Guanabo. Foto © Flickr Commons.

Un turista nostálgico de las jineteras: "No he vuelto más a Cuba ni pienso volver"

Este artículo es de hace 2 años

En los noventa era una de las caras más conocidas de Guanabo. A sus espaldas le llamaban 'el indomable hombre de las nieves". Empezó a ir a Cuba en los años 80 y continuó viajando a la Isla 20 navidades seguidas. Siempre rodeado de mujeres y de los mismos amigos, con los que jugaba al tenis en las pistas del hotel Marazul. Su vida marchaba sobre ruedas, hasta que tuvo un bache laboral y pasó varios años sin poder volver a La Habana. Lo hizo en 2007. La Cuba que se encontró lo decepcionó. "No he vuelto más ni pienso volver. No quiero enturbiar unas vivencias, unas experiencias únicas, los recuerdos inolvidables que guardo", cuenta a CiberCuba. Ésta es la historia de Pepe, El Temba.

¿Qué había cambiado tanto en La Habana como para encontrarla distinta a la de los años 90? No se anda con rodeos y explica que en los noventa había mujeres que hacían lo mismo que las alemanas que quedaron viudas al finalizar la II Guerra Mundial, que necesitaban dar de comer a sus hijos y se acercaban a los bares frecuentados por los soldados y oficiales del Ejército aliado. Muchas, la mayoría, consiguieron casarse. En opinión de Pepe, El Temba, es lo mismo que ocurría en Cuba en pleno período especial. Las chicas buscaban desesperadamente un novio con el que largarse de la Isla para dejar de pasar hambre. La única diferencia es que a las cubanas las bautizaron como 'jineteras' y las alemanas conservaron el gentilicio.

En cambio en la Cuba que visitó en 2007 no encontró muchachas a las que invitar a cenar y a bailar, sino señoras que le vendían en la playa "sexo con niñas". Las mujeres que iban por libre no querían pasar un rato con él, conversando de nada: querían hacer caja. Y él asegura que no pasa hambre en Europa como para pagar 100 dólares a una prostituta.

Pepe El Temba dice que él nunca metió la pata en Cuba aunque reconoce que se llevó a Frankfurt a una muchacha a la que le puso una carta de invitación "porque estaba buena". "No me podían engañar, yo no perdí nunca la cabeza, pero mucha gente sí. Yo en aquellos tiempos tenía en Alemania la mesa bien puesta, comía bien. Nadie se lo creía y yo no quería tampoco convencer a nadie porque sé que eso es imposible. Bien comido iba a Cuba a picotear, pinchar aquí y allá del exquisito bufet que ofrece Cuba".

Pero sí conoce a hombres que viajaron como turistas en los 90 y que hoy no pueden oír hablar de la Isla. "Un vecino mío, gay, fue a Cuba, se gastó 5.000 dólares en un nidito de amor y cuando se acabó el amor, también se acabó el nidito. Un sobrecargo de Iberia compró dos casas en la Villa Panamericana, una para su novia y otra para la madre de ésta, porque no quería que el familión se le colara en su apartamento. En total gastó 20.000 dólares en cada uno. Se terminó el amor y los apartamentos, al carajo. También conocí a un hombre con experiencia con las mujeres, matrimonios... Tenía carro en Cuba, pero se enamoró y compró una villa de lujo por 60.000 dólares. Cuando se acabó el amor, la suegra le dijo: "Te dejo meter el carro en mi garaje".

Han pasado muchos años y a Pepe El Temba le gusta recordar los años en los que le deba un dólar al camarero para que le dijera a una bailarina que le gustaba que la invitaba después del trabajo. "Si no venía esa, venía otra", dispara.

Pepe El Temba asegura que él nunca fue por ahí dándoselas de seductor, como hacían otros "que presumían de una mujer que ni por edad ni belleza les correspondía. Yo no hice eso jamás y pasaba más tiempo con amigos tomando ron que con mujeres. Siempre tuve presente que yo no era la pareja, el amigo de ninguna, solamente un amigo, para resolver sus problemas. Alguna me dijo: si no vivieras en Alemania me iba contigo, y yo pensaba, chiquilla si no te lo he ofrecido".

Tras veinte viajes a Cuba, él era lo que allí se conoce como "un camaján" y cuenta sus batallitas. "Uno de los engaños frecuentes era que como (las cubanas) no podían coordinar las visitas se les cruzaban los novios extranjeros. Las llamabas cuando llegabas a Cuba y te decía su familia, siempre, que la muchacha estaba en una ciudad a más de 500 kilómetros atendiendo a su tía enferma".

Pero que no lo engañaran no significa que no le sacaran dinero. "Uno era siempre la vaca a ordeñar. Un truco recurrente que todas repetían era el del cumpleaños de su mamá. Me decían: 'Tengo que comprarle un regalo'. Yo nunca lo discutí. Les decía, aquí tienes 10 dólares para comprarle lo que quieras. Punto. También estaba el cuento de que necesito unos tenis, que estos me los ha prestado una amiga. Lo mismo. Ninguna discusión. Tienes tantos dólares para eso. Sí que conocí algún turista que a la mitad de sus vacaciones estaban desvalijados. Era gente con la que yo no tuve ninguna relación y no te puedo dar detalles. Pero también le pasó a gente experimentada, repetidores que conocían bien Cuba y sufrieron las mayores estafas".

A la pregunta de cómo se pueden evitar esas estafas, Pepe El Temba es contundente. "Reprogramando al ser humano. Va allí un público que en gran parte no tiene experiencia en relaciones humanas fuera del círculo de amigos y familia. Muchos de ellos no se han comido una rosca. No han tenido jamás una relación con una mujer, pero también gente con experiencia que son desbordados por la exuberancia, la opulencia voluptuosa de la isla caribeña. Pierden la orientación, la cabeza, son superados por una experiencia que los desborda y no es posible ningún auxilio. Yo nunca di consejos a nadie y vi situaciones que me dije: que dios coja confesado al muchacho, pero son experiencias que pueden hacer daño, pero que no dejan muertos, más pobres de efectivo, pero más ricos en experiencia. Yo no vuelvo a Cuba. Todas las lecciones tienen su precio".

Este artículo es de hace 2 años

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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