Este artículo es de hace 3 años

Las buenas noticias prosiguen para el boxeo profesional cubano. A la confirmada pelea de Guillermo Rigondeaux versus Vasyl Lomachenko, el 9 de diciembre, se une ahora el combate del camagüeyano Luis Ortiz (27-0, 23 nocauts) ante el poderoso estadounidense Deontay Wilder (38-0, 37), vigente monarca mundial de los pesos pesados del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

Wilder, una máquina de pegar, y Ortiz, fichado unos meses atrás por Al Haymon, comenzaron a negociar desde hace un tiempo, sin embargo, tras todo estar claro en las mesas, restaba la fecha de un duelo que, a priori, saca chispas.

Ahora, con todo listo, las promotoras dieron a conocer que la pugna llegará el venidero 4 de noviembre en Brooklyn, Nueva York. Ello significa que el agramontino tendrá la oportunidad que tanto ha esperado. Es cierto, no llegó Joshua, tampoco Klitschko, pero sí un pugilista de armas tomar, temido, por demás.

“King Kong” intentará convertirse en el primer campeón súper pesado profesional nacido en la mayor de las Antillas, tras varios intentos fallidos, como ese del 2011 del habanero Odlanier Solís ante el gran Vitali Klitschko en una fugaz defensa mandatoria de este último.  

“A Ortiz se le prometieron grandes peleas y se está cumpliendo esa palabra'', comentó Luis De Cubas Jr. al periodista Jorge Ebro de El Nuevo Herald. "Creo que esta es la mejor pelea en la división máxima que el público quería ver'', añadió.

La última presentación del cubano tuvo lugar el 10 de diciembre del pasado año. Es decir, sumará once meses de inactividad cuando suene el campanazo inicial del encontronazo contra Wilder. Eso nos ratifica un criterio sobre su carrera, algo que una vez ya escribí: Ortiz es un hombre que a la velocidad de un chasquido de dedos ha pasado del ruido ensordecedor al silencio oportuno, de la penumbra a la claridad y del desasosiego a la quietud plena.

“King Kong” es además, uno de los boxeadores más temidos hoy día. Y eso lo saben Wilder y todos los integrantes de su equipo de trabajo. Será, entonces, un magnífico combate, en el cual ganará el que logre conectar el golpe más certero, ese que envíe a su rival a la lona y obligue a los médicos a sacar un frasco de cloroformo. Dudo que esa pelea llegue a las tarjetas; demasiada dinamita ambos poseen en sus muñecas.  

Este artículo es de hace 3 años

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