Peter Bjarkman Foto © MLB

Peter Bjarkman: “El mejor béisbol cubano se jugó de 2000 a 2006”

Esta noticia es de hace 2 años

Peter Bjarkman es una de las voces más autorizadas de Estados Unidos para hablar sobre el béisbol cubano: no por gusto lleva ya 21 años investigando este fenómeno tan distintivo de la nacionalidad insular como la rumba y el tabaco.

Miembro relevante de la Society for American Baseball Research –hasta el punto de recibir en 2017 su más alta distinción, el premio Henry Chadwick-, el historiador de 76 abriles ha publicado varios libros infaltables en la biblioteca del fanático, entre ellos A History of Cuban Baseball, 1864-2006; y Cuba’s Baseball Defectors.

Se trata (parafraseando a Mark Twain) de un yanqui de Connecticut en la corte de nuestro béisbol. Bjarkman ha viajado junto al equipo de las cuatro letras a torneos interpuertos en Haarlem y Rotterdam, ha estado en los cuatro Clásicos Mundiales, y aun siguió de cerca la aventura olímpica criolla en los diamantes desde Atlanta 1996 hasta Beijing 2008...

De tanto ir y venir, por el camino se ha granjeado la amistad y/o el respeto de numerosos peloteros, managers y algunos directivos entre los que menciona a Yosvani Aragón y el ex comisionado Carlos Rodríguez, así como el doctor Antonio Castro. “Aunque otros han querido ver en mí a un sujeto interesado en adquirir talentos”, comenta sonriente.

Aficionado número uno a Frederich Cepeda, este hombre –uno de los pocos especialistas que se atrevió a vaticinar el avance de Cuba hasta la final del primer CMB- no tiene reparos en sostener que la época dorada de la pelota nacional hay que ubicarla en la primera década de la actual centuria.

-A menudo he tenido debates con amigos que me hablan de los grandes equipos de finales del siglo XX y mencionan a Linares, Kindelán y otros. Yo tuve la oportunidad de verlos en las postrimerías de sus carreras y creo que eran grandes peloteros, pero jugaban con bates de aluminio contra equipos universitarios. Por eso para mí el gran momento llega en la primera década de este siglo. Es el punto más alto del béisbol cubano, y ahí está el Clásico de 2006 para probarlo. Por supuesto, tampoco dejo de notar que el mejor conjunto que se ha formado acá fue el del CMB 2013, que estaba repleto de jugadores que luego pasarían a las Ligas Mayores. Yo no estaba acá en los años setenta, ochenta y noventa, pero como historiador pienso que este último período es superior por las condiciones más exigentes a las que se ha enfrentado.

¿Cómo es que un estadounidense puede aficionarse tanto a un béisbol inferior al que tiene en su país?

-Yo siempre tuve interés en América Latina, y de alguna manera me había ido desencantando del béisbol en mi país a partir de la huelga de jugadores en 1994. Entonces en 1996, un amigo fotógrafo y escritor, Mark Rucker, me pidió que viniera con él a Cuba para que lo ayudara con el idioma en un proyecto que él tenía, y después de eso fueron los Juegos Olímpicos de Atlanta y terminé apasionado por la pelota cubana. Acá se juega distinto, hay un ambiente en las tribunas que supera la frialdad del juego en Estados Unidos. Para mí el béisbol cubano es una pasión. Tengo críticas que hacerle, pero siento amor por él.

¿Cómo valora la pelota cubana de hoy?

-Todo ha bajado mucho en los años más recientes, sobre todo porque los grandes se han ido a jugar fuera de Cuba, y los que aún permanecen ya son muy veteranos, como el caso de Cepeda. Cuando yo me vinculé con este béisbol siempre dije que era de categoría AA -que en cierto sentido es mejor que AAA porque agrupa a la mayoría de los talentos jóvenes- con un equipo nacional de Grandes Ligas. Hace unos siete u ocho años el nivel había descendido, pero verdaderamente ahora ya es un desastre.

¿Cuáles son las causas principales de ese desastre?

-El desastre tiene su principal origen en la salida de un montón de buenos jugadores, y también de otros muchos que no tenían futuro pero se fueron a intentar abrirse paso y por desgracia terminaron lavando platos. Por eso el campeonato de ahora está lleno de jugadores de 17-18 años sin experiencia alguna. Si a eso le sumamos otros factores internos como el mal estado de los terrenos, pues es fácil entender lo que está sucediendo.

¿Hicieron bien los jugadores que emigraron, o puede eso ser considerado como una traición?

-Yo pienso que los cubanos no solamente emigran en busca de dinero, sino también porque quieren probarse en el mejor béisbol que existe. A partir de que los profesionales entraron en escena en Winnipeg’99, ellos se percataron de que tenían calidad para compararse a aquellos hombres y de que podían desempeñarse en las mismas ligas. Lastimosamente, su salida afectó el espectáculo nacional y les quitó muchos alicientes a los aficionados.

¿Tiene en mente alguna solución para esta problemática?

-En mi libro Cuba’s Baseball Defectors propuse el establecimiento de un sistema similar al que existe en Japón, que partiría de un acuerdo bastante complicado con las Grandes Ligas para que los jugadores de acá firmaran un contrato en el que aceptaran competir aquí cinco o seis años. Después se convertirían en agentes libres y podrían negociar con la MLB.

¿Ha pensado que, de seguir las cosas como van en la Serie Nacional, su trabajo investigativo se va a quedar sin la materia prima fundamental?

-Exacto. En ese caso tendría que aferrarme a cosas históricas, al pasado. Realmente no es atractivo ocuparse de lo que existe hoy.

¿Cree que las autoridades beisboleras y deportivas del país están aptas para darle un vuelco a la manera de encaminar la pelota en Cuba?

-No lo creo. Me parece que no tienen mentalidad de cambio, y que en vez de eso piensan de la misma forma que antes. Y ya no son los años sesenta. No creo que estén listos para aceptar la idea de una pelota de negocios.

¿Es partidario de la idea del llamado Equipo Unificado?

-Mucha gente pide eso y sinceramente no creo que sea buena idea. Si eso pasa nadie va a querer quedarse aquí pues ni siquiera va a tener la posibilidad de defender la bandera. Por otra parte, aunque Cuba se apareciera con un Equipo Unificado, sería un grupo con mucho potencial ofensivo y sin pitcheo.

¿Podrá el béisbol cubano lograr su boleto a las Olimpiadas de Tokyo?

-Antes, Cuba era una presencia segura dondequiera. Pero ahora, con ese equipo tan debilitado sobre todo en el área de pitcheo, no estoy muy convencido de que sea una posibilidad grande. Yo no apostaría 100 CUC a eso. Pero una cosa está clara: si el país no clasifica, ese quizás será el momento en que se producirá el cambio de mentalidades. Habría una revolución interna que cambiaría desde nombres hasta filosofías. En ese sentido, quedarse fuera de la Olimpiada podría resultar positivo para Cuba.

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Michel Contreras

Periodista de CiberCuba, especializado en béisbol, fútbol y ajedrez.

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