Gamboa Foto © Boxing Scene

Gamboa tiene la espalda contra la pared, afirma alto directivo de Golden Boy Promotions

Este artículo es de hace 3 años

El próximo sábado 25 de noviembre será decisivo para la carrera del cubano Yuriorkis Gamboa (27-2, 17 nocauts). No hay dudas de que Golden Boy Promotions le ha apoyado con todo durante este 2017, ayuda que el guantanamero no ha retribuido positivamente.  

Después de varios años sumido en la desgracia boxística, que no es más que entrenar y entrenar sin concretar combates oficiales, “El Ciclón” volvió a ver la luz al final del túnel tras firmar con Golden Boy y sentir el abrazo del todopoderoso Óscar de la Hoya.

Nótese que del 2012 al 2016, apenas batalló en cinco ocasiones, incluyendo aquella pelea en 135 libras ante el estelar Terence Crawford, que supuso su primera derrota (KO, por demás) como profesional. Sin embargo, desde marzo pasado (ya contando con su venidera presentación), el titular olímpico de Atenas 2004 suma cuatro duelos.

Gamboa regresará contra el estadounidense Jason “El Canito” Sosa (20-2-4, 15), como parte de la megacartelera Sergey Kovalev y Vyacheslav Shabrans, en The Theater at Madison Square Garden. La velada será transmitida por HBO, lo que supone un plus para cada uno de los contendientes en materia de promoción.

Gamboa sabe que dentro de dos semanas tendrá un desafío de todo o nada; sin términos medios. Por enésima vez estárá obligado a vencer y, de paso, convencer. Él ha manifestado que anhela retornar a sus mejores tiempos, obtener un título de orbe y demostrar que posee lo suficiente para revivir glorias pasadas. Pero de palabras y sueños no vive el hombre y la paciencia se está acabando en Golden Boy.

Cada historia de oportunidades tiene su fin, y tal vez el libreto de Gamboa ande por su epílogo. Si el cubano quiere añadir nuevos capítulos, o incluso sumarle al guion  una nueva temporada, deberá andar fino en su próxima presentación ante un rival que tiene las uñas afiladas. A los 35 años de edad, en materia de boxeo, nada es color de rosa, y si no luces quedas a expensas de desaparecer a la velocidad de un chasquido de dedos.

Sin la velocidad de antaño, el antillano deberá recurrir a su experiencia, a la potencia de su golpeo, a las combinaciones, y en algún punto, a su condición física. Aunque resulte imposible, el cubano debe intentar imitar a aquel pugilista que venció a Orlando “Siri” Salido, a Jorge Solís, a Daniel Ponce De León y que no se amilanó durante varios rounds ante el excelso Crawford.

Sin tapujos, Eric Gómez, presidente de Golden Boy, expresó a El Nuevo Herald que esta probablemente deba ser su última posibilidad para demostrar que le queda gasolina en el tanque. “Tiene la espalda contra la pared”, dijo.

Y me quedo con otra frase del señor Gómez: “Para obtener futuras bolsas o ser considerado para futuras peleas de título, va a tener que ganar esta''.

Para colmo, su rival no será ningún manjar. Se trata de un exponente que en algún momento tuvo en su casa una faja mundial de las 130 libras, misma que entregó tras caer estrepitosamente, en abril de este año, ante el ucraniano Vasyl Lomachenko, referente de la división.

Sosa, por su parte, también está obligado a boxear fino. Su futuro igual pende de un hilo. Y esto nos hace más atractiva una pelea pactada a “muerte” en la que solo uno de los dos protagonistas se mantendrá con “vida” en este negocio llamado boxeo.

Este artículo es de hace 3 años

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