Sanas respuestas a un airado comentarista

¿Sabe usted cómo se vestían los cubanos en el Período Especial?

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Un anciano cubano. Foto © CiberCuba

Este artículo es de hace 4 años

En uno de los artículos sobre la Cuba contemporánea, que analiza el tema Elián, se vierte un comentario que amerita respuesta. El señor agita las pasiones de su razón indiscutible y se apoya en una vieja rima de la etapa republicana, la cual versa sobre personas que se vestían con la tela de los sacos de harina. Él cree que la situación de hoy en la Isla es mucho mejor y vierte un conjunto de justificaciones. Vayamos por partes. Sin pensar demasiado en el precio actual de una pieza completa de ropas y zapatos en el mercado estatal por divisas, o en la no menos cara bolsa negra; ¿sabe usted, señor, con qué se vestían los cubanos en el Período Especial, ese momento del que sin dudas huyeron los balseros entre ellos la propia madre de Elián?

Dejemos que él mismo responda, porque además hace alusión a la miseria material y la desigualdad rampantes de la República, lo cual resulta válido y cierto. Pero interroguemos ¿cómo vive hoy nuestra vejez jubilada con 9 dólares y precios de la canasta básica mucho más caros que en 1959? Usted, señor comentarista, deberá reconocer que la situación económica actual de la Isla genera fenómenos iguales o peores en materia de miseria adquisitiva a muchos de los vistos antes de 1959. Al cubano se le obliga a delinquir para comer, porque la magra libreta de racionamiento es una burla de la que hasta Pánfilo en la TV hace chanzas interminables, esto bajo la anuencia del aparato que sabemos que vigila y censura los medios audiovisuales. Usted deberá reconocer el total fracaso de la promesa de su saliente mandatario, cuando dijo eso de garantizarle un vaso de leche a cada cubano. Y si no tienen la valentía de asumir esos errores políticos como propios, incurren en el avestrucismo. Evaden la vergüenza en cualquier agujero de la historia. Sesenta años es mucho tiempo para llevar adelante un programa de gobierno, más aún cuando se cuenta con la divisa inacabable de la segunda potencia mayor del mundo, que soportó durante 40 años las aventuras de la camarilla.

Ese bloqueo, que usted opone a toda crítica a la gestión de sus defendidos, es una práctica que daña al pueblo, de la cual beben los forajidos que ustedes mismos forman y corrompen y a quienes le dan patente de corso para lo que sea. Esconderse detrás de las faldas del embargo es abusar de la capacidad de resistencia del pueblo, que es el verdadero héroe de esa revolución que los mentideros echaron abajo. Vayan a la hombría de la historia, vístanse del traje miserable y virtuoso del obrero, no usen más al caído sólo para agitarlo durante una tarde en una tribuna cualquiera. Si prometen, si prometieron, deben cumplir, no justificarse como frágiles damiselas de la política.

Este señor se posesiona de una seudoverdad cuando entra en el tema de las avanzadas socialdemocracias escandinavas, como el caso noruego. Se debe, dice él, al negocio del petróleo que se implementó a partir de la Segunda Guerra Mundial. Aquí hay dos cosas, el preciado mineral era ya causa de conflictos y fuente de riqueza para las naciones antes de 1939, de hecho Japón construye su espacio vital en Asia a partir de la conquista de aquellos terrenos que pudieran suplirlo de petróleo. Alemania se lanzó a la conquista del norte de África y envió allí a su mejor general, Erwin Rommel, para posesionarse de los yacimientos del oro negro y cortarle el yugo al suministro de combustibles a Inglaterra. Si Noruega, que ya tenía petróleo antes de 1939, usó el mineral a partir de 1945 y hoy es una avanzadilla socialdemócrata, ello se debe a una política económica coherente y pensada en común, sin fracciones ni mentiras. No hay un exilio noruego al que se le tilde de gusano, por mencionar algo.

Al final, violando toda academia, este comentarista predice lo que fuera Cuba si tuviera el petróleo de Noruega. Aquí se cae en algo que le vale a usted un cero en cualquier examen de historia: no se puede decir “qué hubiera pasado si…”, porque las variantes de la realidad son impredecibles, sólo puede una respuesta certera al moverse en el campo de lo probable, el de los hechos. ¿Qué hubiera pasado con esa satanizada República si José Martí hubiese ocupado el cargo de la presidencia en 1902? Todo eso, señor, pudiera ser buena o mala literatura de ficción, pero no sirve para debatir política actual.

Por último, una recomendación, nos movemos en el campo del “se dice”, donde este y aquel opinan y no pasa nada con los errores  porque se trata del ejercicio de un derecho. Pero para salirse de ese universo laberíntico y posmoderno de la habladuría, bien vale venir con argumentos y no echar una décima del año de Ñañáseré, cuyos episodios no supimos en su momento solucionar y que trajeron otros males que hoy ni queremos reconocer ni eliminarlos.

Sí cabe, no obstante comparar situaciones, más aún cuando el punto de partida es similar o expresa una naturaleza económica concreta, como que Cuba era en 1959 una economía mucho más potente que muchas europeas, además de un receptor de emigrantes que venían en búsqueda de trabajo y oportunidades. Que eso hoy, luego de 40 años de manutención de una superpotencia, no sea así, no es culpa del pueblo, quien siempre creyó en las promesas y fue el primero en el yugo del trabajo y la vía dolorosa del sacrificio.  

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