La doble moral y la mentira

Es imprescindible que en el país surja un gobierno que no mienta, oculte y niegue

LaDemajagua
Cubanos reunidos en Granma. Foto © LaDemajagua

Este artículo es de hace 4 años

Desde inicios del año 1959, el pueblo cubano ha vivido envuelto en la mentira y la simulación. Decir lo que el régimen quiere escuchar se convirtió en lo cotidiano, en nuestra "verdad". La complacencia ante el poder es una pesada cruz y un estigma que hemos arrastrado por más de medio siglo.

Pero el "pecado original" no partió del pueblo. Lo cometió Fidel cuando desde el momento en que tomó en sus manos la dirección del país negó rotundamente ser comunista. De ahí en adelante sus discursos y aseveraciones en muchos aspectos negaban la realidad del país

En marzo de 1959 Fidel se reunió con el Comité Conjunto de Instituciones Cívicas Cubanas que, por cierto, desintegró meses después y allí manifestó: "Nos casaron con la mentira y nos han obligado a vivir con ella en vergonzoso contubernio. Nos acostumbramos a la mentira. Nos parece como que el mundo se hunde cuando una verdad se dice. ¡Como si no valiera más la pena que el mundo se hundiera, antes que vivir en la mentira!"

Frase profética, con incuestionable y permanente  vigencia. El pueblo cubano, como nunca, se ha acostumbrado a vivir y a cohabitar en maridaje perpetuo con la mentira. La doble moral es usanza socialista. No importa lo que seas. Lo esencial es lo que aparentas, la imagen que refractas.

Mentira máxima fue el hacer creer al pueblo que se desarrollaría el país a planos nunca imaginados. Fidel llegó a decir que tendríamos un nivel de vida superior al de los Estados Unidos. Flagrante mentira fue el decir que la revolución eliminó la prostitución, sencillamente cerró los prostíbulos. Y ésta se fue de plano a las calles y hoy es el pan del día de muchas familias.

Engañó al plantear que en los altos niveles de dirección no existía la corrupción: lo que se hizo fue enmascararla y atribuirse, ellos mismos, bajo el manto de la legalidad, los bienes que poseen. Tampoco fueron eliminadas las clases sociales. Estas se pulieron. Ahora hay una casta superior formada por los máximos dirigentes del país y su descendencia.

Mentira por tanto es pretender que nos creamos que no habían luchado por prebendas ni privilegios. Siempre han estado por encima del pueblo al que juraron servir.

Farsa fue el  anunciar que se había eliminado el racismo y la marginación. Lo primero fue negado y lo segundo se diseminó. El errático hacer del gobierno para colmo de males nos ha legado la xenofobia regional. Mentira también enunciar que la violencia disminuiría en la medida en que las personas tuvieran trabajo y más nivel escolar. La violencia hoy está más activa que nunca en nuestra sociedad y no sólo por actos punibles, sino también en nuestro cotidiano actuar. Somos menos educados, caballerosos y gentiles.

Mentira que se eliminaría la represión y se respetarían los derechos ciudadanos. Se golpea, veja, destierra, secuestra,  amenaza y prohíbe. Los órganos de la Seguridad del régimen de conjunto con la Policía Nacional, impunemente, y bajo el amparo de la Fiscalía General de la República, son los mayores violadores de nuestra Constitución.

Falsa su afirmación, hecha durante el juicio por el asalto al Moncada, de que respetaría la Constitución de 1940. Mentira también que realizaría elecciones libres en poco tiempo.

El régimen, y en especial Fidel, engañaron al pueblo e hicieron que éste convirtiera la mentira en un enajenante "modo de vida cubano".

Es por tanto imprescindible que en el país surja un gobierno que no mienta, oculte y niegue. Que nos dé pleno bienestar económico y social. Que nos brinde garantías constitucionales y el verdadero derecho a elegir. Y traiga al fin la paz que tanto necesitamos para poder llevar adelante proyectos serios y racionales.                     

 

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