Srta Dayana Foto © shockmagazineplus.com

Srta. Dayana, ¿qué es lo que le duele a Arrebatados?

Este artículo es de hace 2 años

Es una verdadera lástima que la Srta. Dayana, cantante del género urbano, no haya leído el "Manual para artistas cubanos de cómo lidiar con la prensa en Miami" antes de presentarse en los estudios del Canal 41 de AméricaTV, específicamente en el programa de María Laria. El consejo número siete dice claramente: no vaya al programa Arrebatados.

La chica, cándida, juvenil, risueña y fresca, ya se había presentado anteriormente en esos estudios, si mal no recuerdo, en los programas El Happy Hour y TN3, presentados por Carlucho y Carlos Otero, respectivamente. Allí hizo lo que sabe hacer, o sea, cantar, y cuando la entrevistaron, le preguntaron sobre su música.

Esta vez, en cambio, la artista promocionó sus presentaciones en Miami a través de las cámaras de Arrebatados, pero quizá porque hace solo unos días llegó de Cuba, la producción del programa estimó que ella, una artista urbana, no un politólogo, no un sociólogo, era la candidata perfecta para disertar sobre la situación política y social en la Isla tras el paso del huracán Irma.

Justo ahí el trío de presentadores compuesto por María Laria, Midiala Rosales y Nelson Rubio se largó a perorar sobre el tema, acorralando a la Srta. Dayana, quien tragó en seco, intentó componerse, y al final terminó llorando. En un momento de lucidez, la joven se levantó y se largó del set. No seamos ingenuos. El 41 dista mucho de ser un canal de televisión con un mínimo de rigor. Apenas tres días antes el presentador Rick Sánchez perdió los estribos con el realizador audiovisual Ernesto Fundora simplemente porque Fundora no le dijo lo que él quería escuchar.

En este punto hago una salvedad. Lo sucedido con la "Srta. Dayana" debe mirarse al menos desde dos aristas. El punto de vista estrictamente profesional, siguiendo los patrones básicos de la ética periodística, pero también la dinámica cubensis, el miameo, el modo libre de comportarnos y expresarnos en esta sociedad, muy lejos de los días turbios en que la inmensa mayoría de nosotros tenía que pensárselo dos veces antes de expresar una opinión contraria o ligeramente opuesta al criterio político del gobierno cubano. La artista, ante las preguntas sobre Irma, bien pudo haber dicho que ha habido demoras en atender las quejas de la población tras el paso del huracán, o algo por el estilo. No una crítica frontal, pero sí un ejercicio de la opinión que la librase del entuerto, aunque nada asegura que ahí quedarían complacidos los "panelistas".

Decir cualquier otra cosa subida de tono sería, para muchos de estos artistas urbanos y también de otro géneros, buscarse un problema gordo en Cuba, y eso bien que lo sabe María Laria, y también Midiala Rosales y Nelson Rubio. Rosales vivió en Cuba hasta hace muy poco y nunca destacó por oponerse a nada, y el segundo resaltó, como periodista, nada menos que elaborando boletines informativos en alguna emisora radial. Imaginen ustedes qué tipo de noticias.

Ellos, que seguramente en muchos momentos gritaron ¡Viva Fidel! y aplaudieron alguna de las sandeces del castrismo, flotando en la marea y fingiendo como la mayoría de los emigrados hasta que les llegó el día de largarse, ahora quieren que los que viven en Cuba digan lo que ellos no se atrevieron a decir.

Hablo, por supuesto, de los que como yo (pionero en los años 80) cantaron la Marcha del Pueblo Combatiente, y gozamos y reímos con los huevos que los adultos les lanzaron “a la escoria”. Si entre los participantes en Arrebatados alguien tiene más culpa de lo que pasa en Cuba, no es precisamente Dayana, sino Nelson Rubio y Midiala, que son más mayores y apuntalaron con obediencia el estado de cosas que sus padres y abuelos les legaron. 

María Laria, por su parte, no es la good cop, sino la persona que apenas finge serlo; la gatica María Ramos, diríamos en Cuba. Que la Srta. Dayana no crea, ni por asomo, que María Laria estaba ajena a la encerrona. Su frase de “Por favor, quédate" me recordó aquel "Please, don´t go" que interpretaba KC & The Sunshine Band, pero menos sincero. Cualquiera que conozca las maneras del 41 y específicamente de Arrebatados sabe que la frase sonó como “Te jodimos, muchachita”. 

¿Iban a tener misericordia con ella? Eso no sucede en el 41. No ahí, donde le revisan a cada trabajador qué amigos tiene en Facebook, qué publicaciones les gustan, y qué comparten en las redes sociales o no.  

A la Srta. Dayana quisieron adentrarla, sin previo aviso, en un tema para el cual no estaba preparada. La supuesta libertad de expresión tiene también rigores y normas éticas que en Arrebatados, con métodos rastreros, incumplen o pasan por alto de manera frecuente. El método para alcanzar el diálogo dentro de este exilio fracturado no puede pasar por el atropello o por colocar la carrera profesional de una persona en riesgo, solo por salirte con la tuya.

Quiero destacar, a su vez, las palabras del periodista Carlos Armando Cabrera, quien trabajó algún tiempo en el canal 41 y específicamente en Arrebatados, y conoce perfectamente como funciona la producción del programa detrás de las cámaras. En post titulado “Aunque me brote la pasión del corazón...”, Cabrera dice:

"No importa dictadura, ni sistema político para hacer periodismo con profesionalidad y ética. Sin poner una verborrea archiconocida en bocas ajenas y sabiendo que libertad de expresión es primero que nada respetar el criterio ajeno y defender con argumentos contundentes tus propios criterios. No ser manipuladores, oportunistas o tratar de hacer leña del arbol caído para pasar por la historia sin haberla tenido y sin cosechar pasado, presente y futuro."

"Lamento el incidente ocurrido hoy en Arrebatados con Dayana Chávez Victoria, conocida en el medio artístico como la La Srta Dayana, esa camagüeyana que un día soñó estar en la cima y lo logró a base de esfuerzo pero sobre todo humildad; esa palabra de tanta esencia y que se necesita para ser alguien en la vida sin importar profesión, la misma que les falta a esos que hoy trataron de desacreditarla pero que ella aplastó con su silencio, ese que desacredita a los imbéciles y engalana a los que no se dejan provocar."

Concluye Cabrera de este modo: "Los principios básicos del periodismo son la verdad, precisión, independencia, humanidad, responsabilidad, equidad e imparcialidad".

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