Yuriorkis Gamboa Foto © Boxing Scene

Los padrinos de Yuriorkis Gamboa le quitan la sal de encima

Este artículo es de hace 3 años

La vida le está sonriendo a Yuriorkis Gamboa (27-2, 17 nocauts). No hay dudas. Entrena, pelea y pierde; entrena, pelea y vence luciendo como el novato que no es, y aun así, el azar se pone de su parte. Si antes estuvo en el ostracismo, cuando todavía era considerado el “Ciclón de Guantánamo”, ahora es el boxeador que cerrará el 2017 con cuatro peleas en su nómina y 35 años de edad.

“Quien tiene padrino, se bautiza”, bien se sabe. Las influencias de Óscar de la Hoya y el poder de Golden Boy Promotions han logrado colocar en la escena reiteradamente al ex campeón unificado de peso pluma, muy a pesar de sus discretas presentaciones.

Gamboa regresará al ensogado el próximo 25 de noviembre ante un rival en extremo peligroso, el estadounidense Jason “El Canito” Sosa (20-2-4, 15), como parte de la megacartelera Sergey Kovalev y Vyacheslav Shabrans, en The Theater at Madison Square Garden.

El espacio ubicado en el majestuoso Madison Square Garden cobijará a tres fajadores cubanos en apenas dos semanas. Además de Yuriorkis, ese 25 de noviembre subirá al ring Sullivan Barrera contra el portentoso Vyacheslav Shabranskyy, mientras que catorce días después llegará el publicitado duelo entre Guillermo Rigondeaux y Vasyl Lomachenko, el 9 de diciembre.

Gamboa accedió a esta velada tras una lesión que sufrió el mexicano Robinson Castellanos, el hombre señalado para reñir ante Sosa. Después de conocer la situación, el team del antillano se movió más rápido que Usain Bolt y lo incluyó en el programa. La pelea está pactada a 10 asaltos en peso superpluma.

“Robin Hood” Castellanos, que venció a “El Ciclón” en mayo último, por nocaut técnico en el séptimo episodio, en el Grand Garden Arena del MGM, perdió así una oportunidad de oro en su afán de continuar subiendo escalones para contender por una faja mundial.

Yuriorkis, por su parte, nuevamente está obligado a vencer y, de paso, convencer. Ha dicho que anhela retornar a sus mejores tiempos, obtener un título de orbe y demostrar que posee lo suficiente para revivir glorias pasadas. Ante sí tiene otro duelo de “vida o muerte”, uno que puede sellar, o alargar su exitosa carrera.

Sosa, en tanto, ambiciona desterrar de los cuadriláteros al rey olímpico de los 51 kilogramos en Atenas 2004, al fajador intenso que maniató a Orlando “Siri” Salido, a Jorge Solís, a Daniel Ponce De León y que no se amilanó ante el excelso Terence Crawford. Y Sosa tiene calidad, no será para nada un manjar. Sosa, diría más, es el favorito. 

Este artículo es de hace 3 años

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