Los vendedores de turnos sacan tajada de las colas en Cuba

Se ganan la vida haciendo colas, marcando y (des)organizando las colas.

Vendedores de turnos en las colas en Cuba Foto © CiberCuba

Este artículo es de hace 3 años

La escena es bastante habitual en diversos puntos de la geografía cubana, donde hacer largas colas es casi consustancial a cualquier trámite que se realice.

Al malestar que genera perder tantas horas esperando simplemente para ser atendido -no ya para solucionar el problema o recibir el servicio pues esto suele tardar un poco más-, se une la incomodidad que provocan los (re)vendedores de turnos.

Esto es precisamente lo que he la ocurrido a una holguinera, cuyo testimonio ha recogido el periódico Ahora.

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Su historia es la de una ciudadana más que necesitaba cambiar la dirección de su domicilio y que relata las artimañas de estos sujetos, a la par que denuncia la silenciosa connivencia de los funcionarios, que argumentan no poder organizar la cola pero tampoco participan de la búsqueda de soluciones.

"Gente como ÉL [vendedor de turnos] se gana la vida haciendo cola, marcando y vendiendo turnos, lo mismo para una venta de carne en el agromercado que frente a una notaría. Las tarifas oscilan entre 25, 30 ó 50 pesos, según el lugar en la fila o el día", se asegura en el artículo.

La vivencia de esta cubana, sin embargo, dista mucho de ser infrecuente. Da igual cuánto se madrugue, cuán temprano se llegue al lugar: siempre hay un colero que se las ha agenciado para hacerse con los primeros números de la cola, para luego venderlos a quienes o disponen de recursos o están tan urgidos y deseseperados como para no poder entrar en la demorada dinámica que implica hacer cualquier trámite en Cuba, sea éste en una embajada, una tienda o una oficina estatal.

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Su existencia se cobija bajo el paraguas de la ineficiencia estatal, la burocracia, la corrupción, los tratos de favores y, por supuesto, las necesidades de quienes no tienen más remedio, en ocasiones, que recurrir a ellos.

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La conocida figura del vendedor de turno o colero, sin embargo, campa a su anchas por cuanta fila de personas esperando para un servicio o trámite haya.

Mientras, muchos cubanos, como la señora de esta crónica, se siguen preguntando "¿por qué no se buscan alternativas para que las personas puedan realizar sus diligencias sin pagar de más por ello?".

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Marlén González

(La Habana, 1978) Lic. en Filología hispánica y Máster en Lexicografía. Ha sido profesora en la Universidad de La Habana e investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela.